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Aprendamos a mirar con los ojos

María Sánchez realiza en su obra 'Tierra de mujeres' una reivindicación de las campesinas

Aprendamos a mirar con los ojos

Aprendamos a mirar con los ojos

Desde la celebración masiva del Día Internacional de las Mujeres el 8 de marzo de 2018, se ha avivado el interés por implementar los espacios hasta ahora "vacíos" de las mujeres en las distintas actividades humanas. En este momento ya es prudente, afortunadamente, llamar la atención sobre el papel de las mujeres en todas las ramas de la Ciencia y la Tecnología, e incluir los nombres propios que fueron silenciados. Lo mismo sucede con el Deporte, con la Economía y con las diferentes manifestaciones en el Arte, la Música y las Humanidades en general.

Ahora que declararse feminista ya no supone exponerse al escarnio de nuestro entorno y que, poco a poco, se va queriendo entender lo que dicho sustantivo significa, la pregunta "¿Y dónde están las mujeres?" se ha hecho visible y obvia. Dicha pregunta es el motor de las respuestas que están dando un giro a la explicación simplista de nuestra historia occidental. Ya en 1929, en Una habitación propia, se preguntaba Virginia Woolf dónde estaban las mujeres, que no aparecían en la historia de la literatura, y veinte años más tarde, en 1949, Simone de Beauvoir escribió El segundo sexo al buscar el hacer de las mujeres en la historia del pensamiento.

La investigación de las feministas, tanto autoras como académicas, del último medio siglo, ha puesto de relieve la importancia de los afectos, tan denostados históricamente. Este aspecto "femenino" de la humanidad es reconocido ahora como fundamental en la construcción de las subjetividades, en igualdad con la razón, que siempre había sido característica únicamente "masculina". Aún estamos trabajando para que razón y afectos se fundan en la medida que cada persona quiera o pueda potenciarlos para definirse, pero el trecho andado es ya considerable y está inscrito, esperamos que de manera indeleble, sobre la andadura de la humanidad.

Así las cosas, María Sánchez, veterinaria de campo y de familia campesina, se puede preguntar, en Tierra de mujeres, dónde estaban éstas, si en todos los libros sobre el campesinado y en todas las fotografías sobre el mundo rural "siempre eran hombres los que posaban con sus animales, siendo protagonistas, dueños, cuidadores". Sánchez subtitula su libro "Una mirada íntima y familiar al mundo rural" y, a través de los afectos, puebla su narrativa de mujeres labradoras, ganaderas, artesanas, queseras, agricultoras, a un paso de poder ser oficialmente consideradas botánicas y farmacéuticas, entre otras capacidades.

Sánchez, a la manera de John Berger, parte de una visión diferente de las fotografías de su historia familiar, e, indagando sobre la subjetividad de sus antepasadas, reconstruye una saga de abuelas, bisabuelas y tatarabuelas silenciadas e invisibles, algunas ya innominadas, pero fundamentales para la economía agraria de la familia. Descubre Sánchez una genealogía de mujeres en la sombra, pero que constituyeron una "arteria inherente a la casa".

Así pues, se pregunta la autora "¿por qué hemos normalizado que ellas fueran apartadas de nuestra narrativa y no formaran parte de la historia? ¿Quién se ha apoderado de sus espacios y su voz?". La contestación la ofrece ella misma unos párrafos después, porque "lo importante, las noticias, siempre venían de la voz masculina. Porque nos contaron que sólo trabajaba el hombre, él era el que merecía descansar".

"¿Cómo se escribe sobre lo que no se valora?". Hoy es más fácil dar respuesta a esta pregunta: ahora que vemos lo que antes se nos ocultaba, es posible escribir sobre ellas, devolverles las historias que les hurtamos "sin inmutarnos". Sánchez busca, como miles de feministas que le precedieron, "una narrativa que descanse sobre las huellas de todas las que se rompieron las alpargatas pisando y trabajando, a la sombra, sin hacer ruido", para que las reconozcamos, las nombremos y puedan, así, empezar a existir.

Desde unas líneas de un poema de Nathan Alterman, "me has colocado a los pies de los vivos / y a la cabecera de los muertos", María Sánchez construye una historia muy bien hilada que recupera varios siglos de actividad de mujeres campesinas que activan nuestra anquilosada memoria.

Este libro es especialmente interesante para nuestra comunidad, porque inscribe la voz de las mujeres rurales en un momento en que se está reclamando atención política hacia el despoblamiento y sus causas: la progresiva falta de servicios sanitarios, educativos, económicos, culturales y de infraestructuras (accesos físicos e internet). Sobre todo ello se escribe también en Tierra de mujeres.

Hace unas semanas se proyectó en televisión el documental, El parque humano, de Tom Fernández, un alegato del invaluable trabajo ejercido en el entorno natural por quienes se dedican al pastoreo en los Picos de Europa, de la necesidad de que se atiendan sus demandas y se asegure su futuro. En él aparecía una pastora, Carmen Remis, de ideas y expresión muy articuladas, que podría ser parte integrante del libro que reseñamos. Pero en otro documental de intención semejante a El parque humano, Donde el hombre acaricia el cielo, emitido el pasado otoño en la televisión de Castilla y León, el propio título invisibiliza a todas las pastoras que forjaron los Picos como los conocemos y disfrutamos hoy en día. El uso del lenguaje no es neutral, ni ingenuo, sustituyamos "el hombre" por "las personas" para que todo el mundo pueda acariciar el cielo.

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