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Crisis del coronavirus Sergio Millares

"Las epidemias llegaron a las Islas con el incremento de las comunicaciones"

"El cólera morbo de 1.851 dejó unos 7.000 muertos en Gran Canaria, pese a la huida de la gente al campo", rememora el historiador

El historiador Sergio Millares frente al Castillo de la Luz. QUIQUE CURBELO

Ha surgido la pandemia del coronavirus, pero ya antes ha habido otras de graves consecuencias en el mundo, ¿no?

Hay dos grandes epidemias en la historia del mundo occidental: la famosa peste negra en Europa, que duró de 1.347 a 1.350, en la que murieron 25 millones de personas en todo el continente, un cuarto de la población europea. Es la peste de la que Boccaccio habla en El Decamerón y de la que existe numerosa información en la época de la Edad Media. También se dio en 1919 la gripe española o influenza con la que murieron entre 40 y 50 millones de personas en todo el planeta. En España fallecieron 200 médicos, entre otras muchas víctimas.

¿Y en Canarias en concreto?

A lo largo del siglo XIX se produjeron dos grandes epidemias: la del cólera morbo y la de la fiebre amarilla. El primero provocaba una infección intestinal que se transmitía a través de la comida y el agua y que causaba diarrea, retortijones, calambres musculares y muerte debido a una congestión muscular. Este cólera se originó en el río Ganges [India]. A lo largo del siglo XIX en España se produjeron cuatro epidemias con 800.000 muertos. En 1.851 esta enfermedad afectó a todo el mundo y se extendió por Gran Canaria en junio procedente de La Habana. Entró a través del puerto. Probablemente, las medidas de cuarentena no se cumplieron ni se supieron aplicar. Ya el 13 de junio había 160 fallecidos. La gente huyó al campo rápidamente porque se estaba allí más a salvo que donde había aglomeraciones. Esta epidemia dejó unos 7.000 muertos en la Isla y afectó, sobre todo, a la capital. El 21 de noviembre se declaró superada.

¿Qué ocurrió con la fiebre amarilla?

Se trata de una enfermedad tropical que surgió en las Antillas, vírica, aguda y hemorrágica, que transmiten los mosquitos infectados. Desde el siglo XVII al XIX aparecen epidemias de esta fiebre por todas partes. España supuso la puerta de entrada en Europa. En 1824, la fiebre amarilla ocasionó 20.000 muertos en Barcelona en 4 años. En Canarias la enfermedad tuvo su auge en 1810, 1811, 1846, 1847, 1862 y 1863. En Tenerife, en 1846 entra por el puerto de Santa Cruz una epidemia fuerte, probablemente por no cumplir las cuarentenas ni las normas sanitarias. Dura hasta mediados de 1847 y causa 8.000 enfermos y 150 muertos. Tiene efectos menos devastadores que el cólera. En septiembre de 1847 la fiebre pasa a Las Palmas de Gran Canaria que se ve afectada hasta el 48, pero con poca intensidad. De octubre de 1862 a abril de 1863 se produce la segunda gran epidemia de fiebre amarilla. Tiene el origen en Santa Cruz de Tenerife. Más de 5.000 personas huyeron hacia La Laguna porque sabían que el clima más frío ocasionaba menos muertos. Fallecieron 540 tinerfeños en esta ocasión. Son datos de Francisco María de León sobre la historia de Canarias.

¿Qué provoca que estas epidemias se propaguen ya desde épocas pasadas?

A lo largo del siglo XIX, el incremento de las comunicaciones en todo el mundo y el imperialismo que se expande por el planeta hacen que los barcos lleven las enfermedades por todas partes. Anteriormente, ocurría mucho más lento. En 1919 la influenza ocasionó la última gran mortandad. En la segunda mitad del siglo XX aparecen los antibióticos y se cree ya que se extinguirían las grandes epidemias catastróficas. Gran error porque ahora surge el coronavirus. Los efectos, evidentemente, no serán tan catastróficos, pero supone un gran aviso para la humanidad. La globalización y que la gente viaje a gran velocidad por el planeta plantea un cambio de paradigma, los contagios ahora son mucho más rápidos. Cuando antes eran de años ahora son de días.

¿Cómo considera que está siendo la respuesta ante esta crisis actual?

En función de la rápida expansión de la enfermedad, la respuesta está siendo lenta para las necesidades de la población. No se puede tardar tanto tiempo en encontrar una solución. Se está poniendo en tela de juicio este modelo de sociedad capitalista y especulativa donde priman los intereses de las farmacéuticas frente a un sistema mundial de salud que debería ser igualitario, donde la ciencia debería estar para los intereses de la humanidad y no del capitalismo. Los dos grandes retos del siglo XXI son el clima y la sanidad cada vez más socializados. El capitalismo, por su naturaleza de beneficio privado, no puede afrontar los retos de la humanidad a nivel climático y sanitario.

Estas pandemias de siglos pasados, ¿cómo llegaban a unas islas tan alejadas de los continentes, comunicadas por mar?

En esas épocas era muy normal aplicar la cuarentena. En los barcos, si se descubría algún enfermo se le aplicaba hasta que se curara y el barco podía entrar en el puerto entonces. Cuando las medidas de cuarentena disminuían, los controles de vigilancia eran menores o se producía una negligencia evidente, aparecían los episodios de fiebre amarilla o de cólera en la Isla. Ahora también se propagan las epidemias rápidamente de un lugar del mundo a otro tardando horas en su expansión.

¿Influían las precarias condiciones sanitarias de aquellos tiempos en la propagación de las enfermedades?

Claro. Ya desde la Edad Media se intuía que influía la limpieza. En el siglo XIX los sistemas de saneamiento avanzaron mucho aunque aún no lo suficiente. En el XX la gente ya había aprendido de experiencias anteriores, pero la gran novedad de hoy en día es la velocidad con la que nos movemos los seres humanos que ayuda a propagar cualquier virus. Por eso la respuesta ha de ser igual de rápida.

Antiguamente, ¿las epidemias quedaban confinadas en la Isla afectada o se extendían a las demás?

Se aislaba la isla afectada, se establecía un cordón sanitario de esa isla con respecto a las demás y se impedía que los barcos viajaran de una a otra. También existía el pleito insular, los intereses económicos, en que, por ejemplo, desde Tenerife se difundía que en Gran Canaria había una enfermedad y así los barcos no iban hasta Las Palmas. De todas formas, ya en el siglo XIX se sabía cómo evitar la expansión de las epidemias.

¿Con qué medios sanitarios se luchaba?

En el siglo XIX, desinfectando y limpiando. Ya existían las vacunas, pero no su uso generalizado y aún no se había descubierto los antibióticos.

¿Qué disposiciones adoptaba en aquellos casos la autoridad civil y militar?

Confinamientos obligatorios. Una vez superada la crisis, ¿había medidas para sanear el territorio y los poblamientos?

Después de cada crisis, pienso que se aprendía y se mejoraban los sistemas, pero que era algo lento. Los sistemas de control estatales eran bastante deficientes, pero se iba aprendiendo.

¿Cómo era la ayuda del poder civil a los supervivientes?

Había bastante solidaridad. Actuaban también las eficaces estructuras de caridad de la Iglesia, que ponía a disposición de la gente conventos, hospitales, monjas y sacerdotes. El Estado, poco a poco, fue asumiendo su papel asistencial. Los ciudadanos facilitaban alimentos y ayudaban a la población afectada.

En las Islas hubo alguna epidemia más a pequeña escala, ¿no?

El lazareto de Gando se utilizaba para los enfermos de epidemias del siglo XIX y principios del XX. Luego se abandonó y en 1937 se ocupó por presos políticos del régimen franquista. Los primeros meses allí se produjo una epidemia de tifus a causa de la falta de higiene y de los piojos con 19 afectados que tuvieron que ser enviados al Hospital San Martín. Murieron seis personas.

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