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Guía del autoestopista terráqueo

La colección de lugares del geógrafo Alastair Bennet en 'Fuera del mapa'

Alastair Bennett (Newcastle, Reino Unido, 1964) es un geógrafo curioso. En Fuera de mapa. Un viaje extraordinario a lugares inexplorados descubre ciudades fuera del mapa, mundos flotantes sin rumbo fijo, países de mentira, islas invisibles? Hubo una vez, por ejemplo, en que la isla Sandy estuvo al norte de Australia, pero ahora sólo es un agujero en el mar. Y otra vez en que los pueblos de Baarle-Nassau y Baarle-Hertog, entre Bélgica y Holanda, formaron la frontera más compleja del planeta Tierra, más que la de Corea del Norte con la del Sur? "Me he limitado a presentar un simple fragmento de todo un mundo de lugares extraordinarios", dice Bennett en el momento en que llega al epílogo. Y, pese a eso, los editores de lo último de Bennett colocan una pegatina en la portada en la que clarifican que lo que el lector tiene entre manos "no es una guía de viajes". Nada más lejos: con Fuera de mapa uno viaja a esquinas del planeta desconocidos: "En un mundo completamente descubierto, la exploración no se detiene; simplemente, hay que reinventarla", explica Bennett.

Fuera de mapa sigue una estela de publicaciones de geografías extraordinarias del estilo a Atlas de las islas remotas, de Juditn Schalansky o de Reinos desaparecidos, de Norman Davies; libros que recuerdan que el mundo es perecedero, que el tiempo reorganiza fronteras, pensamientos y que donde una vez hubo un refugio de marinos proscritos hoy se encuentra el territorio británico más lejano del mundo? Alastair Bennett se centra en 48 lugares, los distribuye en ocho secciones, y declara que todos "poseen el poder de provocar y desorientar". Y lo consigue: provoca y desorienta. ¿Cómo es posible que una ciudad como Zheleznogorosk, en medio de Rusia, con noventa y tantos habitantes, no existiera en los mapas? ¿Cómo es posible que exista una isla -Sentinel del Norte- poblada desde hace miles de años que haya podido salvarse del siglo XXI? Bennett colecciona lugares y la mayor parte son fascinantes. Los hay que no dejan de ser adornos que engordan un libro fascinante (las madrigueras de zorro, el aparcamiento del Aeropuerto de Los Ángeles?) que comienza con un aserto que dejan claro un camino de perdición: "Debido a que la identidad humana está entretejida con el lugar, nos desconciertan los sitios que desaparecen, que van y vienen", como el navío "The World", un crucero propiedad de millonarios ociosos que no deja nunca de dar vueltas por el mundo: en ochenta días o en mil.

El mundo es, a fin de cuentas, lo que se manifiesta delante de los ojos de los espectadores. Y los espectadores no son unívocos: los países se transforman, los estados se disuelven? El escritor Joseph Roth, por ejemplo, nació en la localidad de Brody cuando Brody era una parte del Imperio Austrohúngaro. Cuando murió, la ciudad formaba parte de la Unión Soviética. Ahora es de Ucrania. Y Brody no se ha movido del sitio. La realidad es una creación. "Somos una especie que construye lugares y los ama", concluye Bennett.

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