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Entrevista | John Carlin

"El contexto político de España hoy hace necesario reflexionar sobre Mandela"

"Fue un brillante y eficaz líder político, con lo cual quiero decir que tenía un gran poder de persuasión", explica el escritor y periodista

"El contexto político de España hoy hace necesario reflexionar sobre Mandela"

"El contexto político de España hoy hace necesario reflexionar sobre Mandela"

Su conferencia El artesano de la reconciliación sitúa a Nelson Mandela como la persona que fue capaz de aunar voluntades en Sudáfrica y conducir a una reconciliación política en una sociedad castigada por el odio racial. El relato que usted glosó en el libro El factor humano (2008), que fue el soporte de la película Invictus (2009), dirigida por Clint Eastwood. ¿Qué papel jugó Mandela en este proceso?

Creo que el contexto político español hoy hace que hablar sobre Mandela sea más relevante de lo que hubiera pensado hace tres o cuatro días, como consecuencia de lo que ocurrió en Andalucía. De repente, tengo la sensación de que estamos entrando en una etapa algo oscura en España, y si no oscura por lo menos una etapa en la que se ve un creciente abismo entre gente de derechas e izquierdas, que el país va a estar más dividido que en mucho tiempo, esa es la sensación que tengo. En este contexto, algo preocupante, creo que es interesante y necesario reflexionar sobre Mandela, una persona que supo construir puentes a través de un abismo mucho más ancho que el que vemos en España hoy en día. Las enemistidades políticas en Sudáfrica eran tales que las condiciones estaban ahí para una terrible guerra civil, y además terrible por líneas raciales. Si no hubiera sido por Mandela no es descartable ni exagerado que Sudáfrica podría ser lo que es Siria hoy. Muchas veces hay gente admirable que logra contribuir a que acabe una guerra, y él fue más allá: evitó que una guerra empezara. Hay una tendencia a canonizar, a santificar a Mandela, y ese no es el tema, sino que fue un brillante y eficaz líder político, con lo cual quiero decir que tenía un gran poder de persuasión. Un político democrático a lo que aspira es a persuadir, convencer a la gente de que siga su camino, y Mandela lo logró no sólo con su propia gente, hubo un trabajo de convencimiento para que no se utilizara la venganza con sus enemigos, gente que quería verle muerto y que acabaron siendo sus fieles discípulos.

Usted conoció a Mandela. ¿Es la historia de Mandela la de un hombre que supo perdonar?

Bueno, perdonar es una palabra que se usa mucho y quizás lo más acertado sea decir convencer a la gente de que conviva en paz. Pedir que la gente perdone algo tan terrible como el apartheid es complicado, y habrá gente muy especial que lo hará. Mandela era una persona muy pragmática, él veía lo que era posible y lo que no. El veía por ejemplo, lo que soñaban algunos líderes negros de echar a todos los blancos del país, que era una locura; primero por el impacto económico, y segundo porque iba a generar una contrarrevolución. Buscaba un término medio y tuvo una visión muy clara de lo que era posible, y fue muy práctico. Perdonó en el sentido de que mucha gente que se merecía cárcel no fue a la cárcel, porque precisamente si ibas por el camino del castigo ibas a provocar una situación muy peligrosa. Tomarse la venganza sería una satisfacción a corto plazo.

No vamos a utilizar las mismas armas que el enemigo.

Exacto, vamos a intentar pensar más en el que futuro que en el pasado. Por ejemplo, entre Israel y Palestina ha habido cantidad de intentos de lograr la paz pero siempre se hunde en el barro de los resentimientos históricos. Pensemos en las siguientes generaciones, hagamos borrón y cuenta nueva, y de cara al futuro sentar las bases de la democracia y la paz. Hoy en día Sudáfrica sigue en paz y es un país democrático, ese fue su objetivo, y lo logró ganándose a sus enemigos. ¿Y cómo lo hizo? En base primero con el respeto, no solo con sonrisas y demás, sino un respeto muy tangible en el sentido de que sus enemigos vieron que Mandela hizo un esfuerzo para entenderles, para meterse en su piel, cuáles era sus miedos, a qué aspiras, ganar su confianza y buscar un plan en el que todos tuvieron que ceder un poco para que todos salieran ganando. Y este tipo de forma de pensar política me gustaría verlo más en España.

¿El deporte, en este caso el rugby y el Mundial de 1995, fue determinante para la normalización política del país?

Yo no sé si el deporte va a tener siempre esta utilidad, lo que pasa es que Mandela fue un genio de la política, y en el Mundial de Rugby de 1995 un político normal y decente habría pensado que esto era muy complicado, un deporte que no se vive, y lo más normal habría sido que este político se metiera un mes en la cama, y al despertar esperase que no hubiera pasado nada. Pero Mandela donde había un símbolo de división veía una oportunidad de unir a la gente. Hay que tener una audacia muy especial para hacerlo. Por eso no sé si el ejemplo de Mandela con este Mundial del 95 sea fácilmente replicable. Tú dijiste la palabra determinante, yo diría que fue como la guinda del pastel. Lo que Mandela logró ese día no fue algo que ocurrió de manera aislada, fue como la consumación de un trabajo de muchos años, pero sí que tuvo un impacto enorme en el país porque como dijo una vez Mandela, si crees realmente convencer a la gente, apela a los corazones, no tanto a las mentes. A través de los símbolos, de himnos nacionales y de estas cosas llegas a los corazones de la gente.

Dice que el personaje de Mandela tiene una rabiosa actualidad por el escenario político que retrata a España. Usted tuvo problemas con el diario El País y fue despedido por un artículo sobre el conflicto catalán. ¿Qué percepción tiene de un país donde emerge la ultraderecha y surgen conatos separatistas como en Cataluña?

El tema catalán, como sabrás, es un tema que a mí me interesa mucho, y fue la causa de mi despido de El País, efectivamente. He vivido en Barcelona y conozco muy bien el tema, y considero que si Mandela hubiera estado en el lugar de Rajoy hace cinco o seis años hubiera resuelto el tema en un par de semanas. Básicamente utilizando las armas que estaba contando ahora: meterse en la piel del otro, buscar el respeto, dialogar. No habría sido muy difícil hacer eso, y es un error pensar que todo esto del auge del independentismo se debe a la brillantez de Puigdemont. Por un lado, se dice que es un cretino y por otro que es un genio de la política, que en diez años ha logrado que el voto independentista vaya del 15 al 50 por ciento. En gran parte porque desde Madrid echaron leña al fuego cuando era muy fácil apagar eso. Este impulso, el instinto que tenía Mandela de buscar cosas en común con tus enemigos, no ocurre en los gobiernos españoles, que se buscan muchos líos facilmente evitables y terriblemente innecesarios.

Volviendo al deporte, la final de la Copa Libertadores se celebra el domingo en el Santiago Bernabeu, en Madrid. ¿Le sonroja la espiral de violencia que preside el fútbol argentino?

Me causa sonrojo porque viví muchos años en Argentina y como sabrás soy de padre británico y madre española, y tengo parte de argentino. Vivo lo ocurrido en Argentina con cierta vergüenza, pero teniendo en cuenta lo locos que están en el fútbol argentino, la ferocidad en la rivalidad entre Boca y River, y si le sumamos el factor narcotráfico que hay metido en las Barras bravas, y le agregamos la corrupción policial, entonces quizás uno puede extraer un mensaje no tan pesimista, incluso dar gracias de que esto no fue a más y no hubo ningún muerto. Confío en que no haya problemas en el partido en el Bernabéu. Las Barras bravas no van a volar todos en masa a Madrid, habrá coordinación policial , y creo que será un partido normal. Y cuando digo normal lo digo porque el nivel no es muy bueno, desprovisto de toda esa emoción en las gradas que vende la Bombonera, es un fútbol bastante pobre, y puede que la hinchada del Bernabéu se queje del juego del Madrid, pero eso es ballet comparado con lo que va a ver en este Boca-River.

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