No hay metal para tanto romano
"Ben-Hur' es carne de parodia", asegura Agustín Jiménez, protagonista de reparto de la obra que inaugura la temporada en el Teatro Cuyás

Agustín Jiménez, en el centro de la imagen, junto a otros dos actores en uno de los cuadros del montaje teatral. / la provincia
"A este Ben-Hur le queda carretera por delante", sentencia Agustín Jiménez. El actor es uno de los seis protagonistas de reparto del montaje La loca, loca historia de Ben-Hur, la adaptación de Nancho Novo de la película Ben-Hur (1959), de William Wyler, a su vez basada en la novela del escritor estadounidense Lewis Wallace, que se publicaba en 1880. Una propuesta en clave de comedia con la que el Teatro Cuyás inaugura la temporada 2019/2020, la que conmemora el vigésimo aniversario del espacio escénico que se asoma a la calle Viera y Clavijo.
Dos funciones, viernes 20 y sábado 21 de septiembre, a las 20.30 horas, para revisar este clásico con el humor que merece. " Ben-Hur es carne de parodia", exclama Jiménez antes de entrar al detalle en esta coproducción del Festival de Teatro Clásico de Mérida y las compañías Focus e Yllana, en versión de Nancho Novo, con dirección de David Ottone y Juan Ramos Toro, y un elenco de seis actores, que se multiplican en escena en infinitos roles: Agustín Jiménez, Elena Lombao, Richard Collins-Moore, Víctor Massán, Fael García y María Lanau.
La loca, loca historia de Ben Hur se estrenó en Mérida en julio de 2018. Tras cubrir temporada en Barcelona y Madrid, la comedia está en itinerancia por la geografía nacional. "Ahora veo Ben-Hur, la película, y ves que no hay metal para tanto romano. Y es que una de las cosas que me llama la atención es que estás en Jerusalen y todos con unos petos,..., hasta el último soldado iba plateado, todo de rojo y plata, y era muy caro para la época, y además hacía mucho calor [risas]".
El estreno en Mérida fue, tal como recuerda Agustín Jiménez, "de una manera bastante irreverente, en el sentido de que allí solo van clásicos, aunque éste es un clásico moderno". Con la película de William Wyler como referente popular, "hemos trabajado sobre ese clásico haciendo una muy buena parodia, y esa parodia ha sido también un pretexto para contar otras historias, y rescatar el género y la parodia del Péplum, que trajo películas como Maciste, Hércules o Quo Vadis, las pelis de romanos, y ésta es una de teatro de romanos".
En la versión teatral se rescatan relaciones entre los personajes, y de alguna manera, "lo que no se contaba en una película" y donde no abundaba el humor precisamente. "La relación entre Messala y Ben-Hur [interpretados en el cine por Stephen Boyd y Charlton Heston], una relación homosexual, y se pone en escena ese conflicto amoroso", explica Agustín Jiménez. "También se rescata la vida y el papel de la mujer en aquella época. Hay dos mujeres en la obra -María Lanau y Elena Lombo- pero en la película salen muy poco. Y es lo que ellas reclaman en la función".
Explica Agustín Jiménez que "hay momentos de la obra que tienen que ver con la revolución sexual de la mujer, porque obviamente si comentas que a las mujeres se ponían detrás de los esclavos en Roma, que es lo que se dice en la obra, la gente reacciona"; o cuando un legionario romano quita importancia a las quejas de las mujeres respecto a ´ésto o lo otro, porque "la palabra de una mujer no vale nada".
Junto a todo ello, "los tópicos más bíblicos, desde la religión, los Reyes Magos, con sus camellos, que siguen al mismo dios pero se llama de otra manera; las cuadrigas, las típicas peleas entre gladiadores, así como de entrenamiento; los romanos,...; y todo esto se adereza con el sello de Yllana y lo que hemos llamado Teatromascope, que es la pantalla de fondo que apoya todos los movimientos", detalla.
El Teatromascope a que se refiere Agustín Jiménez es "la pantalla de fondo que apoya todos los movimientos" que posibilita que "el espectador está metido dentro de la acción". Dice Jiménez que si estamos con Ben-Hur "lo que no se podía ignorar es la cosa de esa época en el cine: Cinemascope, Technicolor, Panavisión,..., todo eso cuando se intentó llevar al público al cine con esas grandes producciones, y nosotros por la broma metimos el Teatromascope".
Este ingenio aporta un extra al montaje teatral. "La verdad es que los efectos de las batallas marinas, las carreras de cuadrigas, la escena que tiene todo el mundo en la cabeza, todo es un trabajo de coordinación tremendo y muy profesional", subraya Jimérez. En su opinión, "es un espectáculo visual y también de comedia, una gran comedia, y hay cierta irreverencia respecto a la época que marca toda una estética que a posteriori la vas a ver en todos los belenes, en los romanos con tanta túnica, y luego sabemos que no había tanto color como nos contaron".
En su opinión, el trabajo de Nancho Novo es de sobresaliente. Con la premisa de "crear una pieza cómica que no perdiese ni un ápice de la grandeza épica inherente a tan magna obra", tal como ha revelado al propio autor. Un "desafío" que le obligó a "sacarle punta" a la novela en busca de esa comicidad. Según Agustín Jiménez, Nancho Novo "hizo un trabajo muy exhaustivo del mundo romano, con bastante fondo, es un gran estudioso del tema. Lo que pasa es que con la colaboración con Yllana se fue limando al estilo de la compañía, manteniendo las partes que digamos tienen que ver con la vida en Roma, pero llevándolo a la parodia. Y como decía antes, creo que Ben-Hur permite mucha parodia. Las grandes historias como B en-Hur son carne de parodia, y en este caso había que buscar un contenido".
Con seis actores que se multiplican en escena, a Agustín Jiménez le ha tocado representar a la autoridad romana con distintos personajes. "Hago una parte de declamación al comienzo en el coliseo, y luego la representación del Imperio Romano en una sola persona, que es un legionario muy curtido, muy sargento, y que todo el rato está poniendo orden a golpe de látigo, lo ves en las galeras, azotando al público porque al ser un espectáculo de Yllana es así, rema todo el mundo, ¡es que somos seis actores y 200 o 300 remeros que es el público, al que hacemos sudar!, pero siempre es esa dinámica de la que yo me encargo", explica.
Además, se mete en la piel de un criado de Messala, personaje que "recibe muchos golpes, cada vez que este hombre intenta..., es como el de la película de la Pantera Rosa, cuando pretende sorprender al inspector Clouseau, un poco así ese personaje". Ya había trabajado con Yllana en El apagón y aceptó con gusto la invitación de participar en el elenco de La loca, loca historia de Ben-Hur. En este sentido, el actor rememora que "bueno, debieron pensar que Agustín es buena gente, que no come mucho, dobla ropa cuando se va y eso, y creo que se corrió la voz con todo eso. Lo que no conocían los compañeros era la faceta corporal, y dijeron: ¡que este hombre se tire, que haga volteretas! Brutales, para haberme matado, la verdad. Los que me conocen saben que soy bastante resistente, y es una cosa muy de especialista".
El proyecto era un caramelo y no tuvo dudas. "Lo coges porque también es extraño; es como si te dicen que vamos a hacer Titanic en teatro, y hacer Ben-Hur y en Mérida, hay cosas que hay que hacer y en las que tienes que participar porque tienen que ver con la carrera teatral: ¡estar allí como si es para vender palomitas! Y a nivel curricular a Yllana le tengo mucho cariño y es un grupo que representa mucho. La mayoría somos compañeros de la Escuela de Arte Dramático, artistas de carrera, nos conocemos casi todos".
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