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La revolución contemporánea

Thurston Moore publica el disco en solitario de la saga post Sonic Youth que más cerca se encuentra de los códigos musicales de la banda neoyorquina

La banda de Thurstoon Moore en directo. LP / DLP

Podría pasar por el mejor disco de Sonic Youth desde 2002, si no fuera porque la banda neoyorkina se separó en 2009. Pero lo cierto es que este Rock and roll consciousness es la obra que todo fan de la formación pionera del noise esperaba. Parece que Thurston Moore quiere demostrar que él y solo él fue el cerebro de aquel proyecto sin parangón en la música contemporánea. Porque él es el único que ha logrado la regularidad con una discografía a la altura del talento que se les presupone a los exintegrantes del combo que cambio los códigos del rock. Eso sin desmerecer tampoco las incursiones algo más pop, pero aprovechables, de Lee Renaldo. Y el radicalismo, también notable de Kim Gordon, actualmente con Body Head.

Sin embargo, Moore ya demostró que él era la columna vertebral de todo con su anterior The best day. Y, de manera algo más parcial, pero también destacada, se percibe en las colaboraciones que ha estado realizando con artistas que van de Glenn Branca a Yoshimi Ibold, pasando por Derek Bailey o William Hooker. Aquí Moore repite con los mismos músicos que intervinieron en su anterior trabajo, que son el batería de la formación madre Steve Shelley, el guitarrista James Sedwards, y la bajista e integrante de My Bloody Valentine, Deb Googe. Cinco piezas largas de entre seis y doce minutos, con textos menos políticos y más ensoñadores, que celebra el poder femenino y el advenimiento de una primavera en la que florezca esa conciencia que procalma el mismo título. Los textos, escritos junto al poeta Radio Radieux, subrayan, según sus propias palabras, la idea de la igualdad y de no suscribirse a ningún patrón que promueva la violencia, como explica el músico en una reciente entrevista.

Y todo esto enlaza con otro de los temas recurrentes que es la crítica a la administración Trump y a la serie de medidas lunáticas que ha ido tomando hasta ahora. El inaugural Exalted tiene el crescendo típico del grupo neoyorquino cuyo desarrollo podría incluso encajar en el mítico Daydream nation, pero con solos de guitarras que aveces rozan lo hard inclusive, y que se desarrolla de forma medio instrumental ya que hasta casi pasados ocho minutos no suena la voz. Cusp resulta una singularidad, un ritmo cabalgante en el que Deb Googe aporta elementos de su grupo de forma clara. Pero la joya es Turn on donde mantiene ese juego de melodías impredecibles que tanto se echaba de menos de la Juventud Sónica.

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