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El salto mortal de la existencia

El acróbata barcelonés Luis Moya interpreta a uno de los anfibios del número inaugural de 'Totem' l La compañía culmina mañana su primer mes de recorrido en Gran Canaria

El acróbata catalán Luis Moya, en la carpa de ensayos del Circo del Sol, en ExpoMeloneras.

El acróbata catalán Luis Moya, en la carpa de ensayos del Circo del Sol, en ExpoMeloneras. JUAN CASTRO

Los saltos y piruetas de los primeros anfibios y peces inauguran el viaje evolutivo de Totem, el espectáculo del Circo del Sol que explora los orígenes, pasiones y anhelos de la naturaleza humana en 12 episodios acrobáticos bajo la Gran Carpa Blanca. Esta fábula circense cumple mañana su primer mes de recorrido en la vasta explanada situada frente al Palacio de ExpoMeloneras, en San Bartolomé de Tirajana, desde donde ahueca sus alas para sobrevolar lo imposible en nueve funciones cada semana hasta el próximo 22 de septiembre.

Este equipo de anuros que emerge en escena entre los primeros acordes de Totem simboliza el inicio del ciclo de la vida en la piel de cinco acróbatas enfundados en luminosos trajes verdes sobre el caparazón de una tortuga gigante, alegoría del origen de la existencia para numerosas civilizaciones antiguas.

El acróbata barcelonés Luis Moya Sánchez interpreta a una de las cinco ranas en este multitudinario número inaugural en que estas mágicas especies primigenias, a las que se suman peces y reptiles, dibujan trayectorias aéreas entre giros y saltos de una barra a otra.

"Este primer número de barras es bastante complicado", confiesa Moya desde la carpa de ensayos, "no sólo por las acrobacias que hacemos, sino porque somos cinco ranas en el escenario, así que tenemos que compenetrarnos y vigilarnos bastante bien los unos a los otros ya que, si cometes un solo movimiento en el sentido equivocado, te puedes chocar con el otro y torcer el número".

La arquitectura de este número se sustenta en la poderosa escenografía del caparazón de tortuga, que constituye una de las puestas en escena con mayor potencia visual del espectáculo. En torno a esta estructura, los anfibios giran sobre sí mismos alrededor de las dos barras superiores y se proyectan hacia extremos contiguos del escenario con el impulso de una cama elástica inferior, toda vez que, a ojos del público, este eclosión de colores y cuerpos encarna el primer salto mortal de la existencia.

En este sentido, Moya señala que este espectáculo dirigido por el afamado artista canadiense Robert Lepage toma como punto de partida "un comienzo espectacular" para marcar el listón del resto de la trama de neandertales, hombres con traje y cosmonautas.

Responsabilidad

Aunque atesoren cientos de números a sus espaldas, la tensión de romper el hielo a cada nueva función sigue disparando la adrenalina de los artistas-anfibios minutos antes de que caiga la oscuridad en la Gran Carpa.

"Siempre da un poco de respeto abrir el espectáculo, pero también es una gran emoción porque el inicio de este show es muy potente y, además, remite al inicio del relato de la Humanidad, lo cual es muy emocionante", reflexiona. Por eso, "cuando esa música, que es muy fuerte, empieza a sonar con fuerza en escena, el subidón de adrenalina te devuelve la energía de la primera vez y te concentras en querer hacer el espectáculo todavía mejor, que todo vaya rodado, y eso es mucha responsabilidad".

Sin embargo, Moya sostiene que este afán de perfección es inherente al oficio del artista. "Cada espectáculo es nuevo y el público siempre es distinto, así que nuestro trabajo es intentar que todos lo disfruten como si fuera el día del estreno, ya sea un buen día o un mal día para nosotros", apunta. "En la compañía siempre nos lo tomamos muy en serio e intentamos hacerlo lo mejor posible en cada función".

Pero los errores también forman parte inevitable del espectáculo y una de las consignas del Circo del Sol es que, si los giros, aros, cuencos o alfombras no completan la circunferencia perfecta, se repite hasta el éxito. En este sentido, Moya advierte que el recorrido que atesora el número inaugural de los anfibios les permite reconducir en directo cualquier mínimo desvío sin que el público lo perciba. "Aunque intentamos que no lo parezca, en el Circo del Sol somos humanos y fallos siempre hay", ríe el acróbata.

"Cada uno de nosotros conoce muy bien el número y lo ensayamos cada día para corregirlo y mejorarlo, pero también es parte de nuestro trabajo asumir que somos falibles y que, en caso de cometer errores, intentamos que el público no se dé cuenta. Y parece que lo conseguimos, según la respuesta que recibimos cada día del público", añade Moya.

Trayectoria

Natural de Barcelona y formado en gimnasia artística desde los cinco años y en centros de alto rendimiento desde los 14 hasta los 19, Luis Moya ingresó en la prestigiosa compañía del Circo del Sol hace apenas un año y medio para el espectáculo Totem y, por el momento, su garantía de contrato se extiende hasta 2021. "Mi objetivo siempre ha sido trabajar con una de las mejores compañías de circo del mundo", confiesa el artista.

Después de múltiples etapas de entrenamientos, competiciones y formación a jóvenes gimnastas, el artista formó parte de distintas compañías de circo y de teatro antes de acudir a la primera llamada de la compañía canadiense. "Me enteré de que hacían un casting en Londres, así que no me lo pensé y volé hasta allí para hacer una prueba, y me dijeron que estaban interesados en ofrecerme proyectos, pero todos sabemos que hay mucha gente que quiere trabajar con esta compañía, así que pasaron unos ocho meses hasta que me llamaron y me ofrecieron hacer una formación", relata. "Entonces, me fui hasta la sede del Circo del Sol, en Montreal [Canadá], hice una formación con ellos, les gusté y, finalmente, me ofrecieron un contrato para trabajar en Totem".

Para el artista, este viaje es "un sueño hecho realidad". "Desde pequeño había admirado mucho el número de barras del espectáculo Alegría y siempre había querido trabajar con ellos. Yo creo que cualquier artista de todo el mundo quiere trabajar con el Cirque du Soleil", sostiene.

Con todo, su incorporación exigió adaptarse al frenético nomadismo que entraña la dinámica itinerante del Circo del Sol, así como a la rutina de cuidados y entrenamientos que requiere su maratón diaria de funciones. "Más que los entrenamientos, lo más duro es enfilar los nueve shows semanales, que son bastantes", explica el acróbata.

"En general, el proceso de adaptación a la vida en tour es largo y difícil porque siempre estás viajando, fuera de casa y, además de adaptarte a los horarios de las funciones, tienes que cuidar mucho la alimentación y las horas de sueño", revela. "Pero yo me he ido enamorando de esta vida y de la posibilidad de recorrer el mundo con el Circo del Sol, así que espero continuar con esta gran familia durante mucho tiempo", añade.

Después de itinerar por distintas ciudades europeas al abrigo de la gira, Moya no solo visita Gran Canaria por primera vez a lomos de Totem, sino que su aterrizaje en la isla constituye, a su vez, su debut en su país natal como parte oficial del Circo del Sol. "La verdad es que estoy muy contento de estar trabajando en casa, en mi idioma, con mi gente", reconoce el artista, quien, pese a disponer de poco tiempo para descubrir la Isla, se muestra "encantado".

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