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La artista como etnógrafa

María Laura Benavente Sovieri reproyecta la Sala Altavida como un teatro de la memoria de Las Palmas de Gran Canaria en la exposición 'No soy de aquí'

Aspecto de la exposición 'No soy de aquí'.

Aspecto de la exposición 'No soy de aquí'. mariano de santa ana

En su ensayo "El artista como etnógrafo" el historiador del arte Hal Foster destaca, entre las razones que han convertido a la antropología "en lingua franca de la práctica artística", el hecho de que tome a la cultura como objeto, su carácter de árbitro de lo interdisciplinar y la consideración de la etnografía como contextual. Todos estos aspectos fundamentan la producción de María Laura Benavente Sovieri (Buenos Aires, 1979), que ha realizado un meticuloso trabajo de campo sobre las implicaciones alegóricas de la antigua Sala Altavista de Las Palmas, hoy Full Gospel Las Palmas Church "Iglesia Coreana", cuyo resultado muestra en la exposición No soy de aquí del Ateneo de La Laguna.

No soy de aquí, ni soy de allá. Hubo un tiempo en que Julio Iglesias llevó en su repertorio esta canción, compuesta por Facundo Cabral, cantautor de referencia de la izquierda latinoamericana de los setenta. El crooner fue una de las muchas estrellas que cantaron en la Sala Altavista, inaugurada en 1964, pero en su exploración etnográfica Benavente no ha encontrado el dato que acredite que Iglesias interpretó en el restaurante y nightclub de Ciudad Alta este tema del que toma su título la muestra. Por lo demás no es esta la única laguna de su trabajo porque éste, justamente, versa sobre la memoria y el olvido, y está construido a base de recuerdos personales, entrevistas a propios y extraños, fotografías hechas por la artista, pesquisas en hemerotecas, archivos, el blog de la Iglesia Coreana y la página de Facebook Ayer y hoy de Las Palmas, y fotogramas y fragmentos de películas, así como guías, discos, postales, folletos, posavasos y otros objetos adquiridos en Todocolección y en librerías de viejo. Todo ello con el propósito de reproyectar la Sala Altavista como teatro de la memoria de Las Palmas.

Aunque las ciudades son una de las principales obsesiones de los artistas modernos, por alguna razón difícil de explicar, las urbes canarias han recibido escasísima atención artística, circunstancia que hace aún más interesante ésta de por sí interesante etnografía urbana de María Laura Benavente. La artista nació en Buenos Aires, ciudad mucho más populosa y considerablemente más atendida por los artistas, pero con dos años y medio, justo cuando se inauguraba la Iglesia Coreana, se trasladó con su familia a la capital insular, para finalmente instalarse en Tenerife. Con el tiempo la impronta mental de este episodio biográfico se le ha acrecentado en forma de pregunta sobre dos factores cardinales del sentimiento de pertenencia, el lugar y el recuerdo ancestral, que cuando se disocian pueden acrecentar la extrañeza inherente de los individuos en su relación con el mundo.

Para mitigar esta inquietante extranjería el ser humano ideó construcciones como lo sagrado, la fiesta y la propia ciudad, que convergen de manera especialmente singular en el edificio, núcleo gravitatorio del trabajo de Benavente, pues, si no es frecuente en el Occidente secularizado que una sala de fiestas se convierta en iglesia ?menos aún en una iglesia coreana-, su forma de corona sobre una loma con dominio panorámico de la ciudad baja, según la proyectó el arquitecto Andrés León Boyer Ruiz-Beneyán, hacen que hoy la Full Gospel Las Palmas Church, en tiempos recinto para el cachondeo profano, realce la ciudad con una majestuosidad desconcertante.

Considerado en su momento un edificio hortera, y actualmente admirado por su deuda con el expresionismo -la cara organicista de la arquitectura moderna reprimida por la ortodoxia funcional-, en la Sala Altavista actuó en sus años crepusculares una amante de Le Corbusier, Josephine Baker, "La venus de bronce", "La perla negra", "La diosa criolla", la musa de la negrofilia parisina de los años treinta. Donna Hightower, Matt Monroe, Mayra Gómez Kemp, Los Tres Sudamericanos, Rafael, Marujita Díaz, Rocío Jurado, Lea Zafrani, Salomé, The Delta Rhythm Boys y The Harts of Soul, como ha investigado Benavente, también mostraron sus mejores, o peores, dotes en este recinto, que lo mismo acogía una cena de gala de militares que recibía a un grupo de pigmeos yé-yés de Madagascar como Los Surf.

El montaje de imágenes y textos de este proyecto, que es una obra en marcha, invita a lecturas proliferantes y potencialmente infinitas, en las que junto a las referencias musicales, se incide en el snobismo con la cocina francesa de la Sala Altavista, la efervencia discotequera de Las Palmas entre los sesenta y setenta, la película Días Maravillosos (1964), con Cliff Richard y Los Shadows, que en un contraplano aparecen en una tartana con la Sala Altavista al fondo, los turistas nórdicos y los marinos de la flota pesquera coreana con base en el Puerto de La Luz. Hay en la muestra latencias, narraciones íntimas, como el reverso de una postal escrita en sueco, y detalles ínfimos con gran poder detonador, como una caja de cerillas que publicita la Sala Altavista "el marco más suntuoso de Las Palmas" con la silueta de E. Lorenzo su "Director-Arrendatario".

Cuando Andrés León Boyer Ruiz-Beneyán proyectó la Sala Altavista trazó en la planta una figura que evoca el símbolo del yin y el yang. Naturalmente nunca imaginó que años después el edificio se convertiría en una iglesia para el culto de cristianos evangélicos de Corea, un país que tiene un yin-yang en su bandera. Ayer, referencia para Las Palmas por sus pescadores, hoy referente mundial de la cultura pop, Corea suena en su templo de Las Palmas a ritmo de góspel, esa música que en los sesenta salió de las iglesias para electrizar las pistas de baile de todo el mundo.

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