Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Danza y Literatura

"En tres años me veo con mi propio programa de televisión"

"En el libro, como en mis clases, intento transmitir valores para formar personas al tiempo que bailarines", afirma Enrique Guijarro

El bailarín, escritor y docente grancanario Quique Guijarro se suspende en el aire con un salto con la playa de Las Canteras y la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria de fondo.

El bailarín, escritor y docente grancanario Quique Guijarro se suspende en el aire con un salto con la playa de Las Canteras y la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria de fondo. ANDRÉS CRUZ

Papá, quiero ser bailarín. ¿Se vio usted en esta conversación?

Sí, pero en mi caso fue, "Abuelo, quiero ser bailarín". Me cogió con 19 años recién cumplidos y pedí consejo a mi difunto abuelo, Pepe. Él me dijo que esta profesión eran seis meses de pan y seis de hambre. Pero también me dijo que yo era valiente y echado para adelante. Así que me ayudó a tomar una decisión a partir de la cual todo cambió. Desde entonces, todo en mi vida ha tenido que ver de alguna manera con el baile.

¿Cuál diría que es el tema central del libro?

No es tanto la vida del bailarín, sino todo lo que rodea al niño en el momento en que toma esa decisión fundamental. Parto de lo cotidiano en las circunstancias que rodean a cualquier persona que toma una decisión trascendental. El personaje de la novela se llama Darío y el mensaje que pretendo hacer llegar es que hay que valorar las cosas y las personas que tenemos alrededor antes de que sea demasiado tarde. Manuel del docente paciente, mi anterior libro, es más pedagógico al exponer mi método de enseñanza. Este es más un libro de autoayuda o de pensamiento positivo. Además, abordo una cosa que me parece importante para lograr avanzar y tener éxito, que es la sugestión de los entornos que nos rodean para poder estar tranquilos y controlar la situación.

¿De dónde parte esta preocupación?

Parte de la manera de afrontar mis clases y las carencias que he visto en ellas. Intento transmitir una serie de valores para construir personas al mismo tiempo que bailarines. Son valores básico pero que de alguna manera se han perdido en la juventud y que a mi me han ayudado mucho en la vida.

¿Le llegan muy asalvajados?

Bastante. Hay gente muy creativa, impulsiva y proactiva. Pero también hay gente que sencillamente no puede evitarlo. No tienen filtros, como los puedo tener yo. Y mi manera de trabajar con ellos se basa en reconducir toda esa energía y focalizarla para marcarle unas pautas y que sepa que hay momento para comportarse de una manera y momentos para lo contrario. En ningún momento intento cambiar a la persona, sino ayudarle con valores y lógica, porque no puede ser que a una niña de 14 años le de vergüenza bailar en entorno seguro como una clase y no lo tenga para hacerse un selfie en ropa interior y lo cuelgue por ahí. Eso está muy mal colocado en la cabeza. Por eso intento analizar las situaciones que atañen a cada uno y reconducirles.

Entonces, ¿el libro es también aplicable para al lector que no está interesado en el baile?

Sí, es aplicable a la vida. Hay muchos ejemplos básicos y tontos, sobre la sugestión, la manera de comportarse y de ser positivo. Son cosas básicas pero que te ayudan, te facilitan cosas y te abren puertas. Una simple broma implica que la otra persona se sienta cómoda cuando está con nosotros. Sugestionar el entorno es útil para que haya una situación de comodidad. Esto es importante en momentos invasivos o cuando te sientes increpado. Al final, no es tan difícil ser majo y si te comportas de una manera agresiva, borde o descortés es porque no estás bien o tienes algún problema emocional que arrastras. Entonces, intento aportar un momento de nirvana para conectar con el botón de reset. Yo di un curso de paralingüística de coaching a los técnicos de Schwarzkopf y les regalé un botón a cada uno. Lo debían llevar en el bolsillo durante varios meses y les proyecté imágenes de paracaidistas, cascadas y demás para que lo recordaran en el momento en que estén mal, se tomaran diez segundos y volvieran a lo positivo. Es lo que intento con el libro y con mis clases. Porque sé, como todo el mundo, lo que es pasarlo mal, sentirte frustrado o apartado.

¿Qué parte de esto viene de su propia experiencia o del ensayo y error?

Todo. Yo he metido mucho la pata. Yo quiero transmitir lo malo que he vivido para que otros no tengan que pasar por ahí. Al menos, lo advierto desde un enfoque empático. Esa empatía, provoca tranquilidad. Yo creo en el buen rollo, pero no el cachondeo incontrolado. Pero vamos, mi manera de ser es el resultado de un cúmulo de experiencias: desde golpes familiares, de amigos o parejas y trabajo. Ensayo y error. Y también por el hecho de haberme tenido que buscar la vida con la única herramienta de mi persona. Sé lo que es pasarlo canutas por no tener casa o pasar hambre, en mi infancia o en Madrid, cuando la gente creía que me había comido el mundo y no tenía donde caerme muerto. Sé lo que es no poder aportar nada o que te inviten y pasar una vergüenza tremenda.

¿En qué momento está en el plano artístico?

En uno muy positivo y de plena ebullición. Acabo de venir de Nueva York. Estoy en un momento de inspiración. A pesar de que soy incombustible creativamente estoy en un momento en el que siento que debo subir otro escalón en mi carrera. Siento que debo arriesgar. Además, soy consciente de que no es el momento de recoger la siembra sino de comprar más terrenos.

¿Y en cuento a los proyectos?

Tengo muchos frentes abiertos. Presentó desde hace siete años los campeonatos de hip-hop de Aragón, mis clases con grupos de semi-profesionales y profesionales. Trabajo con artistas importantes. Las clases con los niños me dan la vida, también me consumen los jodíos, pero me dan la vida. Además, está la escritura y acabamos de hacer el encendido de la Torre Picasso, al estilo del Rockefeller Center. Presento campeonatos de baile. Creo que mi estilo como presentador gusta y esto me ha permitido trasladarlo a otros terrenos, incluso presenté un Bar Mitzvah. Todo parte de una actitud y una manera de hacer las cosas. También estoy con los peluqueros del Real Madrid y llevo sus desfiles. Mi mentalidad es un poco de madre; de no pensar en el dinero, ir echándolo en un saco y seguir trabajando. Tirar para adelante sin pensar quien paga más o menos.

¿Cree que existe un estilo Quique Guijarro?

Sí. A lo mejor es más una metodología y un estilo. Mi manera de escribir está cerca del posmodernismo. Así, por lo menos, me lo dijo mi amigo Chus Navarro. Yo no tenía ni idea de lo que me estaba hablando. Yo redactaba el libro y al mismo tiempo contaba lo que pasaba a mi alrededor mientras escribía. Esa es mi manera de escribir, natural y cercana, como si estuviera hablando con un amigo.

¿Y sigue teniendo proyectos como bailarín?

Yo ya no me veo bailando. A mí me encanta bailar, pero soy mejor docente. Soy mucho mejor director, guionista y docente que bailarín. No es porque sea mal bailarín, sino porque disfruto más de esta otra parte de la profesión. Obtengo más satisfacción cuando aporto herramientas a otras personas para que ellos mejoren. Cuando te das cuenta de eso, ya no sientes ese punto ególatra de querer ser el protagonista. El baile, en el fondo, es un arte para entretener a un espectador.

¿Qué valor le da a lo que aprendió en Gran Canaria como bailarín con Natalia Medina?

Yo viví en la Isla hasta los 25 años y aprendí que todo es posible. No importa de dónde vengas por pequeño sea el lugar o lo lejos que esté. Siempre lo puedes conseguir. Ahora tengo el presentimiento de que voy a venir mucho. Por lo menos voy a tocar todas las puertas. Creo que ahora es el momento. Quiero ir hacia adelante e incluir en ello a mi tierra y mi gente. Soy el mismo de antes pero con diez años más y creo que ahora si puede que me dejen hacer las cosas que con 25 años no me dejaron por falta de experiencia. No me importa que me dijeran que no en su momento, me importa hacerlas ahora. Y lo haré para dar oportunidades a la gente joven. Me gustaría venir para conseguir cosas para ellos y coger gente de las escuelas.

¿Y qué valor o enseñanzas saca de su experiencia en Fama y en la televisión en general?

Aprendí la importancia de afrontar los retos con una mentalidad apropiada. Me explico. Cuando terminó Fama, yo fui de los compañeros que menos bolos hizo en discotecas porque fui el menos mediático con diferencia. No fui ni el terror de las nenas ni el borde ni el que peleaba... Yo no fui ningún personaje. Simplemente, estaba ahí para currar. Cuando querían probar cosas o currar algo nuevo, me llamaban a mí. Si había que organizar algo, también. Esto me aportó profesionalidad y la seguridad de saber que puedo estar en ese tipo de experiencia y además de conocimientos técnicos puedo aprender sobre el oficio. Al salir no tenía bolos pero cuando me presentaba a las audiciones de curro de verdad era yo el que pasaba a las siguientes fases, a diferencia de otros muchos compañeros que se creyeron que eran buenísimos porque se lo habían dicho tantas. Pero claro, si te pides que hagas una doble pirueta y eres incapaz, se te cae el mundo. O si están con un cantante y no sabes cual es tu lugar, no te comportas y no sabes ser profesional... Por ejemplo, si hago una coreografía para televisión, yo entrego un dossier a la dirección técnica sin que nadie me lo haya pedido para que estén avisados de los cambios para los distintos planos. Eso les facilita su trabajo y estarán más contentos. Es ser un profesional completo. Para mí, que un productor me diga que soy buen coreógrafo es mucho más valioso que la gente me diga lo guay que soy.

Veo que está luchando por nuevos proyectos. ¿Dónde se ve en tres años?

Me gustaría verme presentando un programa de televisión, dirigiendo mi propia editorial con mi mujer y dando mis clases con mi equipo. Lo tengo bastante claro. Me veo presentando y con la gente de mi equipo cerca, para seguir hablando de baile, porque soy bailarín y coreógrafo y no lo dejaré de ser nunca. Es algo que hablo con Rafa Méndez. Cuando vuelva a salir el formato baile dentro de unos años, porque ahora lo han quemado por completo al no innovar y con tanto famoso bailando. No. En un programa de baile tiene que haber bailarines Siempre bromeo con Rafa. Le digo que cuando vuelva el programa él será el director y yo el presentador. Pero no solo quiero eso, también quiero ponerme el traje y entrevistar a grandes figuras de otras artes. ¿Por qué no? Quiero tener mi programa y seguir dirigiendo y coreografiando.

¿Qué consejo le darías a ese Quique Guijarro que con 15 años estaba en el Instituto?

Le pondría la mano en el hombro, le miraría a los ojos y le diría: "lo estás haciendo bien", para darle tranquilidad. No te sientas un loco, un marginado o un bicho raro". Hay que vivir la vida como uno es. Eso es lo maravilloso. Acepta como eres y utilízalo. Yo sigo siendo el mismo, pero ahora me siento tranquilo. Cada persona tiene su público y hay que buscarlo. Ese es el resumen de todo.

Compartir el artículo

stats