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Un minimalismo acústico y sereno

A medida que pasan los años esta banda de country alternativo ha ido suavizando su discurso hasta llegar a la austeridad acústica que recoge este onceavo disco. Se trata de uno de esos trabajos para escuchar tranquilamente, de calado intimista, que sólo muestra algo de electricidad en el arranque oscuro y pantanoso ( Hideous bleast) y en la tensión final ( Trail's end). El resto incluye desde esencias de crooner contemporáneo ( Do no harms) hasta un neofolk minimalista ( All we have left), pasando por el soul moderno cercano a Lambchop ( I could not). Eso sí, la voz de Robert Fisher conserva esa extraña fusión entre los estilos de Cale y Cash.

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