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Entrevista

Jordi Nadal: “El mundo está tan mal que los libros tienen más futuro que nunca”

"Prefiero una buena serie a un mal libro", expone el escritor y fundador de Plataforma Editorial

“El mundo está tan mal que los libros tienen más futuro que nunca”

“El mundo está tan mal que los libros tienen más futuro que nunca”

Fundó Plataforma Editorial hace trece años. “Mi editorial es un cañón”, avanza este artillero que combate simultáneamente en todas las trincheras del libro, sugiriendo, publicando y escribiendo ‘Libroterapia’ o su proyecto inminente, ‘La invención de la bicicleta’.

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: “¿Los libros curan el coronavirus?”

No, pero en un coronavirus sin ellos estás infinitamente más solo. Los libros cumplen con la misión de la Medicina cuando no puede curar, que es cuidar y acompañar.

No me atropelle con su pasión libresca.

Cuesta conseguir que un volcán emita como un fluorescente aunque Julio Caro Baroja, a quien conocí, proponía “a la gente que cree, que sea poco, bajito y sin molestar”.

Algún clásico se le habrá atragantado.

La muerte de Virgilio, de Hermann Broch. No has de leerlo todo, y el apasionado no tiene nada que ver con el fanático, el que no cambia de tema ni de opinión. Como decía mi amigo José Luis Sampedro, “está bien el rigor, pero no mortis”.

"El boxeo es más noble que la edición, no me imagino a Cassius Clay contra un hombre con 70 kilos menos"

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”Los populismos no necesitan asesores de imagen”.

Porque se retroalimentan, esto va a ser incontenible. Cada vez hay más gente que afila la herramienta del odio. Las mismas manos que pueden interpretar las Variaciones Goldberg, también teclean obras más mortíferas que la bomba de Hiroshima, como Los protocolos de los sabios de Sion.

Podríamos seguir promocionando a Irene Vallejo y ‘El infinito en un junco’.

Triunfa porque la lluvia es muy agradecida cuando cae sobre el desierto. El mundo está tan mal que los libros tienen más futuro que nunca.

Que el gremio de editores nos libere por favor de un aluvión de ‘Mi confinamiento y yo’.

Yo, mí, me, conmigo. Hay más gente dispuesta a escribir un libro que a leerlo. Aristarain proponía en su película Un lugar en el mundo, pero convendría leer a Scott Fitzgerald antes de emprender una novela de amor. Todo el mundo tiene derecho a escribir, pero no hace falta que todo se publique.

¿Por qué el libro sobrevive en papel y el periódico no?

Porque de todas las personas que consumen cultura, y siento mucho ser incorrecto, el mejor consumidor de cultura es el lector. Aparte le gustarán el jazz, la música clásica o Sabina, que también es un clásico. Como decía Valle-Inclán, “la democracia tiene categorías técnicas”.

¿Ha de conocer a una persona antes de recomendarle un libro?

Puedes interesarte por saber de qué pie calza, pero Graham Greene decía que las personas con prejuicios tienen algo en común con las personas con ideales. Con el dinero ocurre igual, hay que ser ambicioso pero no codicioso.

¿Teleseries como enemigo?

Prefiero una buena serie a un mal libro. Cuando pienso en The wire de David Simon y en La frontera de Don Winslow, son dos obras de arte. Es como si te plantean “gambas o jamón serrano”, ¿por qué tendría que elegir?

¿Qué autores han querido robarle?

Ufff, todos. Hay dos que no pueden, no los nombraré por discreción. En el mundo del boxeo hay más nobleza que en la edición, porque no me imagino a Cassius Clay combatiendo con un hombre que pesa sesenta kilos menos. En mi profesión hay matonismo, la violencia bruta del dinero.

¿Qué autor querría robar usted?

Ninguno, y a algunos los admiro tanto que los recomiendo. Me conformo con ver a Irene Vallejo donde está, y felicito a su editorial. Monchi puede traspasar jugadores en el Sevilla, pero no en mi mundo. Están los halcones que miran y los buitres que huelen, pero no quiero acabar en un terrario.

Simenon fue el autor más releído de la pandemia.

No lo sabía, pero no me sorprende. Aparte de Maigret, en novelas como El hombre que veía pasar los trenes o La nieve está sucia, Simenon penetra el alma humana. Se necesita solidez y distancia para leerlo, porque desnuda tu lado oscuro.

Elogia a Houellebecq.

Porque es un cínico genial, paroxista, que a la vez me hace reír y me deprime con sus escenas de dudoso gusto. Entiendo a quienes lo detestan, porque siempre hay alguien dispuesto a hacerlo, pero me dan miedo esos seres tan angelicales que tienen claro a quien odiar.

Se enfrenta a cada libro como si fuera el primero.

Sí, sí. Como decía Cernuda, “que nada se convierta en callo”. El resabiado es gente muy jodida. Octavio Paz quería redescubrir el amor, pero hay que redescubrirlo todo.

¿Hay un libro de todos los libros?

No, pero mi vida sería infinitamente más pobre sin la existencia de la obra de Albert Camus. Su novela El primer hombre es inacabada y perfecta.

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