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LA PENÚLTIMA PALABRA

La metáfora del laberinto

La metáfora del laberinto

La metáfora del laberinto

Hay quien ha dicho que la del laberinto es una "metáfora absoluta". Lo fuere o no, sin duda es eficacísima para la situación actual en la que el desconocimiento del futuro permite atribuir significado a todo. Espacio de conjeturas, ardides y astucias; de enredos y enigmas. Conocemos la entrada pero, perdidos, ignoramos la salida, aunque entrada y salida coincidan como en el laberinto unicursal. Repetimos los versos de Borges: "no esperes que el rigor de tu camino/ que tercamente se bifurca en otro, que tercamente se bifurca en otro/ tendrá fin". Anhelamos un hilo de Ariadna y recordamos cómo escapaba el hijo del brutal personaje que interpretaba Jack Nicholson, volviendo a pisar las improntas dejadas en el suelo nevado del laberinto.

El mito señala a Dédalo como inventor del laberinto que construyó, por mor de la vergüenza, para encerrar, en el centro, al Minotauro. Fue Teseo quien gracias al hilo de Ariadna pudo encontrar la salida, haciendo así que el hilo fuera el laberinto mismo y viceversa. Hasta tal punto que el Minotauro no es necesario. Si en esta historia hay un Minotauro es para hacer la cosa interesante (Eco).

Otra versión recuerda que el palacio de Knossos que Dédalo construyó está destinado a la danza. El palacio de la danza. Danza siempre caracterizada por el movimiento y el ritmo. Danza siempre en relación con el laberinto.

Mariano Fortuny y Madrazo incluyó en el logo de su marca tres signos: su nombre, Fortuny; un laberinto y el nombre de Knossos y destacó por su gran invento el vestido Delphos que portaron Lillian Gish, la Madame Guermantes de Proust, la marquesa Casati e Isadora Duncan. Y con un Delphos fue enterrada Susan Sontag.

El rasgo distintivo de este vestido es el pliegue -como el peplo o quitón del auriga de Delfos- como en el laberinto , como en el grafo de la Teoría de las Catástrofes.

Un pliegue, siempre del Barroco, que no sugiere ni continuidad, ni discontinuidad sino la no discontinuidad. Y con una temporalidad marcada:

lo intempestivo. Como ahora.

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