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AMALGAMA

Vigilancia intrusiva

Vigilancia intrusiva

En estos días se acude a la opinión de algunos filósofos. Tenemos, por ejemplo, a Slavoj Zizek, que, incluso, ha escrito un libro de 120 páginas sobre el Coronavirus, de título Pandemic! COVID-19 shakes the world!, y ha declarado (Antonio Heredia, en El Mundo): "El dilema al que nos enfrentamos es: barbarie o alguna forma de comunismo reinventado ". Presupone que el capitalismo es barbarie, o lleva a la barbarie, y en su contra opondríamos un "comunismo reinventado", como si el comunismo nunca hubiera generado barbarie. Cuando dice ?i?ek "comunismo reinventado" lo es porque reconoce que, por ejemplo, el comunismo chino tiene sus fallas, y hace caso omiso a la barbarie de una ideología que, llevada a la praxis, llegaba, incluso, a matar a aquellos que tenían uñas limpias o usaban gafas, porque cargaban por ello con el signo de ser burgueses y se convertían por ello en candidatos a su exterminio, como en Kampuchea. ?i?ek sostiene, sin embargo, que su "enfoque comunista" ¡es la única manera de lograr un sistema que no purgue a los ancianos y a las personas enfermas!

Otro filósofo, también procomunista, César Rendueles, profesor de Sociología en la Universidad Complutense, le ha visto, sin embargo, las orejas al lobo. En un clarividente artículo en El País, el 29 de marzo, "La tormenta perfecta de autoritarismo", llama la atención respecto a la situación: "La respuesta al incendio del coronavirus está siendo no solo una movilización general de todos los recursos sanitarios públicos, sino también de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado e incluso el Ejército, con atribuciones sin precedentes en la historia de nuestra democracia. Seguramente son medidas inevitables, pero plantean desafíos evidentes por lo que toca a la salvaguarda de las libertades ciudadanas y al mantenimiento de los límites legales del uso de la fuerza por parte del Estado? El deterioro de la democracia puede parecer un fenómeno transitorio y, sobre todo, un precio a pagar razonable en el contexto de una catástrofe sin parangón. En mi opinión, las cosas son justo al contrario. La fortaleza del Estado de derecho se demuestra en los momentos de crisis".

César Rendueles sigue explicando: "Muchas personas justifican e incluso jalean los abusos de poder. Esta especie de masoquismo ciudadano, de subordinación entusiasta, forma parte de un fenómeno más amplio de normalización del linchamiento social. Las personas que vigilan desde la ventana de su casa a sus vecinos y acosan a quienes salen a la calle por un motivo que no les parece apropiado se han convertido en el paisaje social de muchos barrios durante el confinamiento. Esta especie de comunitarismo represivo era bastante previsible, en realidad. A menudo, las catástrofes aumentan la cohesión, pero al precio de un incremento de la coacción social. El resultado es que ahora tenemos una patrulla ciudadana tras cada visillo. La España de los balcones era el país de los chivatos de terraza".

Todo esto, dice Rendueles, nos lleva a "una tormenta perfecta de autoritarismo". Rendueles termina virando a su campo ideológico, poniendo como mal que sobreviene a la ultraderecha, olvidando que lo hacen todos los gobernantes, con independencia de su ideología, aunque cada quien con su estilo ideológico. Un informe de la revista MIT Technology Review, del 24 de marzo, por Gideon Lichfield, señala, basándose en investigaciones del Imperial College de Londres, partiendo de la base de que la vacuna no estará hasta 2021, recuerda que Trump proponía semanas de confinamiento, y en China hemos visto tres meses. Los investigadores del Imperial College de Londres proponen imponer medidas de alejamiento social más extremas cada vez que los ingresos en las unidades de cuidados intensivos) empiezan a aumentar, y suavizarlas al reducirse la cantidad de las personas ingresadas. Esto significa reducir el contacto fuera del hogar, la escuela o el trabajo, en un 75 por ciento, y "el alejamiento social y el cierre de escuelas deberían producirse aproximadamente dos tercios del tiempo, es decir, dos meses sí y uno no, hasta que haya una vacuna disponible, algo que no se espera, como mínimo hasta dentro de 18 meses".

La construcción de más UCI, la restricción cinco meses, la espera al otoño, la solución brutal de permitir la sobrecarga, ninguno de estos modelos prevén reducir la sobrecarga del sistema en menos de ocho veces su máximo. Pero este nuevo estilo de vida, gráficamente con forma de dientes de sierra respecto a la libertad humana, producirá un efecto ovejuno, de shock total, y militarizará las mentes de los ciudadanos del planeta. La MIT Review, señala, incluso, la supervigilancia de datos, como en Israel, Corea, Singapur o China, para tener a todos los ciudadanos geolocalizados y controlados en sus trayectos. Ya ha entrado en vigor la geolocalización de 40 millones de móviles en España, dicen que sin datos de sus usuarios para no vulnerar la privacidad. De hecho, otro filósofo, Byung Chul Han ha analizado en varios artículos la vigilancia de datos, que han posibilitado un seguimiento estrecho de los habitantes, y se ha revelado como exitoso para poder con la pandemia. Esta denominada "vigilancia intrusiva" será aceptada ovejunamente por los ciudadanos, el costo real caerá sobre los más pobres, los autónomos se precarizarán sobremanera, y "a menos que se impongan reglas estrictas sobre cómo se calcula el riesgo de contraer una enfermedad para cualquier persona, los gobiernos y empresas podrían elegir cualquier criterio: ganar menos de 30.000 euros al año podría considerarse un factor de riesgo, así como tener una familia de más de seis miembros y vivir en ciertas partes de un país, por ejemplo. Eso abre la puerta al sesgo algorítmico". En la teoría transontológica del ser superior, que he defendido filosóficamente, esto significa que el monstruo, Leviatán, está despertando.

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