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Historia de amor fantástica

David Lynch recibe el Gran Premio Honorífico del Festival de Sitges por toda su trayectoria

Fotograma de ‘El hombre elefante’, de David Lynch..

La relación de David Lynch con el festival de Sitges es más estrecha de lo que podría parecer a primera vista. En esta extraña edición del 2020 -Laura Dern decía en Terciopelo azul, hace tres décadas y media, que este mundo es muy extraño, y no tenía ni idea de lo que nos esperaba-, el cineasta, pintor, fotógrafo, músico, dibujante y creador televisivo recibirá el Gran Premi Honorífic por toda su trayectoria, muy ligada al cine fantástico, pero, sobre todo, relacionada con el género de manera muy particular.

Es un premio que honra al festival y honra a Lynch, a partes iguales. Un galardón merecido, no por un título en concreto, sino por la inmensidad de su obra, que reconoce ante todo el riesgo dentro de un género a veces tan codificado como es el fantástico y de terror. Pese a no relatar historias de vampiros, momias, asesinos en serie o muertos vivientes, pese a volar solo una vez por el imaginario de la ciencia ficción (Dune), Lynch ha sembrado de inquietud el género con películas independientes, minoritarias y malditas que se han convertido en piezas de culto.

El equipo comandado por Ángel Sala premia ahora, en el 2020, esa coherencia insobornable, y esa capacidad para crear imágenes de puro desasosiego, cuando el director de Carretera perdida sigue generando piezas turbadoras fuera del sistema, sea en Youtube o volviendo a los márgenes de Twin Peaks, una serie que no es cine ni es televisión; en todo caso, es una cosa distinta.

Es la coherencia que une el zumbido eléctrico que persigue a la pareja protagonista de Cabeza borradora, la angustia por ser diferente de El hombre elefante, el universo putrefacto de los Harkonnen en Dune, la maldad imperante en las pequeñas localidades de Terciopelo azul y Twin Peaks, el perverso cuento de hadas en que se convierte Corazón salvaje, el horror en estado puro de Fuego camina conmigo, las dobles personalidades de Carretera perdida, el misterio de la caja azul de Mulholland Drive y los laberintos impenetrables de Inland Empire. Incluso añadiríamos la peripecia real del viejecillo que recorre el país conduciendo una cortadora de césped en Una historia verdadera, un relato ajeno que lleva a su terreno con pasmosa facilidad.

Lynch fue una de las estrellas, junto a David Cronenberg y Anthony Perkins, de la edición del festival de 1986. Vino para presentar Terciopelo azul, su filme de cámara tras la odisea en la gran producción que significó Dune, y se fue con el premio a la mejor película bajo el brazo. Cuatro años después se proyectó en Sitges Corazón salvaje, con la que Lynch había ganado la Palma de Oro en Cannes. Lo hizo en lo que entonces se denominaba Sección Informativa, junto a títulos como La voz de la luna -Filmoteca de Catalunya exhibió hasta hace pocos días una exposición de dibujos que unía a Lynch con Fellini-, El exorcista III, Línea mortal y Robocop 2.

Años después, una sesión de medianoche en El Retiro albergó una proyección de Cabeza borradora. En el 2001 se presentó Mulholland Drive. El 2006 fue el año del primer gran homenaje al cineasta por parte del certamen. El cartel de aquella edición, que celebraba las dos décadas de existencia de Terciopelo azul, consistía en una oreja humana cortada -como la que encuentra Kyle MacLachlan en la película-y depositada en la playa de Sit ges, a la orilla del mar. También se publicó el libro Universo Lynch y se proyectaron varios filmes del autor, aunque no el que acababa de presentar en Venecia, Inland empire -a la postre su última obra estrenada en salas comerciales-, ya que la distribuidora europea quería reducir el metraje respecto a la versión presentada en el Lido veneciano y no permitió su pase por Sitge.

En el 2016 fue recuperada Dune, y se proyectó el documental de Peter Braatz Blue velvet revisited , un personal making of del rodaje del filme realizado en Super 8. Y en el RTe 2020, el festival no solo le entrega el premio honorífico, sino que clausura con la versión remasterizada en 4K de El hombre elefante. Sitges y Lynch, una muy buena relación.

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