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Crítica Orquesta Filarmónica

Mozart genial y Tchaikovski de buen humor

Mozart genial y  Tchaikovski de buen humor

Mozart genial y Tchaikovski de buen humor

Chichón ha ofrecido un test de calidades de la sección de arcos de la Orquesta Grancanaria con un programa centrado en ella. Media plantilla en la primera obra, ligeramente extendida en la segunda (con magníficos pares de oboes y trompas) y pleno familiar en la tercera. De Mozart las dos primeras, de Tchaikovski la última, dieron ocasión de lucir la muy buena forma del selectivo, algo menos satisfactoria en el general. El italianista y archipopular Divertimento en re mayor K.136 nació en vísperas de una gira mozartiana por Italia y traduce el deseo de agradar. La mixtura de la gracia nativa y la meridional engendra una auténtica delicia por la agilidad y la ingravidez de los tres movimientos, generosos en ideación melódica y portadores de una imagen de felicidad. Fue muy bien asumida y proyectada por los ejecutantes.

La magistral Sinfonía concertante para violín y viola K.364, auténtico concierto escrito a los 23 años, absorbe otra influencia, la francesa, y despliega un discurso mucho más ambicioso. El colosal Maestoso, el Andante y el Presto traducen sucesivamente una idea de grandeza, otra de melancólica soledad y, finalmente, de superación vitalista. A despecho de pequeños desajustes entre el conjunto y el dúo solista, hábilmente corregidos, la versión fue testimonio vivo de la genialidad del autor. Vera Martínez Mehner al violín y Adriana IIieva a la viola, tejieron con profesionalidad y virtuosismo el muy difícil discurso dominante, salvo en momentos ligeramente chillones en el agudo de la primera y opacidades mates en la segunda. Muy aplaudidas, regalaron un Dúo espectacular, también mozartiano.

Completó el programa una honrada versión de la Serenata en do para cuerdas, Op.48 de Tchaikovski. Otra pieza de enorme popularidad que deja clara la maestría bienhumorada del autor frente al enojoso patetismo de otras obras. Danzables los dos movimientos pares (el espléndido Vals y el trepidante "Tema ruso"), admirablemente arquitectónico el primero y emotivamente evocador el tercero, la lectura de los casi 60 arcos de la Orquesta fue entregada y estimulante a pesar de algún borrón y de la no siempre transparente expresividad tutti.

Chichón demostró conocimiento y autoridad, sin justificar la excesiva velocidad de los tempi vivos, que ocasiona (en Mozart, sobre todo) atropellados finales de frase y un evidente déficit de respiración. Por cierto ¿qué pasa con Tytlak, el estupendo solista de violonchelo que no vemos en escena desde hace varias semanas?

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