Eugene O'Neill (Nueva York, 1888-Boston, 1953), Premio Nobel de Literatura y galardonado en cuatro ocasiones con el Pulitzer, pasó una temporada en Las Palmas de Gran Canaria. Fue en marzo de 1931, según las investigaciones realizadas por Manuel Mora Lourido. Y los 30 días que estuvo alojado en el desaparecido Hotel Atlantic, en el nº 22 de la calle Doctor García Castrillo, en Ciudad Jardín, escribiendo a destajo, fueron determinantes para concluir su obra capital, A Electra le sienta bien el luto, que apuntalaría su trayectoria como dramaturgo, coronada años más tarde, en 1936, con el Nobel de Literatura.

De la relación de O'Neill con la Isla a la que llegó con su tercera esposa, la actriz Carlota Monterrey desde su residencia francesa "en busca de sol y calor", poca noticia se tenía, salvo una pequeña reseña en LA PROVINCIA, hasta que Manuel Mora Lourido comenzó a documentar su tránsito en Gran Canaria.

Mora Lourido desveló anoche, en una conferencia que ofreció en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, que lejos de ser un viaje de placer, a O'Neill, hombre fascinado por el mar, y así se constata en su producción, le reportó notables beneficios. "Llegó con 42 años como dramaturgo consagrado y con tres Pulitzer", y según recogen los diarios de su esposa, documento excepcional en esta investigación, "Gran Canaria tenía un efecto revitalizador de cada obra que tenía entre manos", aseguró Mora Lourido.

Incluso, O'Neill introdujo cambios en A Electra le sienta bien el luto, y según Mora Lourido, autor de otros trabajos como Churchill, entre Cuba y Canarias, "la imagen de la isla paradisiaca a la que se puede escapar", cuando en el texto habla de "la tierra caliente a través de la luna, los vientos alisios, y la barra del Arrecife", parecen situar a Gran Canaria en el relato.

Decepción

El conferenciante enfatizó en su charla, que dada su condición de miembro de la Eugene O'Neill Society, pudo investigar al personaje en los archivos de esta organización en California y en la Universidad de Yale, además de los diarios de su mujer, y los telegramas que el dramaturgo envió a su agente en Nueva York.

El autor de Más allá del horizonte, Anna Christie, Deseos bajos los olmos, Extraño interludio o Largo viaje hacia la noche, y su pareja, tenían buenas impresiones de España. No obstante, Carlota estaba decepcionada. A su llegada, se instalaron en el hotel Metropole, y optaron por irse al Atlantic. Todo cambiaría para mejor. Las salidas a Las Canteras para nadar, practicar remo y tomar el sol, y la escritura hasta las 2.00 horas de la madrugada, se alternaron con salidas fugaces a Arucas y Agaete, compras en Triana y visitas al Café Alemán, en el parque de Santa Catalina.

Al recibir el Nobel, "la obra más grande de su autor", según la Academia, O'Neill dijo que "la mayor satisfacción me la ha dado Electra", el texto que concluyó en su breve estancia grancanaria.