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Una historia marcada por la guerra

"¿Cuántos Ara Malikian nos estamos perdiendo en todo el mundo?"

La directora Nata Moreno narra a través de un documental cómo la música salvó la vida del aclamado violinista de origen libanés y ascendencia armenia

Ara Malikian sobre el escenario.

Ara Malikian sobre el escenario.

A lo largo de su ya extensa carrera, Ara Malikian ha conseguido acercar la música clásica a todos los públicos, manejando todos los géneros sin prejuicios, desde Bach, Vivaldi o Paganini, hasta Radiohead o Led Zeppelin pasando por Björk, y con la multiculturalidad por bandera. El aclamado músico y compositor de origen libanés y ascendencia armenia se desprende por unos minutos de su violín, el instrumento que su padre le colocó bajo la barbilla con sólo dos años y que más tarde le permitiría salir con vida de la guerra y llegar sano y salvo a Europa en un viaje emocional hacia la madurez un niño que tuvo que dejar atrás a toda su familia.

'Ara Malikian: Una vida entre las cuerdas' nos permite colarnos con él y con su equipo en su última gira, 'Sinfónica', que ha recorrido España y otros países como Líbano, Francia, Inglaterra, China, Rusia, Marruecos, Argentina, Uruguay o Alemania, pero además, este documental hace resonar la parte más íntima de este artista gracias a la mirada de su mujer, Nata Moreno, que desde detrás de la cámara comparte su historia, "una historia que ilumine" y que al mismo tiempo sirva de legado para Kairo, el hijo que la pareja tiene en común.

-Todo comenzó hace cinco años, cuando te sumerges en el pasado de Ara Malikian tras recibir 25 cajas que aúnan toda su carrera desde que tenía cuatro años.

-Sí, así fue. Unos meses antes había muerto el padre de Ara y a mi casa llegaron, por sorpresa, 25 cajas que metieron en el cuarto que yo estaba preparando para mi niño y sólo quería que las sacasen de allí, pero cuando las abrí descubrí que dentro había un gran tesoro. Y es que el padre de Ara había atravesado fronteras y una guerra arrastrando esas cajas, que contenían todas las noticias, carteles y recortes de periódicos que anunciaban conciertos de su hijo y además había muchas fotos familiares que se habían salvado de la guerra y del genocidio armenio.

Tráiler del documental 'Ara Malikian: Una vida entre las cuerdas'.

-Tener en tus manos este puzzle de su historia te empujó a iniciar un nuevo camino profesional.

-Sí. Era actriz y me encontraba en un momento en el que veía que se debilitaba mi carrera porque no sabía cómo compaginarlo con el embarazo de nuestro hijo y me di cuenta de que me había caído un tesoro del cielo, que de repente ahí tenía una historia para contar y un legado bonito al que darle luz. Así que me envalentoné, confié en todas las mujeres que lo habían hecho antes con un bebé entre los brazos, que hay muchas, y ahí que fui con mi cámara y con mi hijo. Si tú tienes ganas de contar una historia y sobre todo de ponerle el alma y el corazón, la parte técnica siempre se puede resolver. Ha sido un proceso muy largo, de cinco años, sin ninguna productora detrás, sin ninguna ayuda pública y sin nada, pero hemos lo hemos sacado adelante.

-¿Ha jugado a favor tener esa cercanía con Ara?

-Hay una intimidad que me hace conocedora de su historia y eso hace único este documental, pero tiene la dificultad de que estás tocando algo muy personal y tienes que separarte, ser objetiva y sobre todo dejar ser al otro sin introducir tu opinión acerca de su vida. Eso ha sido lo más difícil. Él me contaba cómo había sido su infancia en la guerra y para mí era algo terrorífico y quería contarlo desde mi punto de vista, pero él lo vivió con naturalidad porque creía que todos los países estaban en guerra. Su realidad es opuesta a mi realidad y me parecía muy interesante no empaparlo de mí, sino llenarlo de él.

-¿Os gustaría que cuando crezca Kairo, vuestro hijo, pueda verlo y conocer su legado familiar?

-Sí. Nuestro hijo tiene unas raíces que por desgracia ya no va a poder conocer, así que me gustaría transmitirle este legado construido por gente armenia que ha sobrevivido, que ha cruzado fronteras, que ha llegado hasta el Líbano, que ha crecido en Turquía... Es una historia de una riqueza cultural tremenda y con una valentía tan grande que es un regalo que pueda ser consciente de ello.

"En la guerra del Líbano alguien del Gobierno alemán le escuchó tocar el violín y decidió hablar con su padre para sacarle del país"

-Ara cuenta que la música le salvó la vida.

-Sí, fue una bendición. En la guerra del Líbano su familia quedó separada en dos, su padre en una zona y su madre en otra, las fronteras estaban cerradas y era una situación bien compleja, pero él tenía el talento del violín en las manos y alguien del Gobierno alemán le escuchó y decidió hablar con su padre para sacarle del país. Una vez en Alemania pasó unos años muy duros porque dejó a su familia atrás, pero pasados siete años y convertido ya en un gran músico, volvió para buscar a sus padres y a sus dos hermanas, les sacó de la guerra y se los llevó a Marsella.

-¿Cómo un niño de 14 años puede afrontar una separación tan dura?

-Durante el documental, rodando en el sofá de nuestra casa, hablando él y yo, se generó un espacio de intimidad tan grande que Ara pudo poner en alto, por primera vez en su vida, cosas como ésta y contó lo que esta separación supuso para él.

La relación de Nata Moreno con Ara Malikian ha permitido descubrir la cara más personal del músico.

El valor se la da cuando es adulto, cuando uno tiene la capacidad de montar el puzzle. De niño le llevó la inercia y hasta que no ha sido padre no ha sido consciente de la decisión tan valiente de sus padres de dejar ir a un hijo sin saber si lo vas a volver a ver jamás, porque estás en mitad de la guerra y ves cómo la gente que amas está muriendo. Para Ara fue dura la realidad luego. Llegó a Alemania como inmigrante, de ascendencia árabe además, no hablaba el idioma, iba a un colegio donde todos eran chicos de familias de muchísimo dinero... Fue muy duro para él, no entendía nada y se sintió muy solo.

-Su padre, también violinista, le puso el violín con el deseo de que la música le cambiara la vida.

-Sí. Al abuelo de Ara le ocurrió una cosa bellísima. Tenía quince años y habían asesinado a toda su familia en el genocidio armenio. Un viejito se le acercó y le dio un violín para que se hiciese pasar por músico y pudiera cruzar las fronteras y así fue. Entonces, él prometió que alguien en su familia tocaría el violín.

Tuvo un hijo, el padre de Ara, que aprendió a tocar el violín de forma autodidacta. Y llegó a tocarlo muy bien, hizo giras con Beirut, una cantante libanesa bastante reconocida. Y cuando apareció Ara le pusieron el violín en la barbilla con sólo dos años, no tuvo elección, pero por suerte nació un hijo con mucho talento.

"Su padre le dio todas las alas del mundo, vio cómo su hijo triunfaba en la música, aunque Ara tiene la tristeza de que no llegó a conocer a nuestro hijo"

-¿Y su madre?

-Su madre es el hilo conductor en la primera parte del documental. Lucy fue importantísima en mi vida y en la vida de todos porque fue una mujer muy valiente y una fuente de inspiración tremenda. Empecé a grabar con ella, pero durante el rodaje enfermó y murió, así que trato de hacerle un homenaje a través de este documental.

-¿Cómo llevaron los padres de Ara el éxito de su hijo?

-Su padre, que era un hombre maravilloso que le apoyó y le dio todas las alas del mundo, vio cómo su hijo triunfaba en la música, aunque Ara tiene la tristeza de que no llegó a conocer a nuestro hijo. Pero los dos, tanto su padre como su padre, han podido ver cómo todo el sacrificio que hicieron mereció la pena porque lograron salvarle.

Ara Malikian llena teatros y salas allá donde toca.

Un hijo siempre es un hijo, entonces da igual que sea el cantante de los Rolling Stones, tu hijo es tu hijo y no te dejas impactar por el personaje, ni por el artista. Veían a su hijo y se morían de amor. Daba igual a dónde llegara Ara, simplemente era su hijo.

El drama de los refugiados

-En estos momentos en los que astimos al auge de la extrema derecha y las duras políticas antimigratorias de la Unión Europea. ¿Crees que la historia de Ara puede ayudar a cambiar ciertas mentalidades?

-Claro, en el documental hay una mirada absolutamente direccionada hacia eso. Ara es una fuente inspiradora. De hecho, en un momento del documental confiesa que le da mucha vergüenza ponerse delante de una cámara, pero cuenta que si cuando sufrió tanto alguien le hubiera dicho que todo podía ir bien, eso le hubiera inspirado. Y en todo momento queríamos que fuese una historia de luz y una historia inspiradora.

"No entendíamos cómo después de quince años en España, con su residencia aquí, cotizando y pagando a Hacienda como todo quisqui, no le daban la nacionalidad"

No hay que olvidar que estamos en un momento terrible en la historia, hay más refugiados que después de la Segunda Guerra mundial. Detrás de esa palabra hay personas, hay vidas. Vemos a Ara Malikian, que mola un montón, que se sube a un escenario, que es muy moderno, que pega muchos saltos, que es un gran virtuoso... Pero si viniera un refugiado a vivir como vecino nuestro no lo miraríamos igual. Así que trato de visibilizar a este grupo con Ara Malikian como cabeza visible para abrir el corazón a la gente, que sea consciente de que este músico, por el que pagan una entrada, fue un chaval en esas mismas circunstancias. ¡Cuántos otros Ara Malikian no hay ahora en un campo de refugiados! ¡Cuántas cosas nos vamos a perder!

-La tan ansiada nacionalidad tardó muchos años en llegar, ¿verdad?

-Sí, Ara lleva ya en España veinte años y hace cinco años, antes de que naciera nuestro hijo, le denegaron la nacionalidad española. No entendíamos cómo después de quince años aquí, con su residencia aquí, cotizando y pagando a Hacienda como todo quisqui, no se la daban. Pero bueno, hay países donde lo tienen más complejo todavía. Ser libanés es tener un gran cartel encima y por suerte él la ha conseguido pero es consciente de que hay mucha gente de su país que no la consigue. ¿Y por qué? Creo que somos una sociedad de prejuicios y estaría bien ser más amplios de corazón.

Ara Malikian toca todo tipo de géneros.

-¿Recuerdas cuál fue su sentimiento cuando por fin le concedieron la nacionalidad?

-Paz. Él llevaba treinta años viniendo a Europa a tocar, pero es un ciudadano del mundo. Ha vivido en muchos países y habla muchos idiomas, lo que pasa es que aquí está su hogar, con su familia.

-El valor de un simple papelito...

-Sí, pero por desgracia vivimos en un mundo con muchas fronteras y ese papelito le ha facilitado ir a muchos otros países a tocar, a los que antes no podía ir por ser libanés.

-Hace poco sufrió una terrible caída en las escaleras de un avión.

-Sí, en Costa Rica, llegaba para tocar y había una tormenta tremenda. Las escalerillas eran de plástico y resbaló mucha gente del pasaje. Él llevaba en una mano la maleta y en otra el violín, se le enganchó la maleta a la barandilla y cayó...

"Su accidente fue un susto muy grande, no sabíamos si Ara iba a poder volver a tocar. Para él tocar no es sólo una forma de vida, es una forma de ser y de estar"

-Sin soltar el violín, seguro.

-(Risas) ¡No hay quien le quite el violín a este ser humano!

-¿Y cómo está ahora?

-Ha estado tres meses parado. Se rompió el brazo derecho, que es el brazo con el que sujeta el arco, y debía recuperar la movilidad del hombro. Al principio fue un susto muy grande, no sabíamos si Ara iba a poder volver a tocar. Tuvo que replantearse todo, porque para Ara, tocar no es sólo una forma de vida, es una forma de ser y de estar. Pero tiene una fuerza de voluntad infinita y una gran disciplina, entonces se ha recuperado muy bien de una lesión que a priori podía haber tardado mucho más, y ya está en los escenarios. Sigue con su rehabilitación, sale al escenario y se arrastra por los suelos de dolor pero está dándolo todo y confiamos en que va a ir todo bien.

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