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LA PENULTIMA VERDAD

Fantasmagoría

Moda, hermana de Muerte, sólo declina el presente

Coco Chanel.

Coco Chanel. LA PROVINCIA/DLP

Moda, hermana de Muerte, sólo declina el presente. Obsesa, sólo da importancia a la presencia del presente. Presencia como apariencia. Diosa de las apariencias fue como la definió Mallarmé. "Creo que las apariencias sean todo en la moda", escribió Vivienne Westwood sólo quinientos años después de El Cortesano de Castiglione, quien creó el concepto de sprezzatura, que algunos traducen por desenvoltura y otros por desdén.

Presencia de un presente acentuado (Simmel), de un presente celoso y vengador (Barthes), capaz de dar un salto de tigre al pasado (Benjamin), Moda coquetea con el cadáver pues encuentra sex-appeal en lo inorgánico.

¿Por qué fantasmagoría que rima con alegoría? Fantasmagoría, fantasma y agorá. Fanta prefijo de fantasma y origen de fantasía. Agorá, decir, hablar; en semiótica, discurso.

Pertrechada de una doble existencia, lo que ha muerto y se ha olvidado, la moda puede incluir en su patrimonio y en su enciclopedia al revenant, al fantasma, a lo que ha podido escaparse del río Leteo, lleno de olvido y de cadáveres.

Fantasmas que adornan, o adornaban en pleno presentismo, un pasado ¿auténtico?, ¿ vintage?, ¿nostálgico? o, sugiero, ¿un pasado cargado de futuro? Barthes lo leyó en una tumba: "Ayer era lo que eres hoy, mañana serás lo que hoy soy".

Si el fantasma da paso a la fantasía, la loca de la casa, se mira al futuro, acaso con un sentido, de sentimiento y de dirección, violento del tiempo. ¿Pasado del futuro? ¿Futuro del pasado? O, simplemente, ¿futuro anterior?

Como aquel gran match, así lo definió Roland Barthes, que enfrentó el clasicismo de Coco Chanel (estilo) con el futurismo de Courrèges (moda), inventor de ese gran icono del siglo pasado, la minifalda, luego asociada a una calle, Carnaby Street, y a una ciudad, Londres. (Dior obligó a David Lynch a que el vídeo sobre Lady Blue contuviera el skyline de Shangai).

La metrópolis, signo máximo de modernidad y espacio de velocidad. Metrópolis, masas, escaparates y un héroe, el paseante, se funden y confunden en esa Modernidad, contingente, efímera y transitoria, como gustaba de decir Baudelaire, cuyo prefijo mod, dicen todos, lo vincula a moda. Ambas, moda y modernidad comparten el crecimiento de la vida nerviosa y facilitan para best-sellers garantizados, títulos prêt-a porter como el imperio de lo efímero.

Es verdad, la moda destruye lo que había adorado y adora lo que destruye (Barthes) y es verdad que la moda posee el atractivo simultáneo del comienzo y del final, de la novedad y al mismo tiempo de la caducidad (Simmel). Difícilmente podría encontrarse otro caso que en su apogeo presentara y representara un sentimiento de presentificación de un presente más intenso. Un presente con vocación de eternidad, entendida como el cesar de las relaciones temporales.

Como diría Walter Benjamin lo eterno, en todo caso, puede ser un volante en un vestido mucho antes sin duda que una idea.

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