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La caída de La Choza

La sala de Playa del Inglés cierra sus puertas en agosto tras dos años de actividad con una notable programación

La caída de La Choza

La caída de La Choza

Dos años, dos despedidas. La sala La Choza, el templo del directo del sur grancanario que se asoma a los bajos del CC Cita en Playa del Inglés, hace semanas que activó la cuenta atrás para su cierre definitivo. Y es que la caída de La Choza no tiene vuelta atrás. Los días 18 y 25 de agosto sonarán los últimos acordes y habrá ruido generoso para despedir a un local, cuya desaparición supone un golpe preocupante a la línea de flotación de la escena del directo en la Isla. Pero como bien recuerda el todavía responsable de la sala, Roberto Pérez Lorenzo, Robe (Las Palmas de Gran Canaria, 1976), que nadie se queje ahora, que ya es demasiado tarde para enderecer un rumbo torcido, mayormente por razones económicas y de rentabilidad del negocio.

La banda sonora de la despedida, en su primera entrega del 18 de agosto, la sirven Teething, Cuchillo de Fuego, The Black Panthys Party, Awog y Malamutte; y en el segundo y definitivo adíos, el sábado 25 de agosto, con Tufe, Adrift, Otus, KLS y Föss. Pero La Choza tiene mucho por delante hasta que llegue la fecha del adiós, como el previsible histórico 15 de julio que preside el primer concierto que ofrecerá en Canarias Jello Biafra, ex Dead Kennedys, con su banda actual The Guantanamo School of Medicine, junto al grupo tinerfeño This Drama.

"En septiembre se cumplen dos años, y el cierre tiene que ver con agotamiento físico y mental por mi parte y por todos los que me rodean. Y logicamente, por agotamiento económico", reflexiona Robe Pérez. "Antes lo llevaba mejor, me dedicaba solo a programar, y tenía otra persona que se encargaba de las barras, y al no ir bien del todo el negocio tuve que comenzar a currar de noche, jueves, viernes y sábado, con todo lo que ello conlleva. Trabajaba en el restaurante también, y aquello comenzó a ser un despropósito. Si a esto le sumas que la gente tampoco iba, lo mejor era dejarlo".

Apunta Robe que la gente que le ha rodeado este tiempo en La Choza ha sido determinante para poner en marcha la sala. "No lo hubiera sacado adelante sin ellos", subraya en señal de gratitud mientras enumera buena partes de las bandas que han hecho historia en La Choza en estos dos años: "Brujería, Adrift, El Páramo, Harsh Toke, Cuzo, Lendakaris, Sonnöv y Codo por nombrar unos pocos. El más especial de todos a nivel personal, el de Okkultokrati".

Se aferra Robe a esa leyenda negra de "que condena a quien trabaja el ocio nocturno y la música en directo". Y lo dice con la firmeza que da la experiencia. "Algunos conciertos te cuestan de tres a cuatro meses de curro, me pasaba el día con el móvil en la mano, y ese dinero no te lo paga nadie", lamenta. "En esta isla es imposible, y ya sabía donde me metía, uno tiene una edad, he sido público toda la vida, he estado en grupos, y se lo que hay en esta Isla, incluso hay gente que me ha dicho que en Las Palmas me habría ido mejor, ¡ni de coña! He hecho conciertos en la capital, e igual".

Cerró Mojo Club, ahora La Choza, y la pregunta es ¿qué va a pasar en la Isla tras el verano? "Pues nada", asegura el promotor y propietario de La Choza. En su opinión, "a la gente le cuesta un mundo moverse media hora en coche hasta La Choza, hablo de público y de grupos. Es muy complicado, la gente no quiere ni descubrir. Lo petas con determinados conciertos, y poco más. En el Mojo, por ejemplo, hice conciertos grátis para que fueran cuatro gatos, con lo que da igual que sea en la capital o en Maspalomas. El Mojo duró años pero ¿por qué no hay más oferta? La gente lo quiere todo grátis. Todos se quejan, pero el público no va, hay una gran falta de cultura de conciertos".

Los músicos, a lo suyo

La reflexión de Robe dibuja a la perfección el coste y el riesgo de trabajar una sala con programación regular de conciertos. Y los propios músicos tienen, en su opinión, mucha culpa de lo que ocurre. "Los músicos solo van a sus conciertos y pasan del resto, luego se quejan de la asistencia. Se han puesto en el rol de victimas y llorones que no mola nada". Como ejemplo, el dueño de La Choza recuerda que "una vez un grupo de Las Palmas me pidió 600 euros y dietas, por ¡la larga distancia a recorrer hasta Maspalomas! Hay mucha estrella del rock, incluso alguno me ha dicho ¡avísame cuando haya gente!, o sea que te tengo que pagar y poner el público en tu concierto".

¿Y el público? "Me da igual, y aquí por la mayoría van a pagar unos pocos, que son a los que les gusta de verdad, y yo no lo puedo seguir manteniendo".

Sin rencor, las fuerzas no dan para más. Cuenta Roberto Pérez que "todos los grupos que he traído es porque me han prestado el dinero para adelantarlo, no tenía dinero. Pagaba el 50 por ciento [del caché] más los billetes con dinero prestado, que luego recuperaba, aunque nunca gané dinero. Cuando lo recuperaba, se lo devolvía al colega que me lo había prestado, y para el siguiente concierto, lo mismo".

El futuro de La Choza pasa por otras manos, y Robe, días atrás cuando se hizo esta entrevista, manejaba alguna oferta. "Está por ver que se mantenga la marca, hay gente del Sur, de los negocios que están en el centro comercial, pero también otra persona que quiere seguir con una sala de música en directo, a la que dará otro enfoque. Y entonces podría hacer un par de conciertos al año, y me desentendería del garito y lo que supone. No se si seguirá con el mismo nombre, y la verdad es que me da igual".

No renuncia Robe a seguir trabajando con grupos nacionales e internacionales una vez se despida de la sala. En este sentido, apunta que "podría quedar más liberado, y seguir haciendo cosas. Quieras o no, el haber traído a grupos como Mono, Hamlet o Lehendakaris Muertos, o Church of Misery y Jello Biafra, eso abre muchas puertas, y gracias a ello, La Choza se ha posicionado en el mercado por la dinámica de conciertos y los artistas que se han programado desde su inauguración". En el horizonte está Jello Biafra, porque "es morir matando, vamos a darlo todo", sentencia Robe.

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