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La Provincia - Diario de Las Palmas

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aniversario de un reto culturaL

Mis años en la ópera europea más austral

Uno de los objetivos fue formar técnicos de la Isla y crear una logística local para evitar la dependencia de proveerse del exterior

Producción y elenco de la ópera 'Carmen' en 2012, en el Galdós. LA PROVINCIA / DLP

Marzo de 1990: inesperadamente, paso del Teatro Colón de Buenos Aires al Maggio Musicale Fiorentino. Tras colaborar con otros teatros italianos, franceses y españoles llego a la Ópera de Monte-Carlo, frente al Mediterráneo. Marzo de 1999: primera visita a Las Palmas de Gran Canaria, ahora estoy en medio del Atlántico. Pero no es el que conocí de niño en mi país ni el que viera en EEUU, es el que rodea las míticas Islas Afortunadas. Invitado por ACO, debía reponer la producción de Pier Luigi Pizzi de L'Italiana in Algeri; tras presentarme en la trasera del Teatro Pérez Galdós -todavía con la gasolinera- del entonces despacho de ACO me acompañan al escenario. Descubro un teatro maravilloso pero? desprovisto de medios técnicos; fue gracias al buen hacer de todo el personal de ACO que logramos estrenar, del Coro de la Ópera, de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y del equipo que, aún sin saberlo, colaboraría conmigo durante tantos años. Regreso a Las Palmas en 2001 -esta vez con La Cenerentola en el Teatro Cuyás-. Un año más tarde firmaría Die Zauberflöte con el Mº Rossel, quien aceptó mi inusual propuesta de hacer los diálogos en castellano. Después de este estreno, Don Juan de León Suárez, en su carácter de presidente de ACO, me plantea la posibilidad de la dirección artística.

Fundada en 1967, ACO había sido un importante logro de la sociedad civil de Las Palmas de G. C. Permitió a la ciudad -y a las demás islas por entonces- disfrutar de una temporada de ópera; desde 1863 y hasta entonces, las óperas en Las Palmas habían sido solo eventos puntuales. Esto lo supe más tarde porque consideré imprescindible estudiar el pasado de ACO y de la ópera en la ciudad para poder completar la programación con nuevas propuestas. De ahí los títulos que se convertirían en estrenos locales y hasta canarios: Ariadne auf Naxos, Bajazet, Il Turco in Italia, The Rake's Progress, Attila, Idomeneo, Die Fledermaus, Thaïs, Elektra, Tristan und Isolde, I Masnadieri, Eine Florentinische Tragödie o Il Segreto di Susanna. A esto se sumaron las nuevas presentaciones escénicas de los otros títulos del repertorio de ACO, donde dimos su importancia a todos los componentes escénicos, pero especialmente al diseño de iluminación, una parte del espectáculo que no había evolucionado en los años pasados.

Fue fundamental en mi trabajo la relación con las diferentes juntas directivas; he sido testigo privilegiado de los éxitos y también de las vicisitudes que las mismas debieron soportar para tratar de sacar adelante las temporadas. Es sabido que casi todos mis años fueron bajo la presidencia de Juan de León Suárez, de quien aprecié no solo su vehemente entusiasmo sino también su templanza ante las dificultades. Hubo mucho trabajo en común, momentos duros y situaciones tensas, creo haber dado mucho y más recibí, pero volviendo atrás me quedo con los buenos momentos. Debo recordar con afecto a tres apasionados que nos dejaron tan pronto: Julio Molo, Damián Hernández y Javier Morales; mucho contribuyeron a la historia de ACO.

Un capítulo aparte merece mi estrecha relación con los equipos técnicos de escenario y el Taller ACO, no solo por mi doble condición de arquitecto y director-escenógrafo, sino por la posibilidad que vimos con la Junta desde mi primer año: formar técnicos grancanarios especializados, incorporar a las producciones el mercado de materiales y empresas de logística teatral de la Isla y evitar la total dependencia de proveerse fuera de Gran Canaria. El destino quiso que fueran dos argentinos, el director escénico Tito Capobianco y el escenógrafo Mario Vanarelli, los que crearan el primer Taller ACO que funcionó en 1975 y 1976. Durante la dirección del Mº Rossel se vuelve a abrir y como tal lo continuamos, adaptándolo a las nuevas necesidades escénicas.

Repasando estos años, creo que el rol del director de orquesta estuvo muy presente en las decisiones que se tomaron con la Junta; a las óperas realizadas con la Orquesta Sinfónica de Las Palmas se sumó el alto nivel de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Desde 2003, se invitaron maestros de trayectoria como Armiliato, Morandi, Carminati, Arrivabeni, Abel o Ranzani, pero también los valores jóvenes, como P. Halffter, Ortega, Frizza, Zambelli, Callegari, Hull, Mariotti, Vitiello o Pérez-Sierra.

Tal como ha sido siempre la tradición de ACO, la lista de cantantes que nos visitaron durante las doce temporadas que dirigí es muy extensa; muchos de los que hoy vemos en los mayores teatros debutaron sus roles aquí. Pero en esta lista hay un lugar especial para las voces canarias. Fue un placer para mí conocer, seguir la carrera y poder contar con la presencia de las sopranos Yolanda Auyanet, Elisa Vélez, Davinia Rodríguez, Estefanía Perdomo, Dori Cabrera, Elisandra Melián, Judith Pezoa, Silvia Pileño, Nora Carrasco y Marina León; de las mezzos Nancy Fabiola Herrera, Belén Elvira y Rosa Delia Martín; de los tenores Jorge de León, Celso Albelo, Francisco Corujo, Juan Antonio Sanabria, Manuel Ramírez, Badel Albelo, Juan Manuel Padrón y Rubén Pérez; del barítono Airam de Acosta y de los bajos Elu Arroyo, Alberto Feria, José Antonio García, Jeroboám Tejera y Eduardo Carrasco. Voces canarias que en realidad son muchas más, pues se suman a ellas cada uno de los integrantes que pasaron por el Coro de la Ópera desde 2003 junto con aquellos niños del Coro Infantil de la OFGC.

El período compartido con ACO es uno de los más entrañables de mi vida profesional, tanto como entrañable es mi afecto personal por Gran Canaria y Las Palmas de GC. En su 50o aniversario, hago llegar a ACO y a toda su gente mis mejores deseos de muchas temporadas más. Lo que parecía un sueño entonces se ha cumplido.

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