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Letras

Una ciudad de libro

Las Palmas de Gran Canaria, desde su fundación en el siglo XV, se ha asomado por las páginas de novelas, relatos y aventuras históricas

Una ciudad de libro

Una ciudad de libro

No hay vínculo más fuerte entre Las Palmas de Gran Canaria y la literatura que Benito Pérez Galdós, pero no busque una letra o plectro en la obra del novelista que se levante sobre el suelo, las costumbres, la cultura o los personajes de la ciudad que le vio nacer. El trabajo del escritor gravitó, en buena medida, alrededor de una cuestión universal: describir el abandono, por parte de los pilares que sostenían en su época el Estado -administraciones públicas, política, monarquía, Iglesia-, que sufrían los mas desdichados de la sociedad. Lo hizo sin caer en eufemismos, a partir de retratos certeros y con el paisaje encasillado en un rol secundario. Huérfana de guiños galdosianos, Las Palmas de Gran Canaria, con todo, es una ciudad de libro: aparece -a veces como protagonista; a veces de pasada- en los textos de varios autores.

El viaje literario por las calles de Las Palmas de Gran Canaria podría arrancar -si las manijas del reloj las marcara la Historia- por el relato que escribió Bartolomé Cairasco de Figueroa sobre el ataque de Pieter van der Does sobre la ciudad en junio de 1599. Testigo directo del asalto -participó en la defensa de la villa, el corsario se hospedó en su casa durante los días que controló la localidad y ejerció como negociador-, el poeta fue de los primeros autores que puso en el mapa literario a la capital de la Isla. "Pero también el año noventa y nueve (que a quien Dios am castiga", relató, "la saquearon [a Las Palmas de Gran Canaria] diez mil, que casi ochenta naves saldrán de Holanda, su enemiga; más háralos huir con grande afrenta, matando mil soldados de la liga y algunos personajes de memoria, y así será vencida la victoria".

Colonia británica

Las aventuras de los defensores de la ciudad ante el ataque de Van der Does por el Batán y el Puerto de La Luz fueron narradas por Cairasco de Figueroa hace más de 400 años y, desde entonces, la población no ha dejado se asomarse por las líneas de diferentes autores. Fue Alonso Quesada -seudónimo de Rafael Romero Quesada- quien mejor contó las costumbres de la colonia británica en Las Palmas de Gran Canaria durante los primeros años del siglo pasado. Oficinista en la compañía Elder Dempster y en el Bank of British West Africa, se convierte en notario -con un punto socarrón- de las actividades inglesas en dos trabajos: Smoking Room y la novela corta Las inquietudes del Hall -que quedó inédita a la muerte del autor-.

La acción de ambas obras gira, sobre todo, en Ciudad Jardín y en el Hotel Metropole -"El Hall de aquel Hotel era, ciertamente, el único Hall legítimo de la Isla", arrancaba Alonso Quesada-. Ese fue también el punto de partida elegido por Agatha Christie para arrancar La señorita de compañía, el octavo capítulo de Miss Marple y 13 problemas. Justo donde ahora se levantan las oficinas municipales. Así lo contaba el doctor Lloyd, uno de los personajes creados por la autora británica -cuya obra figura entre las más leídas de la historia-. "El incidente", se lee, "que voy a referirles -continuó el médico- sucedió en la isla de Gran Canaria, no en Tenerife (...) Estuve ejerciendo en Las Palmas, que es la capital de Gran Canaria. En cierto modo, allí disfruté mucho. El clima es suave y soleado, excelente playa (yo soy un bañista entusiasta) y la vida del puerto me atraía sobremanera. Barcos de todo el mundo atracan en Las Palmas. Yo acostumbraba a pasear por el muelle cada mañana, más interesado que una dama que pasara por una calle de sombrererías (...) En el hotel principal, el Metropole, se veían gentes de todas razas y nacionalidades, aves de paso. Incluso los que se dirigían a Tenerife se quedaban unos días antes de pasar a la otra isla".

Los trece relatos cortos de Agatha Christie se publicaron en 1932, 23 años antes de que John Huston rodara en Las Palmas de Gran Canaria, con Gregory Peck de protagonista, Moby Dick. A partir de ese acontecimiento, el grancanario Emilio González Déniz levantó una novela, Hotel Madrid, que cuenta pasiones, describe fracasos y convierte a la ciudad en un retrato de la España de posguerra y el país que viene.

Novela negra

Fue González Déniz, a partir de los 80, uno de los principales culpables de que Las Palmas de Gran Canaria pasara a ser un personaje más en las novelas de numerosos autores del Archipiélago. Antes de firmar Hotel Madrid, la acción de obras como El obelisco, El llano amarillo, Tiritaña o El rey perdido también transcurre por las calles de la ciudad

González Déniz prendió la mecha y, durante los últimos años, escritores como Alexis Ravelo y José Luis Correa han convertido a la capital de la Isla en uno de los grandes escenarios de la novela negra. Ravelo, que acaba de publicar Los milagros prohibidos (Siruela) -un libro sobre la Semana Roja de La Palma; episodio que tuvo lugar durante la Guerra Civil-, puso luz sobre los bajos fondos de Las Palmas de Gran Canaria en la serie de Eladio Monroy - Tres funerales para Eladio Monroy, Sólo los muertos, Los tipos duros no leen poesía y Morir despacio- y en trabajos como La estrategia del pequinés , La última tumba y Las flores no sangran.

Tras la senda de Eladio Monroy, los lectores pueden encontrar los ecos de una ciudad que hizo del trapicheo -desde su etapa como puerto franco- una forma de sobrevivir al margen del orden. Junto a este ex marino mercante, que vive en la calle Murga, bebe Tropical y lee libros descatalogados, no es difícil imaginar a algunos personajes -un empresario de seguridad que de joven cuidaba coches y vendía fruta, bien relacionado con un político de apellido Burgos e indultado por el Gobierno tras unas obras ilegales en su chalé- que forman parte del paisaje habitual de Las Palmas de Gran Canaria.

Ricardo Blanco, un detective amante del jazz y la literatura, es el vehículo utilizado por José Luis Correa para patear las calles de Las Palmas de Gran Canaria en busca de pruebas que le lleven hasta la resolución de casos tan turbios como suicidios, asesinatos de extranjeros o envenenamientos. Con nueve títulos -todos publicados por Alba Editorial: El verano que murió Chavela, Un rastro de sirena, Muerte de un violinista, Quince días de noviembre, Muerte en abril, Mientras seamos jóvenes, El detective nostálgico, Nuestra señora de la luna, Blue Christmas - la ciudad es un personaje más en el imaginario colectivo de todos los seguidores de la serie.

Las Palmas de Gran Canaria ha cruzado fronteras, durante los últimos años, con los trabajos de Mari Jungstedt y Ruben Eliassen. Los autores -ella sueca; él noruego- centran la acción de sus novelas en el sur de la Isla, aunque su radio de acción también incluye la capital: en los primeros pasajes de Mar de nubes, el Bar Cantábrico de San Cristóbal figura como una de las paradas habituales de Kristian Wede, un expolicía escandinavo que vive en un dúplex del barrio marinero de una ciudad de libro.

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