Suscríbete BLACK WEEK

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Teatro

Rubén Darío: “Galdós es un icono que he bajado a tierra y ahora lo siento más cerca”

El actor Rubén Darío

El actor Rubén Darío

El actor grancanario Rubén Darío Rodríguez (Telde, 1982) interpreta a un anciano Benito Pérez Galdós en el espectáculo ‘El último viaje de Galdós, tercer envite del proyecto ‘Laboratorio Galdós’, en una producción de Unahoramenos y el teatro que lleva el nombre del escritor. Con textos de los dramaturgos Laila Ripoll y Mariano Llorente, y dirección de Mario Vega, el coliseo capitalino estrena el montaje este jueves 8, con otras dos funciones los días 9 y 10.

¿Cómo ha sido la gestación y puesta en escena de El último vieja de Galdós en tiempos de pandemia?

Ha sido un proceso intenso y bonito de descubrir unos personajes maravillosos que rodean la vida de Galdós. Los ensayos llevaron mucho trabajo por la necesidad de encontrar y profundizar en esos personajes, pero también fueron muy divertidos, y en verdad todo fue muy fácil. Ante el Covid-19, nos hicimos las pruebas pertinentes antes de comenzar los ensayos, y así poder trabajar seguros en escena. Y todo lo que tiene que ver con los protocolos de prevención del virus hace que tengas una actitud diferente a la hora de trabajar, sobre todo porque estás preocupado por otras cosas, pero nos adaptamos.

Le toca defender al anciano Galdós en un reparto de siete actrices y actores, como son: Lili Quintana, Ruth Sánchez, Marta Viera, Maday Méndez, Alicia Ramos y José Luis Massó. Con anterioridad, usted había frecuentado al escritor en el montaje Ana, también a nosotros nos llevará el olvido (2018), primera pieza de este Laboratorio. ¿Cómo se acercó al personaje?

Esta obra ha supuesto descubrir a Galdós desde el punto de vista de este espectáculo. Estuve en Ana, pero no tiene nada que ver, ya que esta obra era una dramaturgia maravillosa de dos textos que hizo Irma Correa, que eran Tristana y Casa de Muñecas, y era un proyecto de personajes que nacen para la obra. En este caso estamos ante personajes reales, y en mi caso era trabajar parte de la vida de Galdós, sus últimos momentos de manera muy onírica, y en otra dimensión, su parte humana, sus deseos, y me ha servido para descubrir ese mundo que tenía Galdós. Uno tiene endiosado a mucha gente, a grandes escritores, actores y actrices, pero cuando trabajas sobre su vida, ves la parte humana y te das cuenta que podría ser cualquiera de nosotros, con sus defectos y virtudes, miedos y emociones, y es ahí donde vi un Galdós muy humano y natural. Y luego hay que buscar esa complejidad, porque entre otras cosas, yo tengo 38 años y estoy representando a un señor de 76 años justo en el momento de su muerte. También ha sido un trabajo de búsqueda, físico, corporal, de voz, muchas cositas.

“Acercarte a una figura como Galdós ha sido un reto, de búsqueda de su parte humana y del mundo que tenía”

Rubén Darío - Actor

decoration

¿En lo profesional, qué le aporta el personaje y la figura de Benito Pérez Galdós?

Además de trabajar con este elenco maravilloso, es una suerte compartir escenario porque nos apoyamos muchísimo, en lo personal me aporta descubrir un personaje que ahora lo siento mucho más cerca, ese icono lo he bajado a tierra. Ha sido un reto a nivel físico, y el hecho de acercarte a una figura universal, con la premisa de que quienes lo conocen no rechacen el personaje, y provocar la curiosidad entre quienes no lo conocen. Todo con mucha humildad para situarte en un tiempo de mucha libertad a través de un hombre muy callado, comedido y al que no gustaba llamar la atención.

La correspondencia del escritor, y así lo han expresado los dramaturgos Laila Ripoll y Mariano Llorente, ha sido determinante para dibujar el personaje y las situaciones.

Además de leer las biografías cuando me propusieron el personaje, y tras ver el texto de la obra, que está muy bien escrito, la correspondencia ayudó muchísimo. Las cartas con Emilia Pardo Bazán, su vida social y política que estaba en las crónicas de gente que lo rodeaba y arropaba, también construye una imagen de lo que pudiéramos pensar de él.

El montaje se desarrolla en cinco espacios del Teatro Pérez Galdós, una “experiencia inmersiva” para el público, según la productora, entre el salón Saint-Saëns, el gallinero, la sala de ensayo, la chácena – espacio rectangular situado detrás del escenario-, y el foso, para terminar en el patio de butacas.

Es un planteamiento muy acertado y no solo por ser el último espectáculo de este Laboratorio y poner este momento en la vida de Galdós, sino también para celebrar el teatro a nivel físico. El público tiene la posibilidad de recorrer distintos espacios del Teatro, con diferentes escenas y personajes que van contando su historia. Y es algo curioso porque en las sesiones de Ensayo y error que hemos tenido están viendo teatro en esos otros espacios y llegan al escenario para seguir con la obra. Son todos esos personajes los que van construyendo a Galdós en un imaginario que el público no ha descubierto. Las sesiones de Ensayo y error permiten que el público participe de la obra, que haga aportaciones y contribuye a su construcción, me parece un regalo.

“El planteamiento es acertado, no solo por este momento en su vida, sino por celebrar el teatro a nivel físico”

decoration

¿Esa tormenta de ideas del público, que se utilizó en Ana y en El crimen de la calle Fuencarral (2019), en qué se ha traducido en esta ocasión?

Mario Vega siempre cambia alguna cosa. Esta obra no tiene un gran aparataje escenográfico y todo recae en los actores, y algunas cosas que se han propuesto, se prueban, algunas se incorporan y otras no.

La obra se vertebra en dos dimensiones: una más realista, y otra en clave poética y onírica, que supongo que es la que sitúa al espectador frentre al escritor al final de su vida.

Se mezcla toda la verdad en Galdós, en lo social y en lo político, los encuentros que tuvo con muchos de los personajes que aparecen, por qué no le dieron el Nobel, pero evidentemente es una despedida muy humana de Galdós con todas las cosas que necesita para marcharse en paz. También ocurre que los personajes no son como en la vida real, sino como el escritor, a sus años, los recuerda e imagina.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats