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Renta Básica Incondicional

Renta Básica Incondicional

Renta Básica Incondicional

Milton Friedman y James Tobin, el primero conocido por su posición ultramonetarista, y el segundo más conocido por la denominada Tasa Tobin, estaban ambos de acuerdo, en política de reequilibrios distributivos, en la legislación de un Impuesto Negativo sobre la Renta, conforme al cual, establecido un nivel determinado de ingresos que cubran las necesidades básicas, los ciudadanos que lo superen habrán de pagar un impuesto y a los que no lleguen a ese nivel de ingresos se les remunerará la diferencia hasta conseguir el mínimo establecido. Ambos autores, con este mecanismo impositivo, pretendían regular los problemas redistributivos del Estado de Bienestar. Lo que subyace en la base filosófica de este objetivo es el reconocimiento de que a toda persona le corresponde una porción de propiedad privada, de forma que, si no ha accedido a ella desde inicio, por nacimiento, el Estado se la proporciona por esta vía regulatoria. Grandes empresarios modernos como Zuckerberg, de Facebook, Gates, de Microsoft, o Bezos, de Amazon, están de acuerdo con su implementación, pero por el mero cálculo de que si no se lucha contra la desigualdad se generan disrupciones en el futuro político-económico, aunque también, y esto es lo que entendemos importante, porque el automatismo irá, poco a poco, restando empleos a la masa poblacional.

El gobierno de EEUU, en su página web, señaló, en 2010, que la probabilidad de que un trabajador que gane menos de 20 dólares a la hora perderá su trabajo porque será desempeñado por una máquina, es del 83 por ciento. Los miedos de la parte conservadora de la sociedad se substancian en que, si se instaura una Renta Básica Incondicional, que es la que corresponderá, sin distinción, a todos los ciudadanos, sin previa cotización, por el hecho de existir como tales ciudadanos, entonces será la hecatombe económica: se generará una inflación que llegará a anular el valor de la propia renta básica, se desincentivará el trabajo, se estropeará la democracia porque gran parte de la población pasará a depender del Estado, los trabajos incómodos o peligrosos pasarán a quedar sin demanda, y en lo que se instaura esa Renta Básica Incondicional por países, estos serán invadidos por inmigrantes de otro países que no la ofertan, etcétera. Son todos, evidentemente, puntos que pueden ir solucionándose, y que son criticados por quienes ostentan un "statu quo" y no quieren experimentos, en una posición prosaicamente "pro domo sua".

En efecto, a cada objeción hay una solución, por ejemplo, los trabajos más incómodos y peligrosos aumentarían su demanda con mejor oferta de dinero, con lo cual alcanzarían una contraprestación más justa. El hecho que queremos destacar en esta ocasión es el de que el motivo para una Renta Básica Incondicional ya no viene a ser el de un altruismo pío, e incluso, habría que considerar a sus objetores como enemigos del buen funcionamiento del Estado de Bienestar, por pura ignorancia de lo que se le viene encima a la humanidad en un futuro casi próximo. En el Sexto Encuentro de Premios Nobel de Economía en Lindau, Alemania, organizado por la "Lindau Nobel Laureate Meetings", se han realizado sendas entrevistas a tres Premios Nobel de Economía: a Cristóbal Pissarides, Premio Nobel de 2010; a Oliver Hart, Premio Nobel de 2016; y a Erik Maskin, Premio Nobel de 2007, publicadas en la Revista XL. Los tres manifestaron gran preocupación por la incidencia de los robots y la automatización en el trabajo. Oliver Hart decía: hay que "debatir muy en serio hacia dónde nos conduce la automatización ¿Qué va a pasar si los robots hacen muchos trabajos? Grandes sectores de la población no van a tener un empleo nunca más. Y da miedo. Incluso si la sociedad acuerda que esta gente tenga un nivel de vida razonable y se crean impuestos para sufragarlo? La automatización incrementa la prosperidad. Pero hay que buscar una manera de redistribuir esa riqueza. Y compensar a los que se quedan sin trabajo". Otro de los economistas, Erik Maskin, señala que, en los países ricos, el problema es la automatización: "hay que darle una red de seguridad a la gente que perderá su trabajo porque la sociedad lo ha eliminado, te mereces una vida decente, vuelvas o no a encontrar empleo? a largo plazo, la mayoría de los trabajos terminarán siendo eliminados por las máquinas? el sistema educativo tiene que reorientarse. Ahora está orientado a preparar para el mercado laboral. Pero, si desaparece el mercado laboral, habrá que pensar otras cosas. La educación deberá enseñarnos a desvincular nuestros trabajos de nuestras identidades. Hoy por hoy, la mayor parte de la gente se ve a sí misma según lo que hace para ganarse la vida". Finalmente, Cristóbal Pissarides: "La automatización, es el reto del siglo? En este momento estamos como en la Primera Revolución Industrial, pero con una diferencia abismal: entonces los trabajadores que emigraron del campo a la ciudad lo hicieron para ganar más. Sus salarios mejoraron mucho. Esta vez no será así. Entonces también había miedo. Los artesanos ingleses destruían las máquinas que les quitaban el trabajo. Rompían los telares? Pero me gustaría dejarlo claro: los países que se resisten a la automatización, pensando que va a destruir empleo, perderán competitividad. Y se quedarán atrás". Pissarides recomienda recaudar más impuestos para reducir la desigualdad y recomienda la Renta Básica Universal, aunque racanea: nunca por encima del salario mínimo, para no desincentivar el trabajo, y una semana laboral keynesiana (Keynes lo predijo, en 1930) de 15 horas. En definitiva, la automatización y la invasión de los robots son ya la base de la próxima contradicción dialéctica histórica. Ya está aquí, y no queda otra, pues los problemas de redistribución son salvables y quedarán tan atrás como, por ejemplo, la esclavitud.

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