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Marcelo Luján: “El lector se va a encontrar con un intento de situar las historias desde la cotidianidad”

“El lector se va a encontrar con un intento de situar las historias desde la cotidianidad”

“El lector se va a encontrar con un intento de situar las historias desde la cotidianidad”

Acaba de recibir su octavo premio literario con el libro de cuentos La claridad. ¿Qué significa para un escritor que premien todas sus obras?

Considero que los premios literarios siempre son buenos para el autor. No solo por el dinero o el modo en el que uno circula en redes y en las noticias, ya que ganar un premio mueve mucho nuestros nombres en los medios de comunicación, sino que también es importante para esta actividad tan solitaria que es la escritura porque no solo avalan nuestro trabajo sino que nos dan energía para seguir escribiendo. Los premios son las mejores cribas, porque uno les da los textos a sus amigos y te pueden decir que están bien pero un jurado no conoce al autor y puede ser mucho más cruel y eso es bueno para un escritor. En mi caso, sobre todo los primeros libros, salieron todos con premios y eso es una alegría muy grande y fue gracias a ellos que empecé a publicar.

¿Le condiciona este hecho cuando inicia un nuevo proyecto literario?

A veces digo que un autor o autora que ya ha publicado y que tiene cierto prestigio porque ha sido premiado deja de ser impune. Se termina la impunidad del inédito. Cuando uno empieza a tener publicaciones y esas publicaciones son avaladas por premios, por supuesto que condiciona, pues hay que tener una postura seria ante la literatura y saber que hay una cadena de lectores detrás, por lo tanto hay que empezar a tener más atención en cuidar y respetar al lector.

Sin hacer spoiler, ¿a qué se enfrenta el lector en esos cinco cuentos que, en palabras de Fernando Aramburu son, “historias que trasladadas a nuestra vida serían para echarse a correr”?

En realidad son seis los cuentos. Cinco estaban en el manuscrito original que participó en el premio, por eso Aramburu habla de cinco pero en el proceso de edición, junto al editor Juan Plaza Mayor, se decidió incorporar un sexto cuento que originalmente no estaba. El lector creo que se va a encontrar con algo que intenté desde el primer momento al escribir este libro: situar las historias desde la cotidianidad. En espacios o en situaciones espaciales comunes, muy reconocibles para el lector, con personajes y sucesos o interacciones también reconocibles. Cuando el lector esté en esa situación aparecerán hechos extraordinarios o, en algunos casos, situaciones fantásticas que van a conmoverlo aún más, pues estando en una situación de tanta cotidianidad estos picos de extrañeza son los que realmente conmueven.

¿Con qué valores o emociones trabaja en el libro?

El libro trabaja, de algún modo, el peligro, el mal y lo expuesto que estamos a situaciones desgraciadas, sobre todo, en escenarios cotidianos. En escenarios blancos llenos de luz y de claridad donde no esperamos encontrarnos con el mal. Ese es el eje que vertebra este libro y donde espero que el lector disfrute, aunque no sea el adjetivo más acertado, porque son cuentos con contención, con un dramatismo bastante pegadizo.

Una de sus obras, , está siendo adaptada al cine. ¿Ver su novela en la gran pantalla es la máxima aspiración de un escritor?

Sí, la novela la está adaptando Fernando Franco. No sé si es la máxima aspiración, a lo mejor para unos compañeros y compañeras sí, pero lo cierto es que es un destino bastante curioso y llamativo. Que algo que se te ocurrió una vez en tu cabeza, que escribiste y trasladaste a través de la escritura pase al audiovisual, a otro soporte donde la historia se reinterpreta, porque los mecanismos de transmisión no son los mismos de la palabra escrita al audiovisual es curioso, llamativo y lindo. Así como que el Director te lleve a localizaciones donde se da una reinterpretación de un escenario que nos imaginamos una vez y que ahora un adaptador también está reimaginando. Se convierte en tangible lo que en su momento creamos.

Ha escrito poesía, relato y novela. ¿Con qué género se siente más cómodo?

La verdad es que poesía tal y como se entiende, no escribí. Sí tengo dos libros escritos en prosa poética: Arder en el invierno y Pequeños pies ingleses. La poesía me gusta mucho y le tengo un gran respeto. Pero yo soy más de narrativa, más de prosa. Esta variable poética que, a veces sentimos la necesidad de expresar, la convierto en prosa, ya que me parece un género híbrido precioso que da mucha liberta en la puntuación y en el ritmo interno. Por otro lado, la novela y el cuento son dos géneros que me gustan mucho. Yo siempre le doy importancia a la historia que quiero contar, la historia es lo que lo determina todo, incluso el género narrativo. Además, como latinoamericano y como rioplatense estoy educado en el cuento. Es un género que queremos un montón y que respetamos mucho. Los grandes maestros latinoamericanos han ejecutado el género del cuento de un modo magistral.

¿Qué diferencia la creación del relato de la creación de la novela?

La diferencia entre cuento y novela es una diferencia importante, por decirlo mal y pronto. Es decir, hay mucha distancia en el proceso creativo y de ejecución de ambos géneros. Julio Cortázar, en una conferencia famosísima que dio en La Habana en los años sesenta, utilizó una metáfora boxística –a él le gustaba mucho el boxeo– muy ilustrativa para mostrar esta diferencia. Dijo que “La novela gana por puntos, el cuento debe ganar por nocaut”. El cuento no permite ninguna distracción en el lector, cualquier error en él nos hace perder al lector. Porque el cuento tiene un elemento muy importante, del que también habló Cortázar, que es la atención. Es irrecuperable. La novela, ante ese error, se recupera antes.

¿Cómo ha vivido estos meses de confinamiento?

Durante estos meses de confinamiento, pese a la sorpresa que nos llevamos todos, no tuve muchos problemas porque salgo poco y trabajo mucho desde casa. Incluso las clases que doy presenciales pasaron a un formato on line y pudimos seguir trabajando con un ritmo normal. En los meses de confinamiento se falló el Premio Ribera del Duero pero no lo podíamos decir porque había que hacer la rueda de prensa, que tuvo lugar en julio y, bueno, eso me tenía muy aturdido. Saber que había ganado pero que no lo podía decir, por respeto a los compañeros y a las compañeras y porque era lo que se había acordado con los organizadores. Así que escribir ficción era casi imposible. Por lo que me dediqué a la lectura, a preparar clases con ganas de que todo volviera a una cierta “normalidad”.

Es su segundo año en el Festival Hispanoamericano de Escritores. ¿Qué significa para usted hacer doblete?

Sí, es el segundo año en el que participo. El hecho de que se dé este doblete tiene mucho que ver con la concesión del premio y con la salida de La Claridad. Yo estoy encantadísimo de volver al festival y a la isla de La Palma. El año pasado lo pasé muy bien, sobre todo porque en los festivales te encuentras con muchos escritores y escritoras que no viven en tu ciudad. Por tanto, se da un espacio para compartir, para conocer, para dialogar, tanto en las mesas redondas como en las comidas o en las excursiones. A mí personalmente me gusta mucho cómo está construido este festival.

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