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Entrevista | Máxim Huerta

"Me niego a llevar a cuestas la mochila del rencor"

"No pensar en negativo cuenta también como felicidad, hay que insistir en la alegría", explica el escritor, periodista y ex ministro

Máximo Huerta. LP/DLP

Comparte el alivio de su madre, claro.

Como no estoy, no lo sé.

Lo puede imaginar: la cultura pasa por horas muy bajas.

Me habría gustado que, siendo ministro, me hubieran preguntado por la cultura, pero todos hablaban del "hombre de la tele".

Disculpe. Parecía una pregunta razonable.

La cultura es lo que nos sobrevive a todos. Es la rondalla, la receta, el cuento.

¿Aprueba la gestión de su exjefe?

Mi responsabilidad ciudadana no es solo llevar mascarilla, es ser prudente, no avivar fuegos, no generar ruido.

Le cuestan poco las mudanzas. Incluso dejó a Màxim para ser Máximo.

Me llamo Máximo desde 1971.

Hace menos que perdió la huella valenciana.

Perdí a mi padre el 31 de agosto de 2017 y quise llevar su nombre. Solo que no me apetecía dar explicaciones. Me niego a estar dándolas todo el tiempo.

En los rigores del covid también perdió su programa, 'A partir de hoy ' (TVE).

Entramos en un ERTE y, al final, lo cancelaron. Quedó claro, al menos, que no me habían colocado (a cambio de la dimisión). Era un muy buen programa. Me duele mucho por las familias de todo el equipo que estaba esperando volver y no ha vuelto.

¿Cómo ha vivido el parón?

En casa, que no tiene terraza ni balcón. Entre acuarelas -pinto desde que era jovencito-, libros, series y muchas llamadas.

¿Vive solo?

Sí.

Ha corrido que estaba "enamorado".

No hay novedad en ese aspecto.

'Con el amor bastaba' es el título de su novela. ¿Basta?

Con la salud basta. Ahora todos los días son 22 de diciembre. Pero el amor resume muchas cosas: la felicidad, la tranquilidad, el vivir.

¿Qué hace atractivo a un candidato?

Uy, qué difícil... La palabra, quizá.

Elija una al azar.

Voltereta.

¿De veras?

Me gustan las palabras que tienen una imagen. Desde pequeño yo he dado unas cuantas.

Lo confirma su biografía, sí.

El presente es incierto. No hay futuro. Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad. Y olvidar según qué, porque una de las formas de sobrevivir es olvidar. Me niego a llevar a cuestas la mochila del rencor. No pensar en negativo cuenta también como motivo de felicidad. Hay que insistir en la alegría.

¿Es un hombre fuerte?

Más de lo que creía. Sí, sí, sí. Soy fuerte y elástico. Mi capacidad de resiliencia es gigantesca.

¿Nada le puede?

Las inclemencias del tiempo y de la familia. Por lo demás, la vida es una competición y pienso participar hasta el último día.

Y exige el derecho de ser uno mismo.

Absolutamente.

Defina su mismidad.

No me psicoanalizo. De hecho, lo que pienso hoy seguramente podría cambiarlo mañana. Diría que todos somos personas en tránsito a lo que queremos ser. Y allí donde te encuentras feliz, te quedas un tiempo.

Que ahora es...

La tranquilidad, entendida como ausencia de dolor y de preocupaciones.

Modesto planteamiento.

Es el mío. Yo reivindico el valor de la diferencia frente a lo que muchos llaman normalidad. Todos somos únicos y raros, y en eso reside la belleza de cada cual. Si nos diéramos cuenta, disfrutaríamos más y también seríamos mucho más libres.

¿Qué tal anda de libertad?

De aeropuerto en aeropuerto, aunque siempre hay una torre de control que manda que aterrices.

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