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Entrevista | Bernardine Evaristo

"Ser mujer y negra no es algo concreto"

"Ganar el Booker junto a Atwood fue una gran alegría, pero entendí que a muchos les perturbara", explica la escritora, premio Booker con 'Niña, mujer, otras'

La escritora britániconigeriana Bernardine Evaristo. LP/DLP

Con esta novela, que le ha dado a conocer en todo el mundo, ¿tenía la sensación de estar haciendo algo distinto y más importante mientras la escribía?

Cuando escribo quiero que el resultado sea el mejor. Quizá se trate de mi libro más feminista, pero no defiende una tesis única. Siempre he sido una activista, pero esta vez sentí que mientras escribía la sociedad se iba poniendo cada vez más en sintonía con los temas de género y de raza, que son los que más me preocupan. Era algo que empezaba a detectarse en las redes sociales a las que las jóvenes escritoras negras son muy adictas. Con el libro acabado pensé que era como un faro que iluminaba temas interseccionales como el hecho de ser una mujer, y una mujer negra, en la sociedad de hoy. Fue sorprendente porque cuando empecé a escribir sentía que a nadie le interesaban las historias de las mujeres negras.

¿Haber ganado el Booker codo con codo con Margaret Atwood no ha diluido en cierta forma el valor de ser la primera mujer negra en obtenerlo?

Tengo 60 años y he trabajado durante 40. Para mí fue una alegría inmensa y más con una escritora como Margaret Atwood, pero entendí que a mucha gente le perturbó el hecho de no haberlo ganado de forma individual. A mí, desde luego no. Ahora estoy a punto de ser publicada en 26 idiomas, se está preparando una serie de televisión y ha sido un bestseller durante 17 semanas. Esto me ha permitido llegar a un público muy amplio.

¿Qué les diría a los que opinen que la novela está escrita como un poema?

Pues que tienen razón, pero solo en parte. He utilizado muy poca puntuación y un patrón poético en la forma, es decir, parece poesía, pero no totalmente.

Eso en un principio podría ahuyentar al lector.

Si le sugiere a alguien: 'Léete esto que no tiene puntos ni comas', seguro que dice que ni hablar. Pero en la práctica ocurre lo contrario. Estas historias fluyen entretejidas como si fueran sueños. En las redes sociales recibo mucho feedback y nunca, nunca, me mencionan la forma.

Que las doce mujeres negras protagonistas sean muy distintas entre sí ¿es una forma de demostrar una pluralidad que a los blancos se nos suele escapar?

Eso está en el corazón del libro y por eso lo escribí. Quería decir que ser una mujer de color no es algo concreto porque África o el Caribe tienen en su interior innumerables lenguas y culturas. Como los países europeos, que son también muy distintos unos de otros.

Pero tendrán puntos en común en sus respectivas experiencias.

Sí, claro que sí. Pero como en Gran Bretaña somos un grupo reducido y no tenemos una representación clara, se nos suele definir de una forma limitada. Piensas en mujeres blancas y puedes decir muchas cosas sobre ellas, pero de nosotras no. Lo que hace el libro es hablar contra los estereotipos mostrando un abanico.

De las 12 mujeres hay una, Amma, que comparte rasgos con usted.

Sí, Amma formó parte del movimiento contracultural de los 80 y, como yo, era lesbiana. Aunque yo dejé de serlo a los 20 años. Solo es una versión extrema de mí misma. Quería que la gente supiera que en los 80 había activistas en el campo de la creación. En el 2017, una africana radicada en Gran Bretaña, Lubaina Himid, ganó el Premio Turner y, dos años después, yo me hice con el Booker. Algo cambia.

¿Siente una cierta responsabilidad de ser la portaestandarte de las mujeres escritoras negras en Gran Bretaña?

Nadie puede ser representativo de tooodos los escritores, pero yo he sido una activista toda mi vida e intento alzar mi voz para el cambio social. Tengo varios altavoces. Como ser profesora en la Universidad de Brunelle: desde ahí he fomentado la publicación de poetas negros en el Reino Unido y eso en cierta forma ha cambiado el patrón de la poética africana en el mundo. Luego está el Booker. Son pasos pequeños para cambiar el desequilibrio.

Respecto de la literatura afroamericana, con una Nobel como Toni Morrison, ustedes los afrobritánicos van algo rezagados en visibilidad.

Somos muchos menos. En los 80, Morrison y Audre Lorde eran modelos claros para mí, pero ahora ya no. Hay muchas historias que contar desde la diáspora africana que siguen siendo inéditas. En una de mis novelas sigo a una mujer negra en la Inglaterra de hace 800 años y es que la mayoría de la gente no sabe que entonces ya había africanos en Gran Bretaña. Es un hecho.

¿Se define como afrobritánica, africana, británica a secas??

Yo no voy a escribir como Julian Barnes o Sally Roodney. Creo que mi perspectiva es rica y fértil y me siento orgullosa de mi ADN. Cada década se inventa una etiqueta distinta para cada raza.

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