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Entrevista Mercedes Benz Fashion Week

Maison Mesa: "Detrás de una prenda barata hay gente que la paga, y con cosas peores que con su dinero"

El diseñador Juan Carlos Mesa presenta colección en la Fashion Week madrileña después de trabajar con Ágatha Ruiz de la Prada

Tras quince años trabajando bajo el abrigo de Ágatha Ruiz de la Prada, Juan Carlos Mesa (Madrid, 47 años) debuta en la Mercedes Benz Fashion Week con una colección con la que promete no dejar indiferente a nadie. Después de que Miley Cyrus o Lindsay Lohan apostasen por algunas de las prendas que diseñó como director creativo del imperio construido por una de las diseñadoras más internacionales de la moda española, el modisto madrileño ha decidido dar rienda suelta a ese personal universo que lleva dentro y que no ha dejado de forjar desde su infancia.

Procedente de una familia muy numerosa, le tocó compartir armario con su hermano pequeño. Ahí fue cuando descubrió su propio estilo. "Él es muy seriecito y yo muy salvaje. Ahí me di cuenta de que somos nosotros quienes les damos la personalidad a las cosas, porque las cosas son cosas. Eres tú quien tienes que adaptarlas a tu estilo", subraya el alma mater de Maison Mesa, una firma en la que la transgresión y el riesgo se dan la mano. En estos momentos, nos cuenta, se encuentra "aceleradísimo", preparando los últimos detalles de su desfile hoy en Matadero Madrid.

-Hace poco más de un año decidiste lanzar tu propia firma, Maison Mesa, ¿qué fue lo que te motivó a salir de ese abrigo de Ágatha Ruiz de la Prada en el que llevabas tantos años?

-¡Ay sí, tan cómodo y tan feliz! Con Ágatha me hubiera quedado toda la vida, porque además te da libertad absoluta y te deja hacer todos los delirios que se te ocurran. Tenemos millones de coincidencias pero también hay millones de cosas que son mías propias, personales, y que nunca había contado. He hecho en Ágatha los quince años más maravillosos de mi vida. Los he disfrutado una barbaridad pero lo sentía en mis tripas, era algo que tenía que hacer.

-Quince años de matrimonio profesional con ella, ¿qué has aprendido de ella?

-Soy fan total de Ágatha, siempre lo he sido. Hemos estado quince años pegados como lapas, tenemos muy buena relación. Nos conocemos a la perfección y estamos en la gloria. Para mí es como si fuera mi hermana mayor.

-Otra de las personas que más han influido en tu carrera es Jesús del Pozo, ¿de qué forma te marcó trabajar con él?

-Fue mi primer 'maestrazo' gigante. Fueron cuatro años maravillosos en los que aprendí una barbaridad. Para mí tanto Jesús como Ágatha son dos de las personalidades más grandes en el diseño de moda en España, de los más internacionales y reconocidos. Me han llenado de información, calidad, trabajo y satisfacción y siempre me han dejado mucha mano libre a la hora de trabajar y sólo tengo admiración y respeto hacia ellos.

-En el pasado también trabajaste para grandes cadenas como Blanco y Springfield, ¿cómo recuerdas esta etapa?

-Sí, la vida es así. En esa parte industrial también me he divertido mucho porque me gustan las tendencias. Lo que más me llama es un mundo de creación, pero luego, lo que más me vuelve loco es hacer ocho mil millones de camisetas y salir a la calle y ver a 500 personas con ella. Es emocionante. Te llena de una satisfacción que la alta costura no te da, te da otros gustos distintos, pero creo que las dos cosas son perfectamente compatibles. A todo el mundo le gusta tener un vestido de fiesta y sentirse una diva una noche y al día siguiente estar cómoda en tu casa con unas zapatillas gastaditas. Y con las dos cosas eres igual de feliz.

Consumo consciente y responsable

-¿Qué opinas de las grandes cadenas de ropa? ¿Picoteas de vez en cuando o eres contrario a alimentar esta moda low-cost de usar y tirar?

-La uso. Lo que soy es contrario al abuso y a la injusticia. Por ello es importante que todo el mundo tenga acceso a la comida, a la ropa... y para eso tiene que haber una serie de industrializaciones que nos permitan adquirir productos económicos. De ahí a que se explote a la gente y que se hagan productos con injusticias... Cuando vemos una cosa tan excesivamente barata, todos sabemos perfectamente lo que hay detrás. No podemos comprarnos un vestido de noche a diez euros. Alguien está sufriendo en esa cadena, seguro. Eso es lo que a mí me parece mal. No que se haga ropa barata en cadena, porque todo el mundo debe tener acceso a poder vestirse con lo que quiera, pero lo que se convierte en un delirio es que podamos tirar la ropa cada tres meses, que no aprovechemos las cosas, que compremos producto barato sólo por comprar y sobre todo que compremos un producto barato sabiendo que detrás hay gente que lo paga, y con cosas peores que con su dinero, por supuesto.

-Porque saberlo lo sabemos, pero parece que preferimos mirar para otro lado...

-Pero no hay que ser tonto, porque dentro de una tienda de ésas, si voy a Zara o a H&M, no todas las prendas que se hacen ni todas las grandes cadenas están todo el día machacando a niños en China. No es verdad, pero sí sabemos que hay productos que no se deben comprar. Evidentemente tiene que estar controlado por quien tiene que controlarlo, pero también está un poquito en nosotros. No quiero culpabilizar a la gente normal, porque suficiente tiene con dar de comer a sus hijos, currar todo el puñetero día, volver a casa y así al día siguiente y al siguiente, pero es verdad que todos podemos hacer un pelín de autocontrol.

-¿Qué tipo de personas acuden a tu atelier en el centro de Madrid?

-De todo tipo. Tengo personas mayores, jóvenes, punkies, serias... Creo que las cosas bonitas no tienen edad, se hacen con emoción y uno lo que tiene es que sentirlas. Es emocionante no tener esos límites y hacer cosas bonitas para la gente.

-Después de vestir a artistas como Miley Cyrus o Lindsay Lohan bajo la firma de Ágatha Ruiz de la Prada, ¿a quién sueñas con vestir ahora?

-Uffff (risas). ¡Sueño con vestir a todo el mundo, eso me encantaría! Estoy haciendo lo que para mí es bonito e ideal y pienso que mucha gente se identifica con eso. Si eso lo siente Manolita Pérez pues genial y si lo siente Madonna pues más genial todavía (risas). Lo bonito es que tu producto le emocione a una persona, porque si sale no sé quién y se lo pone porque se lo ha dicho la estilista y lo tiene que hacer pues me hace mucha menos ilusión que si mi vecina de abajo llora cuando se pone un vestido mío.

Un armario muy ecléctico

-¿Qué piezas componen tu armario? ¿Te gusta renovarlo con frecuencia?

-Mi armario es muy variado. Tengo desde mil corbatas hasta mil camisetas punkis destrozadas. Ahora soy más viejuno y estoy más gordito, así que me entran menos cosas, pero conservo prendas desde que era joven. También incorporo cosas nuevas. Soy consumidor, pero no de tendencia, sino de cosas que me van llamando la atención.Va a depender del dinero que tenga en ese momento.

-¿Cuál es esa prenda fetiche de la que ni loco te desprenderías?

-Uy sí, tengo camisetas que para mí son imprescindibles. Tengo una de 'Siouxsie and The Banshees' que es la primera que me compré, y otra de 'Dinarama y Alaska' que adoro. Son mis camisetas fetiche que jamás tiraré, aunque no me entren en un dedo.

Un desfile con mucho 'power' femenino

-¿En qué te has inspirado para tu nueva colección, 'Las Vampiras'?

-Soy fan de la estética de los 70 y me encantan las películas de terror. Esta colección está inspirada en 'Las Vampiras' (Vampyros Lesbos, 1971), de Jesús Franco, una película de terror erótico bastante onírica y surrealista. Es muy icónica y para mí tiene un simbolismo especial. La vampira tiene una belleza eterna y es una mujer que además en esta película es poderosa por sí misma, sin necesidad de que un hombre le otorgue ese poder, porque ese planteamiento siempre me ha parecido terrible.

-¿Qué podremos ver sobre la pasarela?

-Una mujer libre, con ropajes amplios, románticos, geometrías, naturaleza, sedas naturales, mikados, lanas, paños... en prendas cómodas y con volumen. Son diseños atemporales pero a la vez modernos, vanguardistas y arriesgados, sin perder, por supuesto, sensualidad y sexualidad, que también forman parte de ese poder femenino.

-¿Te sientes cómodo con la etiqueta de 'enfant terrible' de la moda española?

-Me siento cómodo con todas las etiquetas, la verdad. ¡Que me pongan mil etiquetas, no me importa! Me gusta. Es la opinión de cada uno y nunca me ha molestado. De hecho, una de las cosas que más me divierte en los desfiles es mirar las críticas, incluso las malas. A veces es estimulante y a veces irritante, pero provoca sensaciones, que al final es de lo que se trata. Cada uno tiene su derecho a opinar, mientras que no se raye en el insulto y en la falta de respeto me parece genial.

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