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La Provincia - Diario de Las Palmas

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AMALGAMA

Óperas rock

En la segunda mitad del siglo XX, con el advenimiento de las tecnologías y los ingenieros de sonido, surgió el aumento de decibelios y la expansión de las formas de sonido

Óperas rock

Las óperas son resultado de una concepción occidental y arquetípica del mundo desde, aproximadamente, el siglo XVII. Los expertos explican que al mundo de la ópera se llega, por ejemplo, empezando por la zarzuela, luego con la ópera italiana, después se pasa por Mozart y se termina en Wagner. Todo parte de una fórmula popular, para acabar aderezado con las pompas de la complejidad y la élite. Como la cantata escénica Carmina Burana, construida con gran despliegue por Carl Orff en 1936, y que se basa en poemas de la Edad Media que predican las ganas de vivir, los placeres terrenales, el disfrute festival de la naturaleza, la crítica a las clases aristocráticas y clericales. Las óperas están llenas de arquetipos que muestran las dinámicas psíquicas de los espectadores, más allá del teatro catártico. La cuestión es que, como todo, el tiempo pasa para las diversas expresiones artísticas, que quedan reducidas a restos arqueológicos. La poesía épica tuvo su tiempo, vinculado normalmente a la fundación de las naciones, los géneros de caballería y amor cortés fueron sustituidos por un romanticismo oscurantista, y el surrealismo vigesimonónico se ha suplido por el realismo mágico, o más tarde, por la novela negra o Las sombras de Grey. Y así navega y se transforma el mundo. En la segunda mitad del siglo XX, con el advenimiento de las tecnologías y los ingenieros de sonido, surgió el aumento de decibelios y la expansión de las formas de sonido, o la mixtura sin límite de los mismos, perdiendo la pureza de origen, pero ganando un inmenso nuevo espectro que ha despertado nuevos instintos, placeres y cogniciones en los oyentes. La ópera clásica queda, actualmente, como las lenguas muertas, el latín y el griego, absolutamente necesarias para adquirir destreza mental en la elucubración, pero no es la que genera nuevas sensaciones, ni la que recoge los nuevos arquetipos, lo cual está en manos de las óperas rock y las nuevas cantatas multimedia que se desarrollan planetariamente. Óperas rock notables fueron Hair, Nueva York, 1967, que marcó el primer hito hippie. En 1969 llegó la famosa Tommy, de The Who. El mismo año, The Kinks publicaron Arthur Or the Decline and Fall of the British Empire, y en 1970 se atrevieron con Lola versus Powerman and the Moneygoround, año también de Jesucristo Superstar, de Tim Rice y Andrew Lloyd Webber. En 1972, David Bowie presentó The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, y Jethro Tull, Thick As A Brick. En 1973, Lou Reed, con Berlin. En 1974, la ópera maestra de Génesis, The Lamb Lies Down on Broadway. Los años setenta fueron prolíficos en óperas que quisieron englobar un mensaje con una historia (Jethro Tull, Too Old To Rock 'n' Roll: Too Young To Die!, 1976; Meat Loaf, Bat Out Of Hell, 1977; Frank Zappa, Joe's Garage, 1979, y la de gran fama, de Pink Floyd, The Wall, 1979). En los ochenta han seguido Marillion o Queen (We Will Rock You), e incluso a Premiata Forneria Marconi, con Dracula, ya en 2005, Judas Priest, en 2008, con Nostradamus, o la producción Zarkana, del Cirque du Soleil. El protagonista de Tommy era Rael, un niño sometido al sectarismo de masas y que a la vez iba atravesando diversos estados de conciencia, un protagonista sordo, mundo y ciego, pero en busca de la transcendencia, rodeado de pinball y flippers para ganar un millón de dólares y en medio de los secretos psicodélicos de The Acid Queen adquirir el poder de los gurúes y sus corrientes mesiánicas. Peter Townshend se inspiró, en la misma época en la que los Beatles llegaban de sus experiencias en India con Maharishi Mahesh Yogi, en la lectura del libro El Dios Hombre, de C.B. Purdom, conocedor del gurú Meher Baba, quien trajo a occidente la Kundalini Yoga. Si nos fijamos en el tema de The Lamb Lies Down on Broadway, el protagonista hace un viaje en el que una nube negra lo absorbe, y tras un periplo propio de los viajes de Odiseo, transciende a un lugar con 32 puertas y resurge como un ser nuevo, como It. La Ópera Rock, ya enterrada por los glam, los punks, y la nada, ha sido la testigo de un mundo vigesimonónico que ya da paso a algo todavía más desconocido e inimaginable, pues hasta los arquetipos están siendo removidos por otros nuevos.

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