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Entrevista | Andrea Abreu

"Me he dado cuenta de que al lector le gusta que te salgas de la norma"

"Para contar la historia que yo quería contar sobre las dos niñas tenía que utilizar un lenguaje salvaje", manifiesta la escritora y periodista

"Me he dado cuenta de que al lector le gusta que te salgas de la norma"

El libro Panza de burro novela sus raíces en su pueblo natal con una creatividad casi catártica, ¿cómo se desarrolló su proceso de escritura?Panza de burro

Creo que, al ser mi primera novela, el proceso de escritura de Panza de burro será completamente diferente al de próximas novelas -si hubiera próximas novelas, que es mi intención-, pero siento que la diferencia sustancial es que, mientras la estaba escribiendo, estaba aprendiendo a escribir, porque no había escrito una novela antes. Pero sí es cierto que muchas veces digo que, para mí, escribir Panza de burro fue como vomitar porque me salió todo del tirón y, en ese sentido, fue un proceso muy catártico. Creo que esto se debe a que rompí una especie de tablón que tenía delante en cuanto a la oralidad, porque no hice tanta diferencia entre el acto de escribir y el acto de hablar. A veces, una cuando habla es pura verborrea y Panza de burro fue un acto de dejar de fluir la verborrea. Por otra parte, una novela requiere una disciplina y, al principio, los primeros capítulos me salían del chorro sin parar, como un grifo que se abre, pero luego tuve que volver atrás a pulir y limpiar, porque al final escribir es como limpiar una casa durante meses.

Precisamente, una de las grandezas de la novela radica en esa oralidad como un mecanismo formal indisociable del fondo. ¿Panza de burro solo podía narrarse desde esa aleación?Panza de burro

Totalmente. De hecho, cuando empecé a escribir la novela pensé en hacerlo de una manera mucho menos "radical", pero enseguida me di cuenta de que estaba escribiendo en un español estándar, si es que eso existe, incluyendo solo algunas estructuras de las frases y el léxico canario. Entonces, me di cuenta de que para contar la historia que yo quería contar en torno a ese salvajismo de la relación entre las dos niñas tenía que utilizar un lenguaje salvaje. Y una vez que rompí esa especie de muro entre el lenguaje hablado y el escrito pude contar la historia que realmente quería contar, porque al principio sentía que me estaba quedando a medias. Por eso, lo que hice fue romper la jerarquía entre narradora y personaje, de modo que la narradora se sitúa al mismo nivel que los personajes y los diálogos, sin que haya diferencia, que es lo que suele ocurrir en las novelas convencionales que tratan de reflejar una determinada oralidad. Yo quería que no hubiese jerarquía, sino que fuese todo horizontal.

Su escritura también diluye las fronteras entre prosa, poesía y autoficción, ¿apuesta de forma intencionada por esa hibridación de género?

Sí, aunque evidentemente Panza de burro se podría catalogar dentro de la novela, sí es cierto que, al igual que no hay barreras entre el lenguaje hablado y escrito -dentro de lo posible, porque siempre hay una imposibilidad material, física y temporal de narrar igual lo que se dice que lo que se escribe-, me sucede que, como he escrito en varios géneros, yo ya no sé diferenciar y me sale mezclar el periodismo, la poesía, la novela y el cuento. Además, creo que el futuro y el presente de la escritura está precisamente en la hibridación. Al menos, a mí los géneros que más me interesan son los fronterizos. En el periodismo, por ejemplo, los géneros que más me atraen son aquellos a caballo entre la literatura y la información, y Panza de burro es resultado de mi formación híbrida como periodista y escritora en todos estos géneros.

Sin afán de incurrir en etiquetas reduccionistas como "literatura de mujeres", ¿diría que Panza de burro fue escritura desde una "conciencia femenina", en el sentido de que aborda temas (aún) tabú como la sexualidad infantil femenina, o como ya hiciera en el fanzine Panza de burroPrimavera que sangra,

Sí, a mí tampoco me cuaja la etiqueta de "literatura de mujeres" porque no estoy escribiendo desde esa perspectiva pensada, pero sí pienso que soy feminista y que eso se refleja en mi forma de actuar, de ser y de escribir. Principalmente, cuando hablo de cosas que son aún tabú creo que es más una necesidad propia como individua que una necesidad de romper un tabú. Cuando escribo sobre determinadas circunstancias es porque estas me han atravesado o han atravesado a personas que conozco o que me interesan. Al final, son realidades que yo quería que apareciesen en mis escritos y eso es un acto político pero también es un acto de necesidad, porque yo no puedo huir de mi identidad de mujer canaria; por tanto, la utilizo a mi favor y escribo a través de ella.

¿También es un acto político y de necesidad mostrar ese imaginario rural canario, que tanto se desconoce en el exterior?

Sin duda, porque creo que hay una diferencia bastante importante entre los barrios rurales de Canarias y el área metropolitana, y que los primeros siguen bastante invisibilizados. De hecho, yo siempre tenía la sensación de que las historias de mi barrio, que viví durante mi infancia, no tenían legitimidad para aparecer en un libro. Por eso, creo que es un acto político escribir desde el barrio y sobre el barrio, así que tomé la decisión de escribir sobre lo que supuestamente no se tiene por qué escribir porque, a priori, no tiene interés.

¿En qué medida el hecho de ser canaria en el exilio ha moldeado su forma de escribir?

Me ha moldeado totalmente, aunque no me di cuenta de que quería escribir sobre mi barrio hasta que estuve lejos de mi barrio. Muchas veces, la distancia aporta luz y claridad, como cuando estás tan cerca de un cuadro que apenas logras verlo con perspectiva hasta que tomas distancia para verlo mejor. Creo que irme de Canarias y vivir esa añoranza, esa melancolía, me ha permitido valorar cosas que antes no era capaz de ver o valorar, lo cual supuso un proceso de aprendizaje importante, que fue entender que cada una tiene una historia única que contar sobre su propio entorno, sobre lo que has vivido en él, y que solo tú puedes contar.

Después de un debut narrativo tan potente, una vez culminada la campaña promocional de Panza de burro, ¿cuáles son sus próximos proyectos?Panza de burro,

Justo estas semanas acabo de mudarme de nuevo a Tenerife, porque he decidido tirarme a la piscina e intentar dedicarme a la escritura. Yo soy periodista y para mí la escritura es una cosa que lo abarca todo, así que me siento, como dice Martín Caparrós, escritora de ficción y de realidad. Solo han pasado tres años desde que me fui y me siento completamente extranjera, pero Panza de burro me ha dado el empujón que necesitaba para apostar por este plan, así que ahora estoy escribiendo un libro de relatos y voy a seguir en esta senda, que combinaré con la publicación de artículos.

Con todo, ¿esperaba una acogida tan entusiasta para un libro que revienta todos los cánones narrativos normativos?

La verdad es que no me lo creo todavía, porque, precisamente por ser un libro tan poco normativo, pensé que no iba a tener mucha repercusión y que, incluso, podía generar rechazo. Una siempre tiene miedo de que a la gente le guste mucho la norma, pero me he dado cuenta de que al lector le gusta más que te salgas de la norma.

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