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Entrevista

“Cancelar conciertos a la ligera es una irresponsabilidad”

“Cancelar conciertos a la ligera 
es una irresponsabilidad”

“Cancelar conciertos a la ligera es una irresponsabilidad”

El pianista Juan Pérez Floristán (Sevilla, 1993) se ha consolidado en pocos años como referente entre las nuevas generaciones de músicos españoles y europeos. Con un repertorio que incluye más de 30 conciertos para piano y orquesta, el músico ha debutado en algunos de los principales festivales y salas del mundo, como el Wigmore Hall de Londres, la Herkulessaal de Múnich, la Filarmonía de San Petersburgo o el Béla Bartók Hall de Budapest. Hoy y mañana se estrena con la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria en su nueva temporada 2020/2021.

Su debut con la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria esta noche se basa en un solo del Concierto para piano nº 4 de Beethoven, una de las cumbres concertantes de la historia de la música. ¿Qué significa esta pieza en el conjunto de la obra del compositor de Bonn, cuyo 250º aniversario se conmemora este año?

Pues Beethoven tiene cinco conciertos para piano y orquesta, pero el cuarto concierto ocupa un lugar muy, muy especial en el corazón de prácticamente todos los pianistas y del público de la música clásica. Puede que decir que es el mejor de los cinco sea un poco arriesgado pero, para mí, lo es, porque creo que es realmente uno de los mejores conciertos jamás escritos. Y para mí, poder conmemorar este 250º aniversario de Beethoven con este concierto, además en un año tan raro como está siendo este, es inmejorable.

¿En qué medida comporta un desafío enfrentarse a una pieza que ha sido tantísimas veces grabada e interpretada?

Creo que ese sentido de la responsabilidad existe siempre y, además, es necesario para estar a la altura. Uno no sube el Everest pensando que va a ser fácil, sino sabiendo que es difícil, pero de ese reto también saca uno la inspiración suficiente como para disfrutar del viaje, que, al final, es de lo que se trata, más que de obsesionarse con lo muy tocada o grabada que esté una obra. Al final, estás tú solo frente al teclado o frente a Beethoven, y lo que toca es disfrutar.

“Los bares estarán llenos mientras yo voy a tocar en una sala con un aforo reducidísimo. Y eso duele”

Juan Pérez Floristán - Pianista

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Procede de una familia de músicos y, aunque en su niñez rehusaba seguir esa misma senda, a los 25 años ya había debutado en muchas de las principales salas y festivales de música del mundo. ¿Qué papel desempeñó su entorno familiar?

Siento que ha sido positivo, en cualquier caso. Sobre todo, porque mis padres han sabido administrarlo muy bien y nunca he sentido presión por parte de ellos en cuanto a que me tuviera que dedicar a la música, o a un camino concreto dentro de la música. Entonces, cuando uno siente que tiene esa libertad desde su entorno familiar, todas esas facilidades son ventajas, porque no se convierte en una obligación. En ese sentido, mi carrera musical ha sido una elección.

¿Cómo cambió su vida al recibir el Primer Premio del prestigioso Concurso Internacional de Piano de Santander Paloma O’Shea, en 2015?

Radicalmente. Y la cosa es que yo siempre participé desde pequeño en concursos infantiles o juveniles a nivel nacional y fueron buenas experiencias hasta que, a los 14 o 15 años, tuve una muy mala experiencia, que me hizo dar un viraje y no volver a hacer concursos hasta que tuve 22 años. Solo entonces me planteé presentarme a otro concurso pero de otro nivel, porque pensé que, después de renegar tanto de ellos, si volvía a presentarme tenía que ser a lo grande. Y tuve suerte y gané, así que fue una de las mejores decisiones de mi vida.

¿Cómo ha afectado la crisis sanitaria de la Covid-19 a su agenda de conciertos?

Bueno, a nivel personal yo no me puedo quejar y sería inmoral que lo hiciera, porque estoy teniendo conciertos. Pero, claro, eso no quita que tengo muchísimos amigos, familiares, conocidos y compatriotas, al fin y al cabo, que lo están pasando realmente mal. Yo estoy teniendo muchos conciertos ahora pero, por lo general, son sustituciones de última hora o proyectos nuevos que acaban de surgir. En cambio, a partir de noviembre o diciembre tengo muy, muy poquitas cosas, como tanta gente. En este sentido, estoy aprovechando el momento si salen conciertos, porque la situación ahora mismo es de una incertidumbre absoluta, por no decir que es realmente trágica para todo el sector del espectáculo, que no son solo los artistas que estamos encima del escenario, sino técnicos de luces y sonido, personal de sala, marketing, venta de entradas... Es que nosotros generamos mucho trabajo, y eso a veces se olvida. Yo no sé si la gente piensa que cuando se cancela un concierto es un mal menor que afecta al músico que deja de cobrar y poco más. Es totalmente falso: cuando se cancela un concierto hay muchísima gente entre bambalinas que deja de cobrar.

“El oficio de uno, sobre todo si es artístico, debe tener un encaje orgánico en tu vida y ser parte fundamental”

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¿Coincide en que no ha calado aún el mensaje de que la “cultura es segura”, como han demostrado tantos eventos y actividades, y como manifestó el sector en las concentraciones de Alerta Roja el pasado 17 de septiembre?

Sin duda, por eso creo que cancelar conciertos a la ligera, cuando además está más que demostrado en los últimos meses que una sala de conciertos o un museo son espacios muy seguros donde no ha habido prácticamente ningún contagio, es una irresponsabilidad o, directamente, una imbecilidad. Y disculpe la expresión, pero es que es flagrante la injusticia porque, además, es una prueba más de lo que importan la hostelería y el turismo, y de lo poco que importa el sector cultural. Y aquí también he de decir, para no flagelarnos demasiado los españoles, que esto está pasando en todos los países, porque yo tengo amistades en Alemania, Francia, Reino Unido, Israel o EE.UU., donde se está haciendo lo mismo. Ante la duda, un gobernante no quiere tener entre sus manos un rebrote y cierra un auditorio; pero claro, tampoco quiere tener números rojos, así que mantiene abiertos los bares y restaurantes. Y ojo, que ahí también hay muchos puestos de trabajo, pero esos bares y restaurantes estarán llenos, mientras que yo estos dos días voy a tocar en una sala con un aforo reducidísimo. Eso duele. Y ofende muchísimo, porque es un insulto a la inteligencia, ya que los datos demuestran empíricamente que no está habiendo rebrotes por culpa de los espectáculos.

Por último, con una carrera incipiente tan consolidada a escala internacional, ¿cómo define hoy su relación con la música?

Pues yo creo que el oficio de uno, sobre todo, si es artístico, debe tener un encaje muy orgánico en tu vida y ser una parte fundamental, en sentido positivo. Cuando mi profesión empezó a vivir esa explosión y a acelerarse a esos niveles, uno tiene que tener cuidado de no quemarse, de no hartarse de su profesión y no verla como una esclavitud. En ese sentido, tienes que empezar a replantearte un poco por qué te dedicas a lo que te dedicas, y ahí comprendí que no solo soy un solista de música clásica, sino alguien que busca transmitirle al público su propia voz o sus propias ideas. Entonces, digamos que pasas a sentir que tienes una función en la sociedad que conecta con la gente, porque lo primero sería ser simplemente un mercenario que va a los sitios a tocar por dinero -que también, porque es una profesión, lógicamente-, pero tienes que encontrarle a tu profesión un sentido más allá de eso. Si no, es demasiado sacrificio para lo que te daría a cambio, que sería solo dinero.

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