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La sabiduría de la inocencia

La joven cantante Lindsey Jordan lidera este proyecto con el que regresa a la esencia del rock de los sesenta y las bandas de la New Wave norteamericana

Snail Mail en directo.

Snail Mail en directo. LP / DLP

Esta segunda década del nuevo milenio pasará a la historia de la música, sin duda, por haber sido uno de las etapas más prolíficas en cuanto a la aparición de proyectos que lideran jóvenes solistas. Y los ejemplos más claros los tenemos en cantantes tan recomendables en este terreno como Chelsea Wolf, Emma Ruth Rundle, Lucy Dacus, Anna Burch o Carla Bozulich que han puesto el listón bastante alto en los últimos años.

Pero es evidente que la mayoría de ellas han partido del rock de los noventa, con cierto aroma crooner, para inyectarle algunas dosis de oscuridad y perversión a sus respectivas propuestas con una tendencia principalmente experimental. Sin embargo, se echaba en falta a una artista que abriera un nuevo frente con un proyecto algo más clásico y regresara a la esencia misma del pop, a los dorados años sesenta, con Beatles, Rolling o Animals como la base de su discurso.

Y eso es lo que representa el proyecto de esta joven estadounidenses de tan solo 19 años llamada Lindsey Jordan con su grupo Snail Mail que ha creado un discurso sustentado en el sonido elemental de pop con el único protagonismo de la guitarra, el bajo y la batería y con una voz en la línea más ortodoxa de las cantantes anglosajonas.

En este debut, Lush, la cantante sigue la línea de solistas femeninas de fuerte personalidad en los setenta como Rachel Sweet, Lene Lovich, Debbie Harry, Ellen Folley o Martha Davis. Un regreso la esencia de todo, sin malabarismos, en definitiva. Así, destaca el encanto de los Modern Lovers en la maravillosa Pristine que a su vez tiene conexiones con el primer Lou Reed . Incluso las baladas como Stick o Deep sea tienen un aroma especial ya que recupera esa fijación por la falsa austeridad que definía a The Motels en su momento.

Acompañada en este debut, por el bajista Alex Bass y el batería Ray Brown, y tras una extensa gira en la que han podido telonear a Priests, Girlpool, Waxahatchee y Beach Fossils, la joven cantante de Maryland llega a los momentos más intensos en la soberbia Golden dream que podría verse como el ejemplo perfecto de ese powerpop de la New Wave americana que recupera la onda de bandas tan exitosas en su momento como Blondie, The Knack o The Plimosuls. Y en la inicial Pristine que recuerda la segunda edad de oro del pop británico cuando Police, Joe Jackson o Elvis Costello eran la guía del sonido en boga. Una delicia, en definitiva, para los amantes del pop en su máxima pureza.

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