Con resonancias evangélicas de aquel pasaje de Mateo 7:7-8, la máxima gozaría de la versatilidad polisémica de algunos dichos, pues de apotegma feliz parece derivar también hacia una vertiente semántica de carácter admonitorio/correctivo, apartándose así de la significación o sentido originario. El adagio evangélico señala: "[?] buscad y encontraréis [?] porque [?] quien busca encuentra". Por lo común se suele interpretar como que la actitud de entrega y esfuerzo, fe o fiducia no resulta nunca en balde, sino que casi siempre obtiene un premio o recompensa.

Si bien el proverbio bíblico compartiría una pedagogía con vocación universal -generalmente en sentido positivo- ya sea material o inmaterial en cuanto a los efectos que reporta (y que se puede sintetizar en el tantas veces escuchado: "El que la sigue, la consigue"); "el que la busca, la encuentra" con frecuencia observa el carácter de augurio o advertencia ante potenciales consecuencias negativas derivadas de una conducta precedente. El aforismo asevera que quien muestra una actitud altiva y provocadora ("te la estás buscando" o "te la estás ganando", se suele advertir) acaba obteniendo la respuesta que se merece, lo que le da un sentido retributivo y de justicia. En tal caso suele ser también emitido como juicio o simple deducción basándose en dos verbos que implican acción y resultado lógico: 'buscar/encontrar'. De lo que resulta su carácter conclusivo y admonitorio ("se la estaba buscando" se afirma de manera concluyente) lo que convierte este modelo pedagógico preventivo en un reproche o censura social. Este sentido de exhortación, con insinuación negativa, previene a quien 'se la está buscando' (o se lo anda buscando) que tarde o temprano terminará 'encontrándola' o "dando con la horma del zapato". Expresión limítrofe a la comentada que viene usada para referirse a cuando alguien se tropieza con alguno más rudo que él y que se opone a sus mañas o artificios, dándole su merecido. Es decir, con alguien que 'lo pone en su sitio'.

Cuando se da la noticia de un percance sufrido por quien ha mostrado un comportamiento incauto o reprobable, entonces se suele concluir también con: "se la andaba buscando". Y cuando el escarmiento sufrido es justo lo que se merece tal conducta, se sentencia con aquello de "le está bien empleado".