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Música

El apoteósico 20º aniversario del Auditorio

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Concierto por el XX aniversario del Auditorio Alfredo Kraus

Veinte años han pasado desde que el Auditorio Alfredo Kraus abrió sus puertas a la Cultura y los congresos. Este gran equipamiento se estrenó bajo la dirección general de un amigo inolvidable, Antonio Castellano Auyanet, quien llevó al anfiteatro y a todas las salas su propia ambición de excelencia. Fue él quien encargó a Juan José Falcón Sanabria un poema sinfónico para la solemnizar la inauguración en 1997. Aquella obra de nuestro genial compositor, Helios, abrió el programa del aniversario por iniciativa del actual director, Tilman Kuttenkeuler. Veinte años no son nada, pero los del Auditorio han sido decisivos para la proyección internacional de Las Palmas de Gran Canaria en el siglo XXI. En tal empeño, fue impagable la voluntad y el acierto de Rafael Nebot como gestor del mejor Festival de invierno de Europa y del mundo. Nebot, Falcón y Castellano ya no están, pero su memoria es inseparable del recinto.

Falcón describía su poema como "canto a la luz". Así lo entendió el maestro Chichón en la planificación de la macroorquesta que exige la partitura. Con sus hallazgos de color y contrapunto, sus formidables climax, que evocan el triunfo del orto solar en la sección de cuerdas subrayada por el timbal, la plasticidad de la instrumentación, las masas alternativas que simbolizan las fases de un día radiante, y la riqueza percusiva, recibió una lectura idónea de la orquesta que la estrenó, la Filarmónica de Gran Canaria, y de su actual titular.

Vino a continuación el Concierto en re para violín de Tchaikovski, magníficamente servido por la Orquesta y la batuta. El sonidazo del solista ruso Sergei Krylov, con un violín que, si no la tiene, merece una firma cremonense, entregó una versión arrolladora en expresividad y virtuosismo trascendental. Admirable el inicial Moderato por la noble dicción y el sentido constructivo; penetrante el lirismo de la Canzonetta por su ensoñadora cantabilidad; y vertiginoso sin trampas el Allegro vivacissimo (en el punto casi circense que subordina la música al alarde). El estilo de Krylov, con precioso portato eslavo, cálidos graves en la cuerda de sol, dobles cuerdas perfectas y armónicos inverosímiles, fue ovacionado hasta el delirio. Y como si el concierto virtuoso no fuera bastante, regaló un bis de pasmo: el multiversionado Capricho 24 para violín solo de Paganini, que cortaba el aliento en cada variación.

La segunda parte, popular, fue para canciones o melodías famosas de los autores americanos Márquez, Piazzola, Mor, Carlos Gardel y el canario-cubano Ernesto Lecuona, orquestadas por ellos o por arreglistas como John Wiliams y el propio Chichón. Agradables piezas, algunas con el virtuoso letón de la armónica Raimonds Macats, que aportaba el dulce acento de un bandoneón, y otra por el incansable violinista Krylov. Un lujazo en la Orquesta, entregada y feliz, premiado con el bis de un Tico-tico sensacional.

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