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Relato generacional

El Gran Wyoming: "Vivimos una mezcla entre Gran Hermano y Matrix"

El popular presentador rememora la España de su juventud en su nuevo libro, 'La furia y los colores'

El Gran Wyoming presenta La furia y los colores.

El Gran Wyoming presenta La furia y los colores.

A sabiendas de que sus palabras son muchas veces un arma de doble filo, el Gran Wyoming (Madrid, 1955) no tiene pelos en la lengua. Después de ser expulsado de "casi todas las cadenas", lleva ya trece años en La Sexta, al frente de 'El Intermedio', dando cera a la clase política. Sin embargo, advierte, no todo es culpa de nuestros representantes. "Tenemos tendencia a señalar a la clase política como corrupta obviando la responsabilidad de quien los elige: el pueblo soberano. En el origen del alto número de políticos corruptos que tenemos en España, están esas pequeñas concesiones a la ilegalidad, pequeñas infracciones, que consideramos legítimas cuando las cometemos nosotros".

Después de '¡De rodillas, Monzón!', donde contó cómo creía que era el mundo cuando era pequeño, el carismático presentador publica ahora 'La furia y los colores', un libro que ofrece un retrato de los años de juventud de los nacidos en la década de los 50, basándose en las propias experiencias vividas por él bajo su nombre real, José Miguel Monzón.

"Hago un relato de cómo era el mundo en los 70 y 80 tal y como yo lo vi porque no coincido con las versiones de los historiadores"

-'La furia y los colores', tu nuevo libro, es el retrato de los nacidos en los años cincuenta, en plena dictadura franquista. ¿Por qué has querido hacer esta revisión de tu generación?

-Sí, es un poco el retrato de una generación, la de los nacidos en los años 50, y en paralelo un relato de cómo era el mundo entre los años 70 y principios de los 80 tal y como yo lo vi porque creo que se trivializa mucho o se cuenta en términos generales cómo era aquel tiempo pero yo no coincido en absoluto, ni incluso con las versiones que dan historiadores serios. Quería dar mi punto de vista.

-Tenías 20 años cuando murió Franco...

-Sí, recuerdo que los años siguientes a su muerte, hubo un vacío de poder muy grande que fue aprovechado por la sociedad para montar todo tipo de actividades lúdicas. Era una fiesta, se respiraba una alegría colectiva.

-Paradójicamente, en esta época en blanco y negro y sin libertades, aseguras que disfrutaste de "la mejor época de la historia de la humanidad", ¿por qué?

-En primer lugar porque no hubo guerras. Los que nacimos después de la Segunda Guerra Mundial no hemos vivido esa experiencia, que marca tu vida para siempre. Es la época más larga sin guerra de toda la historia.El punto número dos es que durante los años 60 y ya en los 70 hubo una explosión tecnológica brutal. Todo empezó con la llegada del hombre a la luna y a partir de ahí se desarrollaron una serie de revoluciones, como la incorporación de la mujer al trabajo, las exigencias de democracia de Hungría o Checoslovaquia, o el movimiento hippie en Estados Unidos.

-¿Qué diferencias ves entre los jóvenes de tu generación y los de ahora, entre los hippies y los millenials?

-Como reivindicaba Sting, en su canción 'Born in the 50s', los jóvenes de aquella época tuvimos la suerte de vivir un momento de euforia colectiva. Todo eran pasos adelante y lo que se vislumbraba al otro lado del túnel era luz. Eso te hacía vivir en un punto de alegría que ahora probablemente no te venga dado, te lo tienes que buscar.

"Hay una generación entera, la de los ochenta, a la que se han cargado. Los jóvenes ahora tienen muy claro que tienen todas las puertas cerradas"

Esas imágenes que veíamos en las películas de una parejita mirando un escaparate de muebles, eligiendo lo que se iban a comprar, era totalmente real. Un hombre honrado, trabajador, que no tenía especiales ambiciones, que lo único que quería era vivir tranquilo, entraba en una empresa con 20 años con la conciencia de que se iba a jubilar ahí. Esa realidad te permitía vivir con un desapego de lo que ahora podemos llamar 'neurosis de renta', que te esclaviza porque te hace vivir en un estado de inseguridad, ansiedad y sobre todo sumisión al depender de la voluntad de un señor que decide sobre tu vida, que decide cuándo vas a empezar a ser un 'homeless'. Esta sensación antes no existía.

-Ahora la inestabilidad parece haberse hecho estable...

-Sí, desde luego hay una generación entera, la de los ochenta, a la que se han cargado. Cuando terminé Medicina, todos los de mi generación que hacíamos una carrera, teníamos la conciencia de que teníamos la vida resuelta. Unos tuvieron más suerte, otros menos, pero eso da igual, lo importante es que tener esa conciencia te ayuda a vivir totalmente.

Ahora es absolutamente al contrario. Los jóvenes tienen muy claro que tiene todas las puertas cerradas, lo que pasa es que prefieren ignorar la realidad para vivir más tranquilos. Ahora es muy difícil acceder a un trabajo, ¡y a un trabajo remunerado ni te cuento!

-¿Crees que la crisis ha terminado con la sociedad del bienestar?

-Yo viví una época en la que se avanzaba hacia el bienestar y ahora se avanza en dirección contraria, hacia la esclavitud. Es la primera vez en la historia de la humanidad en la que la generación siguiente va a vivir peor que la anterior. En el medio en el que yo trabajo, la televisión, la gente gana menos de la mitad de lo que yo ganaba cuando empecé hace treinta años. Y el número de millonarios se ha multiplicado por cuatro durante la crisis, es decir, que lo que nos cuentan y la realidad son bien distintos.

Crítico con la Transición

-¿Qué sentiste el día que exhumaron los restos de Franco?

-Bueno, por un lado era algo absolutamente necesario y justo, pero por otro una enorme tristeza al ver que prácticamente la mitad del espectro político de este país, que se llaman a sí mismos constitucionalistas, estaban indignados o decían que era innecesario y sólo removía las heridas.

-¿Crees que ya es hora de que cicatricen las heridas?

-La Guerra Civil fue hace ochenta años, pero parece que es una cosa de la que todavía no se puede hablar y eso es totalmente ridículo. ¿Dónde empieza el punto de la historia donde se puede hablar con tranquilidad y con libertad? ¿En Napoleón o en Fernando VII?

José Miguel Monzón, el Gran Wyoming, en el centro, con sus amigos.

De hecho, en los colegios ni siquiera se enseña, porque la derecha en este país, que representa casi al 50% de la población, afirma que eso es adoctrinar a los niños. Bueno, pues si enseñar historia es adoctrinar, es que efectivamente el espíritu de la Transición del 78, que habla de la reconciliación, es falso. Aquí no ha habido reconciliación nunca.

-Eres muy crítico con este proceso entonces...

-No, no soy crítico, creo que soy bastante objetivo. La Transición fue un pacto de no agresión. Es decir, se llegó a un acuerdo para dejar de encarcelar y torturar a la gente por motivos ideológicos y a su vez se firmó un pacto de cómo encajar en la democracia la dictadura entera, sin tocarla. El ejército, la policía, la justicia... todos los estamentos funcionariales y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado se encajaron en la democracia.

"La Transición fue un pacto de no agresión. Se firmó un pacto de cómo encajar en la democracia la dictadura entera, sin tocarla"

Cuando se habla de perdón, de reconciliación... todo esto es mentira, es absolutamente falso, lo vemos todavía. Tenemos los muertos en las cunetas y dicen que no, que no hay dinero. Vivimos una mezcla entre Gran Hermano y Matrix.

-Cuentas que en tus tiempos no te creías nada de lo que salía en el NODO, ¿y ahora en plena era de las 'fake news'?

-Bueno, cada uno escoge aquello que le parece más creíble. En realidad, toda la información está en internet y uno debe contrastar unas cosas y otras para hacerse un mosaico de lo que está pasando.

-Al frente de 'El Intermedio' desde 2006, ¿cuál es el secreto para mantenerse en antena durante 13 años?

-Probablemente hemos creado un sentimiento afectivo con la audiencia. Servimos mucho de consuelo...

-¿Has perdido ya la cuenta de las presiones o censuras que has recibido a lo largo de tu carrera?

-Sí, me han echado de casi todas las cadenas (risas). De Televisión Española, de Telecinco, de Telemadrid... Pero todas por lo mismo, ninguna por problemas de audiencia. De repente el programa se quitaba sin más, sin dar explicaciones. En La 1, por ejemplo, con el PSOE en el gobierno, por cierto, nos acababan de renovar nueva temporada, y nos dijeron que lo quitaban por poca audiencia, pero eso era falso. Y se pasa muy mal, porque contigo se van cincuenta personas a la calle.

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