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Espectador ante el espejo

Rossique presenta en Madrid su exposición 'En los márgenes del relato' en Aspa Contemporary

Espectador ante el espejo

Para un artista canario la visibilidad que otorga el exponer en Madrid constituye todo un reto, pero cuando a ello se une el privilegio de trabajar con una joven y activa galería como Aspa Contemporary [hasta el 6 de mayo, en calle Galileo 19, Madrid] , muy relacionada con el mundo cultural de la capital, el desafío no puede ser más enriquecedor.

Eso es lo que le ha sucedido a Paco Rossique con su exposición En los márgenes del relato, con la que pone punto final a la trilogía que comenzó hace dos años con Dimes y diretes, Rostros presentada en la Isla y continuada al año siguiente en Madrid con Palabras Menhires. Esta trilogía se caracteriza por el uso del collage, el formato de las obras y principalmente por la interacción de pintura, collage, literatura, música y vídeo. A diferencia de otras exposiciones en las que Rossique ha primado el uso de la pintura, el dibujo y el color o la ausencia del mismo, en esta ha separado cada uno de esos aspectos, a pesar de lo cual al igual que las dos anteriores está planteada como un todo, como un códice de las maravillas dividido en capítulos que desarrollan unas mismas ideas desde diferentes puntos de vista.

Una de estas ideas, no solo en esta exposición sino en toda la trilogía, es el juego. Como explica Rossique en nuestro idioma el verbo jugar tiene menos acepciones que en otros, en los cuales posee muchos más significados que superan entretenerse como hacen los niños para pasar a designar por extensión la práctica de un deporte o un juego de cartas, la interpretación de una partitura, una pieza de teatro o hacer sonar un instrumento musical.

En esas lenguas el juego implica aprendizaje y búsqueda del conocimiento, de modo que hay un reconocimiento de que nunca se olvida lo que aprendemos jugando. Rossique ha querido expresar esa concepción lúdica del arte a través de muchos elementos como por ejemplo el collage, técnica pictórica que los surrealistas emplearon con especial éxito.

En los márgenes del relato está dividida en tres partes, la primera, Cartografía del envés reúne veintiséis cuadros y la segunda La visita del extraño doce, todos con marco collage y técnica mixta sobre madera con los que busca conseguir el asombro, transformando imágenes para producir nuevas experiencias subjetivas y desordenadas como los recuerdos. A ambos se añade la serie Caparazón ausente compuesta de vídeos y arte sonoro.

En Cartografía del envés imágenes variopintas del siglo XX y XIX son seccionadas, transformadas y deformadas, produciendo nuevas ideas bastantes herméticas que van acompañadas con textos explicativos de cuatro o cinco líneas, mientras que en La visita del extraño fracciona rostros anónimos o conocidos, para a partir de sus partes componer nuevos semblantes, con los que trata de expresar que aunque nuestra fisonomía pueda parecerse a la de nuestros padres, nuestros antepasados o cualquier otra persona, nuestro espíritu, nuestra experiencia, constituye algo único. Eso es lo que señalan los rostros mudos y únicos resultantes de esa experiencia de collage.

Finalmente en Caparazón ausente emplea el collage de manera totalmente diferente utilizando fragmentos de vídeo con imágenes alusivas a la metafísica del espacio, construido o natural, mezclado con el espacio sonoro de piezas musicales en las que también usa el collage sonoro.

Aunque todos los trabajos de la exposición poseen una naturaleza onírica y cierto humorismo grotesco quizás sea ésta última parte la más abierta a la interpretación, porque como en todas sus exposiciones Rossique, sabedor de que una obra de arte puede interpretarse de mil maneras, ha tratado de crear unas piezas a las que el observador añada su propia experiencia cultural y su conocimiento interviniendo en el argumento y por eso depende del espectador el crear o no nuevos relatos sobre lo que está viendo, y en el caso de Caparazón ausente también escuchando.

En realidad todas las obras de En los márgenes del relato observan y analizan al espectador interrogándolo y es él quien jugando de nuevo les insufla una nueva existencia añadiéndoles su propia y lectura, que como la del resto del público es única.

Esta idea de ofrecer al espectador la posibilidad de mirar desde otro prisma diferente, el suyo, una obra que le contempla e interroga convierte "En los márgenes del relato" en un sorprendente laberinto de espejos.

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