Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Los buscadores del olvido

Aficionados isleños a la exploración urbana de lugares abandonados muestran la práctica documental con una inspección en la capital grancanaria l Signos satánicos en la Casa del Niño

18

Exploración urbana de lugares abandonados

"Deja solo huellas, toma solo fotografías", resume, y cumple, la principal regla de la "filosofía urbex" (acrónimo de las palabras inglesas urban y exploring) el diseñador gráfico y fotógrafo italiano Francesco Petruccioli, de 42 años y vecino de Playa Honda (San Bartolomé, Lanzarote), en la última de las ocho plantas de la torre de la Casa del Niño, el orfanato abandonado entre los barrios de San José y Zárate de la capital grancanaria. Hasta ahí sube esta semana junto a su compatriota Davide Felici, de 37 años y residente en Arrecife, porque otra norma básica de la exploración urbana de lugares deshabitados desaconseja la infiltración en solitario por seguridad personal, mera prevención ante riesgos como caídas o desprendimientos accidentales y animales o individuos agresivos.

"Estaba con mi novia en la azotea de un hotel abandonado y con la estructura inacabada en Adeje (Tenerife), frente al océano, pero escuché ruidos y, al asomarme, vi a dos chicos que habían roto un cristal del coche, por suerte, no se llevaron nada", recuerda Petruccioli, fundador de la web Urbex Canarias, portador como su compañero de una pesada mochila con caros equipos de fotografía y vídeo. También cumple con Felici en esta ocasión la regla urbex al ingresar en una propiedad privada.

"Es importante no llevar ninguna herramienta, por ejemplo, para romper un candado, por si te para un policía o guardia civil, es un acto ilegal y conlleva sanciones", advierten los conejeros transalpinos antes de añadir: "Nunca nos pasó, la verdad, ni escuché a amigos o gente urbex que tuviera problemas". Por si acaso, también quedan las fotos o vídeos como prueba exculpatoria.

Un secreto con excepción

Un secreto con excepciónAunque se hallan tapiados los principales accesos a la Casa del Niño, en el paseo San José, la pareja de urbex rodea el recinto propiedad de varias administraciones públicas en busca de una vía libre, incluso pregunta en un club deportivo anexo al viejo orfanato sin apenas éxito.

Al proseguir el recorrido, de repente, aparecen dos adolescentes sobre la azotea de un pabellón que indican a gritos el camino hacia una grieta del muro perimetral, bingo, pero con trampa... "No es normal encontrar gente dentro ni venir al mediodía, mejor temprano o por la tarde, pero sí solemos preguntar a la gente de la zona, al viejito que encuentras en un bar o a la señora que pasea por ahí, alguien puede ayudar siempre", relata Francesco sobre la inusual exploración en el complejo aún perteneciente al Patronato Benéfico Asistencial Casa del Niño, integrado por la familia Del Castillo como propietarios originales del terreno capitalino junto a los gobiernos estatal, autonómico e insular y participación en algunas reuniones tanto del Obispado de Canarias como de la corporación municipal.

Además, la última norma versa sobre el secreto geográfico, es decir, no revelar nunca la ubicación. Toda regla, no obstante, tiene su excepción ya que se permite informar de localizaciones dentro de la misma comunidad urbex y, sobre todo, si los sitios ya resultan conocidos entre la mayoría de la gente o sufrieron el vandalismo de una minoría.

De hecho, el profesional autónomo de diseño gráfico y marketing digital muestra en su teléfono móvil las indicaciones recibidas por mensajería instantánea de un urbex grancanario. "Aún resulta una práctica minoritaria, de nicho, pero hay mucha más gente que antes, en Canarias conocemos a cinco o seis más con perfiles en Instagram, se suele colaborar en la comunidad, pero depende de la persona, alguien prefiere guardar su descubrimiento", argumenta Petruccioli en referencia a la habitual difusión de fotografías y vídeos a través de internet, también mediante otros sitios como Youtube o Facebook.

A la vista de todo el mundo sobre la principal vía interurbana, sin olvidar sus continuas apariciones mediáticas por supuestos efectos paranormales, el orfanato diseñado por el arquitecto Miguel Martín-Fernández de La Torre (Las Palmas de Gran Canaria,1894-1979) se incluye, por tanto, entre las excepciones de la última regla urbex, vandalismo incluido. Proyecto desarrollado de 1938 a 1945, en coincidencia con el final de la Guerra Civil y el inicio de la dictadura franquista, la Casa del Niño dispone de una superficie aproximada de 80.000 metros cuadrados y su estilo arquitectónico se enmarca en la corriente racionalista, con dos pabellones principales de planta rectangular en tres alturas donde resaltan estructuras tubulares y volumétricas.

Clausurado en 1991, el conjunto cuenta con protección pública desde su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC), con categoría de Monumento, por el Gobierno de Canarias a mitad de 2017. A pesar de la teórica custodia de la estructura racionalista, sin embargo, la basura se acumula por los suelos, con predominio de envases de alcohol y tabaco, y las pintadas se extienden por los muros, tanto grafitis como manchones, incluso aparecen diversas frases junto a símbolos satánicos (pentáculo y crucifijo invertidos) como pistas y evidencias de alguna yincana siniestra.

"Es un buen sitio por la estructura, pero está vacío, ya no quedan restos de los niños que vivieron aquí, es lo más importante, así que se puede imaginar o fantasear poco de su pasado, si hubiéramos encontrado una cama infantil, sería la única foto como testimonio válido", lamenta Petruccioli, que debe conformarse con la "melancolía" generada por una silla rota o un antiguo letrero ("Madre, lléname de esperanza, amor y fe"). En su opinión, "en Bélgica hay montón de fábricas y centrales nucleares abandonadas, también en Francia, muchas villas paladianas antiguas en Italia que son una gozada, restos de la revolución industrial en Inglaterra y Alemania, pero en Canarias resulta más complicado".

Iniciado en la exploración urbana como consecuencia su afición fotográfica quince años atrás en Italia, incluso "antes de saber que era urbex", Francesco Petruccioli enganchó a Davide Felici a "la adrenalina de lo desconocido" y ahora planean elaborar juntos un mapa del abandono en el Archipiélago a través de Lanzarote Hub, una plataforma para el desarrollo de proyectos tecnológicos y sostenibles, aunque confían en involucrar a las universidades públicas canarias. "También es una forma de preservar el pasado y proteger el territorio, no se puede perder este patrimonio, la historia hace un pueblo", sentencian desde la Casa del Niño los buscadores del olvido, rescatadores del pasado con su filosofía urbex.

Compartir el artículo

stats