Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Maestro de la sobriedad y la introspección

Muere Max von Sydow, actor fetiche de Ingmar Bergman - En 2006 fue homenajeado en el Festival de Las Palmas

Maestro de la sobriedad y la introspección

Maestro de la sobriedad y la introspección

Fallece a los 90 años Max von Sydow, la estrella que iluminó los primeros filmes de Ingmar Bergman. El emblemático actor sueco intervino en películas de, entre otros, Huston, Stevens, Tavernier, Allen, Spielberg, August, Fresnadillo, Scorsese, Scott, Troell y Zanussi. En 2006 recibió la Lady Harimaguada de Honor del Festival de Cine de Las Palmas.

De él se decía, y con razón, que personificaba como nadie la imagen de la serenidad y del agnosticismo en la pantalla, facultades que le permitieron asumir a lo largo de casi setenta años de carrera papeles impregnados de una fuerza interior y de un magnetismo extraordinarios, tanto en los platós como en multitud de escenarios teatrales europeos y norteamericanos; de ahí que su trayectoria artística, iniciada en su Suecia natal en 1949, esté sembrada de personajes atormentados por conflictos existenciales y de antihéroes caracterizados por su incapacidad para superar las presiones psicológicas de una sociedad lastrada por la ceguera moral, el egoísmo y la intolerancia.

'Bara en mor'

Alejado de cualquier prototipo actoral y reverenciado por los grandes popes del cine sueco prácticamente desde sus inicios, su presencia en el cine internacional aportó siempre un plus de rigor y autoridad que el público supo agradecer con el reconocimiento unánime a su talento desde su debut cinematográfico en Bara en mor, de su compatriota Alf Sjöberg, un drama social inspirado en la novela homónima de Ivar Bajo Johansson donde el actor ya demostraba su legendario aplomo ante las cámaras interpretando a un tímido campesino enamorado, pese a tratarse de un papel de escaso relieve y de haberlo interpretado cuando aún no había cumplido los veinte años.

Satisfecho por los buenos resultados obtenidos con su nuevo descubrimiento, Sjöberg no duda en incluirlo, dos años más tarde, en el reparto de La señorita Julia, una ajustada adaptación del legendario drama homónimo del gran August Strindberg, escrita por el propio realizador, cuyo tardío estreno en nuestro país no impidió que se hiciese acreedora de las más elogiosas críticas, incluidas las de un rotativo tan conservador como ABC. Aunque de carácter episódico, el trabajo de Von Sydow en aquel excelente filme le catapultó muy pronto como actor especialmente dotado para encarnar personajes de una gran complejidad dramática.

Carl Adolf von Sydow, popularmente conocido como Max von Sydow, representó, hasta el final de sus días, al intérprete incatalogable, en la misma medida que lo hicieron, pongamos por caso, Laurence Olivier, Charles Laughton, Peter O'Toole o James Mason, cuya austeridad gestual nunca supuso un obstáculo para lograr actuaciones memorables en películas que, sin embargo, no siempre estuvieron a la altura de su talento, como Corazón de perro (1974) Nueva York, año 2012 (1975), Objetivo Patton(1978), Huracán (1979), Más allá de los sueños (1998) o La gran huida (1984), aunque sí diera en la mayoría de ellas la talla de su enorme genio interpretativo.

La suya se convirtió por tanto en una presencia sólida, distinguida, templada y misteriosa que lo mismo representaba a héroes de un idealismo insobornable, como la mayoría de los que asumió bajo las órdenes de Bergman; el misionero fanático e imperturbable de la superproducción Hawai (1966); el desdichado padre de familia de Los emigrantes (1971) o el Jesucristo de La historia más grande jamás contada (1965) que al villano incombustible de Nunca digas nunca jamás (1983). La convicción, en ambos casos, era plena.

Su erguida figura ha quedado fijada en la memoria de varias generaciones de espectadores indefectiblemente asociada al cine de su maestro y amigo Ingmar Bergman a través de títulos de imborrable recuerdo como El séptimo sello(1957), Fresas salvajes (1957), Como en un espejo (1961), Los comulgantes (1963) o Pasión (1969), auténticos prodigios artísticos donde Sydow revela una insólita capacidad para transmitir lo aparentemente intransmisible mediante una estilizada y expresiva técnica dramática que le valió, entre otras distinciones, ser nominado al Oscar por su formidable composición del heroico protagonista de Pelle el conquistador (1987).

Arte Dramático

Hijo de un profesor de folklore y de una maestra de escuela, nació en 1929 en Lund, una pequeña ciudad al sur de Suecia, en cuya universidad dio sus primeros pasos en el arte de la interpretación tras descubrir, desde muy joven, su irresistible vocación por las artes escénicas. Alumno aventajado en el prestigioso Conservatorio de Arte Dramático de Estocolmo donde tomó contacto por vez primera con Bergman, su mentor artístico, destacó siempre por la majestuosidad, equilibrio e inteligencia emocional que le imprimía a sus actuaciones, así como por el exquisito criterio con el que elegía sus trabajos muchos de los cuales, especialmente los que desempeñó durante la década de los cincuenta y sesenta, integran algunas de la páginas más brillantes del mejor cine europeo de todos los tiempos.

Compartir el artículo

stats