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Cine

Manual de instrucciones

Ibértigo se inagura con ‘El trabajo o a quién le pertenece el mundo’, proyección que da paso a un coloquio con su directora Elisa Cepedal

Manual de instrucciones

Manual de instrucciones

De los graves efectos sociales, económicos, familiares y psicológicos que ha sufrido -y sufre- el mundo desde la aparición del sibilino y devastador coronavirus tampoco se ha podido librar el mundillo de la cultura, circunstancia que ha puesto nuevamente de relieve, entre otras cosas, la escasa fortaleza de sus estructuras; los gestos secos, rutinarios y titubeantes de una clase política embroncada hasta el hastío y que se mantiene en el sempiterno menosprecio hacia un mundo que no sólo no entiende sino que, lo que es más grave, tampoco muestran el menor interés por entender. En este escenario se sitúan hoy millares de profesionales de las más diversas disciplinas que ven con gran preocupación cómo se frenan proyectos, se suspenden rodajes, se aplazan estrenos o se cancelan festivales mientras perdure la guerra sin cuartel contra el siniestro bicho.

Los plazos se prolongan y la cultura, en muy poco tiempo, ha pasado a convertirse en una responsabilidad política de segundo orden. Si el albur en el que ha desembocado hoy el sector tras la aparición de la pandemia no altera su curso el cine, y la cultura en su conjunto, tendrán que pensar seriamente en alterar mucho de sus viejos paradigmas y en no resignarse a seguir miméticamente los dictados del mercado. No es ningún presentimiento sino la consecuencia lógica ante un problema que exige no solo de soluciones rápidas sino de profundas reflexiones de la propia comunidad cinéfila acerca del papel que va a desempeñar el séptimo arte en este mundo nuevo y desconcertante, que también empieza ya a imponer sus propias reglas.

En lo que llevamos de año, ya se han suspendido centenares de citas culturales, algunas, como el Festival de Cannes, provistas de un poderoso sostén internacional, han terminado sucumbiendo al poder invasor del monstruo microscópico que hoy planea sobre casi toda la humanidad. ¿Cómo no iban a acusar semejante embestida certámenes de mucho menor calado? Pues bien, curiosamente, son estos últimos los que, paradójicamente, han encontrado el oxígeno necesario para evitar la suspensión, atendiendo, ante todo, a las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Con menos espectadores, con más distancias, con menos invitados, con menos películas, con menos presupuesto, pero con el mismo anhelo por mostrar los rincones más activos e innovadores del cine contemporáneo, certámenes como Ibértigo, nacido hace casi cuatro lustros con la idea de hurgar a fondo en el ámbito del cine latinoamericano contemporáneo, han podido esquivar, no sin dificultades, los férreos obstáculos impuestos por la autoridades sanitarias ante el crecimiento exponencial de la pandemia.

El veterano colectivo cinematográfico propone, por tanto, un nuevo encuentro con el cine iberoamericano en su 18ª edición con el estreno el próximo lunes del documental El trabajo o a quién le pertenece el mundo (or To Whom Does The World Belong, 2019), de Elisa Cepedal, Gran Premio del Jurado en el pasado festival de Gijón, que servirá de preludio a los diecisiete filmes de nueve países que se exhibirán en la Casa de Colón entre el 15 y el 23 de octubre, a las siete de la tarde. Como ya es habitual en esta muestra, diez días antes de su puesta de largo, se programa un filme que de alguna manera anticipa la línea estratégica que seguirá el resto de la programación.

En esta ocasión la organización se ha fijado en la opera prima de la joven cineasta asturiana por reunir, aseguran, ”muchos de los valores sobre los que descansa la identidad de esta muestra”. Un cine de vuelo libre, original, discursivo y riguroso, que pone nuevamente en valor la vigencia del documental como un género capaz de interpretar el mundo lejos de los estereotipos narrativos que maneja la gran industria en su infatigable afán por conservar intacta su hegemonía en el sector. Cepedal, autora de algunos de los cortometrajes españoles más difundidos de los últimos años, se asoma en su primera experiencia en el largometraje al complejo mundo de la reconversión industrial durante los conflictivos años ochenta y noventa, motivo por el cual se desataron las hostilidades laborales entre los trabajadores de la Cuenca minera de Asturias y sus inflexibles patronos.

A través de un lenguaje propio, inspirado en el viejo cine militante latinoamericano de comienzos de los setenta y acudiendo con frecuencia al metraje encontrado, filtrando secuencias de filmes ajenos pero de tanta significación política como la sorprendente Kuhle Vampe ( Khule Wampe oder Wem gehort die Welt?, 1932), del tardoexpresionista alemán Slatan Dudow y con guion de Bertolt Brecht, la directora nos narra, con un cierto sosiego poético, pero con una contundente objetividad, los dolorosos procesos de adaptación de la clase trabajadora asturiana en unos años de radicales transformaciones socioeconómicas en todo el país y de brutales contradicciones entre los sectores menos ortodoxos de la izquierda revolucionaria.

El documental, que ya le augura a su joven directora una larga y prometedora trayectoria en este género, juega también con una baza importante: una voz en off que va resumiendo el curso y la temperatura de los acontecimientos al tiempo que contemplamos, a través de abundantes imágenes de archivo, los broncos debates que generó aquel conflicto entre las diversas corrientes que integraban la lucha sindicalista en España.

De clara significación marxista, El trabajo o a quién le pertenece el mundo, además de un indisimulado manual de instrucciones para combatir los excesos del capitalismo, constituye, por encima de todo, un documento histórico de primera magnitud, de escritura libre, que nos dibuja, con toda suerte de detalles, los escenarios políticos de una España socialmente explosiva en la que la democracia intentaba abrirse camino entre una miríada de obstáculos perfectamente retratados por Cepedal en su más que plausible debut en el mundo del largometraje. La propia cineasta, invitada por la organización, presentará su película a las 19 horas del lunes, en la Casa de Colón, y mantendrá, a continuación, un coloquio abierto con el público.

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