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Referente de la fotografía española

Joan Fontcuberta: "La fotografía participa como arma de las 'fake news'"

El fotógrafo catalán asegura que hasta un ojo especializado es incapaz de percibir las manipulaciones del 'deepfake' y las nuevas técnicas de alteración de imágenes

Joan Fontcuberta es Premio Nacional de Fotografía.

Con su visión crítica, Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) trata de analizar todas y cada una de las fotografías que nos bombardean en el día a día. Desde un simple selfie hasta una fotografía de la destrucción del huracán Dorian a su paso por las Bahamas. Porque "toda fotografía miente", asegura, pues encierra una realidad que puede ser utilizada para crear una post-verdad o incluso ser alimento narrar una de las 'fake news' que se propagan a su antojo por las redes sociales. Por ello, apela a la responsabilidad y el rigor del fotógrafo hoy en día aún más si cabe.

Este artista, teórico y divulgador, Premio Nacional de Fotografía (1998) y de Ensayo (2011). y recientemente Premio de Cultura en la modalidad de Fotografía (2016) por la Comunidad de Madrid, lleva a sus espaldas más de cuatro décadas de actividad artística en el ámbito de la fotografía, preocupado siempre en tratar de explicar los conflictos entre naturaleza, tecnología, fotografía y verdad. De hecho, su prolífica obra fotográfica usa herramientas informáticas para su tratamiento y su presentación, incorporando novedosas técnicas de manipulación visual como el 'deep fake'.

La obra de Joan Fontcuberta forma parte de prestigiosas colecciones en todo el mundo, entre ellas el MoMA y el Metropolitan Museum of Art de San Francisco, en Estados Unidos; el Musée National d'Art Contemporain - Centre Georges Pompidou, en Francia; o el MACBA y el MNCARS, en España; y persigue la concepción de la fotografía como "evidencia de lo real".

-Ha dedicado gran parte de su trabajo a hacer que nos cuestionemos la veracidad que otorgamos a las imágenes.

-Las imágenes son un soporte de información y la información debe ser interpretada y filtrada. Determinados soportes aportan un sentimiento de veracidad más intenso que otros. Y la fotografía, que arranca de la cultura decimonónica empírica del siglo XIX, nació como certificación de la realidad. Por eso, la percepción del espectador arrastra esa sensación de autenticidad. Eso le ha dado una autoridad más potente que con respecto a otras imágenes tradicionales hechas con la mano. La tecnología entonces era una garantía de objetividad. Con el curso de la historia, nos hemos ido dando cuenta de que en realidad eso no era más que una convención cultural, un valor añadido que nosotros proyectábamos, no una cualidad ontológica o propia de la naturaleza de lo fotográfico.

"Hoy, nuestra relación con la imagen ha cambiado con respecto a las décadas anteriores. Hemos aprendido, nos hemos educado más. Somos más críticos, más analíticos"

-¿Somos ahora más críticos en plena era de las 'fake news'?

-Sí. Ha ido surgiendo un sentimiento más crítico con respecto a relacionar la fotografía como garantía de verdad. Nos encontramos en la eclosión de la post-fotografía o de la fotografía digital, y nos damos cuenta de la maleabilidad y la posibilidad de intervención sobre la imagen. Hoy, nuestra relación con la imagen ha cambiado con respecto a las décadas anteriores. Hemos aprendido, nos hemos educado más. Somos más críticos, más analíticos.

En este momento de confusión con relación a la veracidad de las informaciones que recibimos, el problema está en cuáles son los criterios sobre los que fundamentamos nuestra credibilidad, en cómo concedemos confianza a unas imágenes y no a otras. Normalmente hay un problema de falta de contexto, de verificación de fuentes o de ver hasta qué punto esa información que recibimos la podemos contrastar.

-¿Cree que existe ahora mayor escepticismo por parte de la sociedad o precisamente ocurre lo contrario, que somos cada vez más manipulables?

-El ejercicio de la duda es una actitud positiva y racional. El avance del conocimiento y de la modernidad se ha basado en la duda cartesiana. Por lo tanto, contra la seguridad, contra el dogma, seamos escépticos, mantengamos una sospecha activa respecto al entorno informativo en el que estamos insertos.

-¿Cómo percibe la revolución de la imagen?

-Hemos vivido, por lo menos, tres oleadas de revoluciones digitales. La primera, en los años 90, cuando apareció Photoshop, los escáneres, las cámaras digitales... Luego, con Internet, las redes sociales, la telefonía móvil, la mensajería instantánea, las cámaras de reconocimiento facial... Y ahora estamos en el momento de la inteligencia artificial y los algoritmos para la creación de una nueva cultura visual.

-El famoso vídeo manipulado con palabras que nunca pronunció Obama nos dio a conocer el 'deepfake', ¿qué peligros puede entrañar esta nueva técnica?

-Sí, el llamado 'deepfake' produce sustituciones de voz, rostros o movimientos con tal calidad en su resultado que un ojo especializado sería incapaz de percibir esas manipulaciones. Por lo tanto, las imágenes fotográficas dejan de tener esa capacidad probatoria que normalmente les hemos asignado y hemos de ser mucho más precavidos que nunca.

"Los fotógrafos, hoy más que nunca, tenemos responsabilidad respecto al papel que van a jugar nuestras imágenes, y respecto a otras, por nuestra capacidad para desenmascarar informaciones falsas"

-¿Y qué papel deben jugar ahora los fotógrafos?

-La avalancha de 'fake news' viene a ser consecuencia de una situación coyuntural política en la que los miedos convencionales pierden fuelle con relación a las redes sociales y a las interacciones de los usuarios del ciberespacio. Entonces eso ha creado un tipo de contaminación informativa, de desinformación, de post-verdad, 'fake news', hechos alternativos... que producen un estado de confusión tendente a moldear la opinión pública. Y la fotografía participa como arma de esas 'fake news', precisamente porque todavía sigue teniendo un poso de capacidad de convicción. Por eso, yo creo que los fotógrafos, hoy más que nunca, tenemos responsabilidad respecto al papel que van a jugar nuestras imágenes, y respecto a otras, por nuestra capacidad para desenmascarar las informaciones falsas que conozcamos.

-Afirma que la fotografía miente siempre, pero que lo importante es cómo la usa el fotógrafo.

-En el siglo XIX, Oscar Wilde publicó 'La diferencia de la mentira', donde decía que había dos clases de mentirosos. Por un lado, los artistas y por otro, los políticos. Los artistas eran aquellos que con su mentira construían un mundo más asombroso. En cambio, los políticos eran aquellos que con la mentira querían imponer, por la fuerza, sus espejismos e ilusiones al resto de los ciudadanos. Hay, por decirlo así, buenos y malos mentirosos.

Entonces creo que el fotógrafo tiene que ser un buen mentiroso, es decir, usar la mentira, la ficción, en un sentido positivo, constructivo. Y entiendo como buena mentira no la voluntad de falseamiento, sino la necesidad de representar el mundo.

-¿Existe ahora mayor prestigio, o al contrario, es mayor el anonimato de los que están detrás de un objetivo?

-Creo que el descrédito de la fotografía como medio ha aumentado el crédito del fotógrafo. Es decir, si no es la fotografía quien nos traslada la verdad, entonces la responsabilidad pasa al fotógrafo, con lo cual es positivo. No es la máquina lo que debe ofrecernos confianza, sino la voluntad del fotógrafo de contarnos la realidad con sinceridad.

Imagen de la serie 'Deconstructing Osama' con técnica 'deepfake'. Joan Fontcuberta

-¡Pero ahora todo el mundo tiene una fotografía en su teléfono móvil!

-Sí, el hecho de que hoy todos seamos fotógrafos y prolifere la producción de imágenes es un reto para los fotógrafos, que debemos actuar con la máxima responsabilidad, rigor y calidad posibles.

-Vivimos en la época de los 'selfies', ¿qué opina de esta popularización de la fotografía? ¿Puede conducir a una banalización?

-Esa cultura fotográfica masificada, tiene virtudes y defectos, como todo. Es verdad que esa abundancia a lo mejor nos ahoga, pero si nuestra actitud es crítica, podemos mantener una distancia con esas imágenes. Para mí, las imágenes constituyen hoy un sistema de expresión o de comunicación, como las palabras. El problema es cómo articulamos relatos con esas imágenes.

"El gran problema es saber escoger y encontrar la información pertinente y válida sin perderse en esa jungla de datos absolutamente banales"

-Con ellas construimos historias que muestran sólo la parte más positiva de nuestras vidas, ¿no se trata de una ficción manipulada?

-Bueno, las redes sociales lo que permiten es airear las alegrías y las miserias de cualquiera. Son un altavoz, una plataforma que lo que hace es intensificar, pero al final se produce una cacofonía porque todo el mundo cuenta. Los motores de búsqueda están adquiriendo cada vez mayor importancia porque hoy, el gran problema de la cultura, el conocimiento y la información es saber escoger y encontrar la información pertinente y válida sin perderse en esa jungla de datos absolutamente banales.

Fotomontaje de la serie 'Sputnik'.Joan Fontcuberta

-Mientras que de nuestros antepasados apenas conservamos dos o tres fotografías, nosotros dejaremos a nuestros sucesores decenas de discos duros con cinco tomas de cada selfie...

-Bueno, a lo mejor estamos muy felices porque toda la memoria de nuestra familia está en la tarjeta SIM de nuestro teléfono, pero de repente o se estropea o nos lo roban y nos quedamos sin esas vivencias...

"No tenemos ninguna constancia de la perdurabilidad de las imágenes en los soportes electrónicos ni de que su conservación esté garantizada"

-Sí, porque nos hemos acostumbrado a la comodidad de no imprimir las fotografías, pero ¿qué ocurre con la conservación en estos nuevos soportes digitales? ¿acaso nos ofrecen una garantía extra con respecto al papel?

-Ése es un tema no resuelto, el de la perdurabilidad de las imágenes en los soportes electrónicos, porque por desgracia, no tenemos ninguna constancia de que su conservación esté garantizada. Siendo profesional, me sucede a veces que un disco duro ya no me funciona y se estropea, entonces tengo unos sistemas de 'backup' o recuperación muy complejos de realizar a nivel usuario.

La piedra o el mármol sigue siendo el soporte más duradero, pues dura miles de años. En cambio, el papel es frágil y los soportes electrónicos también. No sabemos cuál será su durabilidad. Así que ¿cuál será el legado de memoria gráfica que dejaremos a las generaciones posteriores?

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