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Entrevista a Jorge Perdigón

"Este no es mi Festival de Música, ni puedo programar lo que yo quiero"

"Soy un director de transición y quizás no sea la expresión adecuada porque es un período corto", asegura el director del Festival de Música de Canarias

"Este no es mi  Festival de Música,  ni puedo programar  lo que yo quiero"

"Este no es mi Festival de Música, ni puedo programar lo que yo quiero"

Llega con un contrato de 18 meses que le vincula al Festival de Música para la ejecución de la 34º edición en 2018, y el diseño de la programación de 2019. ¿Existe la posibilidad de que tenga usted continuidad en el cargo?

En principio, en las conversaciones con el consejero Isaac Castellano se trataba, sobre todo, de ejecutar el 2018. Tiene la problemática del tiempo, y a día de hoy [por ayer] estamos a cinco semanas del Festival, que por suerte ya estaba diseñado. Habría sido imposible mantener un buen nivel si no hubiera sido así. El diseño es muy interesante, y el problema lo vamos a tener en la logística, en la promoción y en la publicidad que también se quedó parada evidentemente, porque la suele llevar la dirección artística del Festival. Las programaciones, las formaciones y las orquestas que nos gustaría tener en la edición de 2019, en otoño de este año han cerrado sus programaciones, algunas ya para dos o tres años. La prisa era por empezar a hilvanar, a perfilar un poco, y de hecho he tocado algunas posibilidades para 2019. Y por eso llegamos al entendimiento de los 18 meses. Lo que ocurra después en el futuro, realmente ahora, no tengo interés en analizarlo porque todo depende si soy la persona conveniente para el Festival o si el Festival me conviene a mi como profesional. Tengo un reto y mucha ilusión porque he sido músico del Festival y como canario el Festival para mí es imprescindible. Entonces, creo que llega el momento de dar un paso al frente y no simplemente hablar del Festival, sino que existe la posibilidad de que vaya en una dirección que yo creo que es la conveniente.

¿Se considera un director de transición de un Festival cuyo futuro se desconoce?

Por el momento lo soy. Quizás la expresión no sea la más interesante porque marca un período que para un Festival es muy corto. Supongo que a lo largo de 2018 se comenzarán a tomar decisiones en este sentido, que se podrían tomar en primavera, por ejemplo. La programación de 2020 no está en la hoja de ruta, serían los cambios que se pudieran hacer en 2019, y por mi experiencia le digo que la dirección de un festival se empieza a percibir realmente en el segundo o tercer año. En principio, y para 2019 planteo algunos cambios que creo que son imprescindibles para el Festival y que a mi juicio deberían de continuar dependiendo siempre de lo que ocurra. Para 2018 me falta la música de cámara en las Islas capitalinas, y será lo único que haremos sobre lo programado, que me parece muy interesante e incluso brillante. El año pasado se hizo una apuesta que podía ser interesante y creó problemas. No quiero tener un lastre de la problemática de la última edición, fueron 88 conciertos que son difícil de gestionar. El próximo tenemos 31, quizás 33. Se abrieron muchos espacios, que quizás son positivos, y como espectador fue un cambio muy importante en poco tiempo. Yo no vengo a cambiar nada, sino a aportar las ideas que han funcionado en La Palma.

Días atrás, en su presentación, dijo que tenía el Festival en la cabeza, y que su futuro estaba claro, y que lo único que le preocupaba eran que tuviera presupuesto y que le dejaran hacer. ¿Cuál es Festival que usted defiende?

El modelo que defiendo es un Festival que dura todo el año. Es un Festival muy complicado por la singularidad de las ocho Islas, diferentes espacios y demás, pero precisamente por esa singularidad e ir sumando otras como la captación de nuevos públicos. Aquí vamos a ir a trabajar con escolares, con estudiantes...Pretendo que se pueda hacer en otoño y preparar a esos estudiantes, entre 15.000 o 20.000 estudiantes de todas las Islas, para el gran Festival de enero y febrero. Sería un Festival creado por músicos canarios profesionales, generar un espacio donde los músicos de las Islas se puedan expresar, hay músicos canarios buenísimos, y la idea es que tenga una parte educativa y una parte de conciertos. Hablamos alrededor de 35 o 40 conciertos en todas las Islas, propuestas con narradores profesionales que sepan llegar al público. Incluso podemos plantear actividades educativas en horario de mañana en teatros llenos de escolares, y conciertos por la noche. Estamos hablando de unas seis u ocho semanas, octubre y noviembre, con la idea de preparar a los escolares para el Festival. También tengo una idea que me ilusiona mucho, que es en abril o mayo, crear una semana o diez días de música contemporánea como complemento y dentro del Festival en estos meses. Da posibilidad a los creadores, no solo a los canarios, porque intentaremos hacer coproducciones con grandes festivales de Alemania o Polonia, y crear una especie de diálogo, sinergias con otros festivales para que los creadores canarios tengan un escaparate para sus obras en estos festivales. Yo creo la visión que tengo del Festival es que no sea solo en enero y febrero, sino una temporada.

Esta propuesta requiere de un dinero con el que no cuenta.

Si, pero por otro lado el Festival desde hace años no cuenta con unos medios interesantes de fundaciones y empresas privadas, y creo que tenemos la oportunidad de ofrecer un proyecto ilusionante, hemos mantenido conversaciones en este sentido y hemos encontrado receptividad hacia este proyecto.

¿Se refiere a la figura del club de empresas protectoras que tuvo el Festival de Música?

Incluso que las empresas lleguen a financiar, por ejemplo, la parte educativa que se va a mover por todas las Islas, que es muy interesante por la promoción que van a recibir. Incluso en la música contemporánea siempre habrá empresas digamos atrevidas que buscan ese tipo de propuestas.

Supongo que esa capacidad de captar patrocinios externos y la economía de medios con la que ha trabajado en distintos proyectos en La Palma ha sido uno de los factores que le han puesto en la dirección del Festival.

Efectivamente. El Gobierno de Canarias no puede aportar más al presupuesto del Festival de Música al menos a corto plazo, y en mi mente está, y eso lo aprendí de la escuela alemana, que tiene que ser un 60-40: un 60 por ciento de dinero público, y el resto con patrocinadores privados. El camino que llevo es este, y no se lo que conseguiré. Tenemos que crear buenos proyectos para que la empresa privada vea que puede reflejar su imagen. Se trata de devolver la ilusión.

¿La edición de 2019 y lo que usted pueda hacer estará condicionada a los resultados y balance de la de 2018?

Nada más terminar este festival me pondré a trabajar en ello, y tengo la implicación del Gobierno canario, que es fundamental para que las empresas vean que hay una seriedad detrás del proyecto. No me imagino que la próxima edición no tenga un éxito relativo. Me extraña mucho, como decía antes, no ver desde hace tiempo a patrocinadores especiales para un concierto determinado. Algo que es una práctica muy frecuente fuera de aquí. Diría que es positivo todavía tener un campo abierto para buscar finananciación.

La aportación del Gobierno canario, principal patrocinador, permanece invariable pese a los 410.000 euros de pérdidas de la edición de 2017.

Si, una inversión de 1,3 millones como presupuesto inicial, y estamos con un control exhaustivo del gasto, cosa que a mí me agrada, incluso limita el ritmo de trabajo que llevamos, pero aceptamos como primordial no tener déficit en los próximos dos años, que son mi responsabilidad. Creo que se puede hacer, porque siempre he trabajado así, e intentar que aunque el presupuesto sea corto no se vea plasmado en la programación. ¿Cómo se hace eso? Pues trabajando y hablando mucho.

La programación del Festival, según ha dejado entrever, no debería estar supeditada a un segmento de público en particular.

Dentro de un festival importante debe de haber de todo: música clásica, contemporánea, de todos los tipos. Nos merecemos lo mejor, siempre lo he pensado así. Si puedo conseguir a uno de los grandes músicos y si son relevantes de cara al público pues mejor, pero me gustaría que en 2019 todas las actuaciones, los conciertos del Festival tuvieran una relevancia importante.

Eso se consigue con orquestas, directores y solistas caché internacional.

Se puede conseguir con grandes orquestas y grandes solistas también. Se puede contar con solistas que nunca han estado en el Festival de Canarias por una razón u otra, que son grandes formaciones o de cámara. Es simplemente crear expectativas. No es que solo los grandes músicos sean los más mediáticos, y el marketing hoy en día a veces no tiene que ver con el arte, lo que si necesitamos es llamar la atención, y eso sólo se consigue con un buen programa, y después con una buena comunicación, porque no basta tener a grandes músicos si no sabemos decirle al ciudadano que lo que tenemos es especial. A veces ocurre, y no hablo solo de este Festival, que con una buena contratación es suficiente, no es así porque hay que explicarle al público lo que tenemos. Por ello hablo de normalizar, no un producto, sino unas actividades culturales y musicales, y que el público sepa que se trabaja con antelación, y lo que va a ver en los auditorios es algo muy especial.

¿Que nombres tiene sobre la mesa de cara a 2019? ¿Es partidario gastar la mitad del presupuesto en el caché de una orquesta internacional?

Eso depende la oportunidad, y tenemos un presupuesto bastante corto. Yo no soy muy amigo de programar casualmente. Me explico: la programación casual es, ya que el artista, la orquesta, está en Madrid o Barcelona, la traigo a Canarias. Eso lo vamos a aprovechar también, pero voy más lejos, y me ilusionaría hacer producciones propias en 2019, y no se si lo podré conseguir. Trabajar en coproducción con grandes festivales u orquestas, crear un proyecto y estrenarlo en Canarias. Es la mejor forma de promoción. Son proyectos ambiciosos y menos costosos de lo que uno piensa. Traer una orquesta de Madrid puede ser más costoso que una coproducción, y esto no lo puedo hacer al mismo tiempo que estoy con la ejecución de la edición de 2018. Espero y deseo que antes del 30 de abril próximo tenga la programación de 2019, eso sería lo correcto para que en los meses siguientes el trabajo sea otro, la promoción, la comunicación.

Cultura y Turismo están en la misma consejería, sin embargo la proyección internacional del Festival no se traduce en un turista digamos musical.

En el Festival se puede hacer otro tipo de trabajo que no tiene que ver con el presupuesto; hacer una promoción certera de lo que queremos: ir a las asociaciones culturales en Alemania, por ejemplo; a las agencias de viaje culturales, que son muchísimas. Tu ofreces y ellos preparan los grupos. No es buscar 150.000 euros para tener una pancarta en el centro de Münich o Frankfurt, ni poner publicidad Festival en los estadios de fútbol, no nos interesa esto, y es la labor que hay que hacer. De todas formas, el Festival no va a estar encaminado los próximos dos años a traer público de fuera, tenemos otros problemas.

¿Qué le gustaría programar en el Festival? Por su condición de tenor cabe esperar que la voz tenga protagonismo.

Todo tiene que ver con el presupuesto. Siempre que me preguntaban cuál era mi obra preferida, y decía que era la que estaba interpretando en ese momento. Tengo que tener cuidado porque conozco tan bien el repertorio vocal, sea coral, oratorio u ópera, trabaje con esto 25 años, y seguro que en 2019 vamos a tener algo vocal. Tengo en mente un oratorio que sería extraordinario hacerlo, y me gustaría, pero este no es mi Festival, ni puedo programar ni hacer lo que yo quiero. También quiero traer a uno de los maestros de la música antigua.

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