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El cacao mental de EE UU en una obra de Donna Summer

Poeta y agitador cultural, Andrew Durbin, sureño instalado en Nueva York desde que en 2008 iniciara sus estudios universitarios, se estrena en la novela con MacArthur Park. Los expertos del compás recordarán que ese es el título de una balada que, en la versión de Donna Summer, lo petó en 1978 y valió a la reina del disco su primer número uno. No es de extrañar, pues, que algún crítico haya calificado esta obra como la que mejor recrea la escena de los clubs gays neoyorquinos de la última década. Pero MacArthur Park es mucho más. Ambientada durante y después del paso por la Gran Manzana del huracán "Sandy" en 2012, Durbin vierte en sus líneas toda la incertidumbre que se abate sobre Estados Unidos y algunos salvavidas que permiten mantenerse a flote a quienes no se resignan a la zozobra. Lograda mixtura de ficción y ensayo cultural, MacArthur Park es retrato, espejo y manual de entendederas.

Tras una larga carrera cinematográfica, que inició cámara en mano a las órdenes de Borau, Saura o Camus, el madrileño Nicolás Muñoz se estrenó en la novela hace una década con Cenizas, pieza de aristas cortantes en la que el desplome de la vida de un cuarentón se acompasa al largo incendio del edificio Windsor. Una década más tarde, Muñoz ofrece Descendientes, volumen en el que la identidad, el paisaje social y el encaje afectivo del individuo siguen marcando la senda. Descendientes transcurre entre un presente narrativo habanero y una infancia tardofranquista que se pone en marcha, y a la vez se clausura, con el secuestro del padre, un joyero adinerado. Con prosa precisa y despojada de brillos fatuos, Muñoz se pasea por la década de los setenta con mirada de niño conmocionado y, ya convertido en padre, por una decadente Habana que refleja los vaivenes de su propia decadencia e incertidumbre.

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