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Voces formidables en la distancia social

Representación de 'La Traviata' de Verdi en el Auditorio Alfredo Kraus.

Representación de 'La Traviata' de Verdi en el Auditorio Alfredo Kraus.

Impecable esquema-Covid en el Auditorio Alfredo Kraus, donde Amigos Canarios de la Ópera prosiguen las funciones de su 53ª Temporada, diferidas por imperativo pandémico. Control sanitario a la entrada, ocupación restringida a medio aforo, planos antiaglomeración en accesos y salidas, amén de mascarilla obligatoria para público y orquesta en toda la representación sin intermedios. Un paisaje inhabitual pero elocuente en la voluntad de no sumarse a la cadena de suspensiones que ha reducido a casi nada la vida cultural del país.

Las tres voces protagonistas de esta Traviata verdiana compensan con creces las limitaciones de la producción. Sobre todo la escénica, limitada a un solo elemento sólido y videogramas en el foro de la gran vidriera; pero también la sonora por la exageración de los grandes volúmenes vocales y la necesidad de un sonido orquestal apianado para no apagarlos al carecer del binomio caja escénica/foso para el que estas óperas fueron creadas. Con tales elementos, el trabajo del escenógrafo Alfonso Romero puede calificarse de ágil y funcional, pero es de justicia recordar las grandes creaciones presentadas por Mario Pontiggia en este mismo espacio

Las admirables voces que triangulan el drama fueron ovacionadas en sus grandes momentos y, al final, el medio aforo sonó a teatro completo.

La joven soprano inglesa Jessica Pratt, figura internacional muy admirada en Las Palmas, compone el personaje de Violeta con una hermosa voz lírica que frasea larga y desahogadamente, apiana con exquisita sensibilidad y luce en las frases más brillantes extensión y poder sin límites. Es la suya una creación muy pensada en los cuatro registros expresivos del personaje: la alegre frivolidad de los salones parisinos, la intensidad de su amor por Alfredo, la triste grandeza de la renuncia y, finalmente, el paletismo de la muerte. Construyendo siempre con perfección este personaje inmortal, la delicadeza de los filados y la deslumbrante luz solar de los agudos fortíssimo polarizan las riquezas de una gran voz y excelente intérprete.

El tenor canario Celso Albelo, lírico-ligero en sus primeros años de escena internacional, proyecta ahora una juvenil y espléndida voz lírica, llena, luminosa, con excepcionales volúmenes de sonoridad y un poder inmenso en las grandes alturas, proyectadas con fiato interminable. Su fraseo, de vocalizaciones muy acentuadas y resoluciones de gran desahogo, sigue reocordando el de Alfredo Kraus, un canon cada vez más vigente en las huestes tenoriles.

Y el barítono francés Ludovic Tezier, en la dorada madurez vocal e interpretativa, hizo gala de estilo y diversidad de acento y color en las fases sucesivas de su personaje, altivo, tierno, profundamente humano. Gran recital de un cantante veterano y cultivado, con la voz intacta.

Todos los cantantes comprimarios dieron brillante rendimiento en sus breves presencias. La falta de programas impresos (otra precaución de la pandemia) me impide citarlos por su nombre, sin dejar de elogiar su profesionalidad.

La Orquesta Sinfónica de Las Palmas comprendió a la perfección el plano dinámico aconsejado por su posición en la platea (con las primeras filas desmontadas para darle espacio) consiguiendo con ello una sonoridad muy bien aquilatada por su director titular, el maestro canario Rafael Sánchez Araña, sensible, musical y compenetrado a fondo con las voces, todas ellas muy pendientes de su gesto.

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