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Entrevista | María de los Reyes Hernández

"Mucha gente que no perteneció a la Luján Pérez se nutrió de su espíritu"

"Este libro es un acercamiento a la historia del arte en Canarias, y que pone en valor lo nuestro", informa la catedrática y comisaria de 'Cita a ciegas con la Escuela Luján Pérez'

La catedrática María Hernández de los Reyes, la semana pasada, en la presentación del libro en el CAAM.

La catedrática María Hernández de los Reyes, la semana pasada, en la presentación del libro en el CAAM. LP/DLP

El libro Cita a ciegas con la EsCita a ciegas con la Escuela Luján Pérez ve la luz como un legado historiográfico de casi 400 páginas sobre esta institución centenaria, ¿qué aspectos destaca de su trayectoria?cuela Luján Pérez

Lo que deseo transmitir con este texto historiográfico, que no es solo un almacén de información sobre la Escuela Luján Pérez, sino una construcción histórica coral donde 17 firmas plasman la visión de la institución que ha cumplido 100 años, es que, pese a sus altibajos, con etapas de gloria y otras muchas de crisis, ha salido a flote y se mantiene. En este sentido, no me canso de repetir que, en esa trayectoria, no hay una sola escuela sino varias escuelas, porque no es la misma la de Felo Monzón que la de Santiago Santana o Eduardo Gregorio. La escuela se ha ido metamorfoseando y cada etapa tiene su impronta, pero todas están atravesadas por esa relación igualitaria entre alumnado y profesorado, con un sentido de equidad, igualdad y libertad creativa muy adelantado a su tiempo.

¿Cómo logra registrar la influencia real de una escuela referencial para tantos artistas de distintas etapas en las islas?

Precisamente, este es un aspecto que no debemos olvidar: la escuela no se circunscribe a los discípulos o profesores que acoge, sino que la escuela es todo, porque mucha gente de fuera se nutre de este espíritu de vanguardia. Sobre todo, recordemos la época de Felo Monzón y Manolo Millares, donde este último no pertenecía a la escuela, pero sí tuvo una importante relación, al igual que Antonio Padrón, Martín Chirino o Pepe Dámaso. La Escuela Luján Pérez irradiaba hacia fuera elementos y formas contemporáneas y modernas de los que se nutrieron tantos artistas fundamentales en Canarias, debido a lo que hoy llamaríamos "transferencia de conocimiento".

¿Diría que ese espíritu de libertad creativa que abanderaba la Luján Pérez sobrevive, tanto en el centro como en otros a escala nacional o internacional?

El primer texto de Juan Monterroso, profesor de la Universidad de Santiago de Compostela, aborda el panorama de las escuelas en España en estos momentos para poder resituar el papel de la Escuela Luján Pérez. Y a este respecto, Monterroso escribe que "todo es menester crearlo de nuevo", y este mensaje podría dirigirse tanto a los centros de enseñanza de las Bellas Artes fuera de las islas como a la Luján Pérez, que debe asumir ese papel adaptado a estos nuevos tiempos. Todas aquellas escuelas en esos momentos hicieron lo mismo que la Luján Pérez, que fue recuperar la memoria colectiva del pueblo y sus tradiciones, pero también preparar a los estudiantes para un oficio, sin olvidar ni la enseñanza en sí misma ni la veneración por la naturaleza circundante, porque ellos descubrieron nuestro paisaje, sus personajes, como los campesinos y campesinas, con su amor por el trabajo verdaderamente duro.

¿En qué medida fomentó la Luján Pérez la configuración de ese espejo artístico colectivo de nuestra identidad canaria?

Cuando hablamos de un arte propio vernáculo es porque ese imaginario está ahí representado, como esa unión de arte y trabajo que queda perfectamente plasmada en obras de Felo Monzón o de Cirilo Suárez. Y también podemos referirnos, en esta línea, al tipismo de Néstor, quien tampoco pertenecía a la escuela, pero sí que recibió una importante influencia; o a las investigaciones de Plácido Fleitas sobre el pasado aborigen en el Museo Canario. Ese gusto por recuperar el pasado aborigen para proyectarse en lo propio es un sentimiento que se da en diferentes épocas hasta el presente, con artistas contemporáneas como Teresa Correa.

A lo largo de su investigación, ¿destaca algún otro aspecto desconocido sobre la historia de la institución artística?

Siempre me gusta recordar la proclama de Domingo Doreste Fray Lesco sobre esa nueva escuela, que era formar a alumnos sin relación con lo autóctono, y que se retrotrae a 1908 (esto es, 10 años antes de su fundación con la importancia de la educación viajera, que es algo que nosotros señalamos como una novedad. Entonces, se desplazaron niños de entre 11 y 15 años de la Escuela de Arte de Hamburgo a Gran Canaria y Tenerife para estudiar, ver y dibujar, lo cual fue una experiencia pedagógica que iluminó y guió a esos niños, según contaba un profesor alemán. En este sentido, también, la escuela fue moderna, porque siempre tuvo muy en cuenta lo que se hacía en el resto de Europa.

Con todo, ¿este libro queda como referencia de investigación sobre la historia del arte en Canarias, pero también como testimonio de aquella macroexposición que se repartió en cinco salas del casco de Vegueta?

Totalmente, este libro es un acercamiento a la historia del arte en Canarias y, por eso, el nombre de la exposición (y del libro) es "cita a ciegas", porque es un descubrimiento en el que no sabes con qué te vas a encontrar, donde no son todos los que están, pero están todos los que son, y que, sobre todo, pone en valor lo nuestro. Luego, efectivamente, el libro queda como testimonio de aquella exposición que fue una especie de museo donde, durante dos meses, las calles del casco de Vegueta se transformaron en algo diferente, con el afán de, una vez más, transferir ese conocimiento a la población, y que se viviera como distintos puntos de encuentro con ese pasado histórico o como un paseo a través de la historia del arte. Y lo que queda de ese gran encuentro es este catálogo, que nos ayuda a reflexionar mejor sobre lo que ha sido la Escuela Luján Pérez y el arte en Canarias durante, nada menos que, 100 años.

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