Fue hace poco más de un año cuando los productores Frank Marshall -que trabajó como manager de producción al comienzo del rodaje- y Filip Jan Rymsza pudieron por fin retomar un proyecto que parecía maldito. Fue tras nueve años de esfuerzos para poner de acuerdo a los herederos del director de Ciudadano Kane o Sed de mal, y de los inversores de la película para que les permitieran hacerlo, explicó ayer Rymsza en Venecia, donde el filme se presenta en proyección especial.

Había una disputa legal en Francia por los derechos del material rodado por Welles, por lo que Rymsza empezó contactando con la actriz Oja Kodar, que participó en el filme también como coguionista, y a través de ella con Beatrice, hija del cineasta. "El objetivo era que todos estuvieran de acuerdo para poder acabar el filme", explicó el productor. Finalmente se solucionó y el año pasado pudieron empezar a examinar el material dejado por Welles. Había 100 horas de imágenes rodadas en un periodo de seis años y Welles había editado casi totalmente 40 minutos y tenía otra parte de hora y media iniciada, con un hueco en el medio que es el que han tenido que rellenar, explicó el montador del filme, Bob Murawski.

Una primera versión de 180 minutos dejó pasó a la final de 122, que es la que se ha presentado en Venecia. Cuenta la historia de J.J. Jake Hannaford, un realizador de películas eróticas interpretado por John Houston que trata de realizar su última cinta. Eran los años setenta, el momento más álgido de la psicodelia y Orson Welles se metió a fondo en ella con un filme que va saltando de un personaje a otro con un trasfondo de locura continua, mezclando las imágenes de las películas eróticas de Hannaford con las del ambiente que rodea al director en la realidad del filme.

Peter Bogdanovich, Susan Strasberg, Dennis Hopper, Lili Palmer o Claude Chabrol son algunos de los rostros conocidos que se pusieron a las órdenes de Welles y, en la mayoría de los casos, interpretaron a personajes réplica de ellos mismos.

Una locura extravagante, con destellos brillantes, pero que se queda en una serie de retazos, muchas veces inconexos, que poco tiene del legado de Orson Welles.