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El nuevo documentalismo americano

Llega a España la mayor muestra de fotografías de Lee Friedlander, aún activo a sus 86 años

‘‘Havestraud’. Nueva York 1966, Lee Friedlander.

‘‘Havestraud’. Nueva York 1966, Lee Friedlander.

El 28 de febrero de 1967 el MoMA de Nueva York acogió una exposición titulada New Documents, organizada por John Szarkowski, que proponía la renovación de la fotografía documental reorientando la técnica y la estética hacia una visión más personal. Se trataba de potenciar la reflexión sobre las emociones subjetivas con imágenes de temas como el consumo y el urbanismo, centrados sobre todo en las grandes ciudades. Entre los fotógrafos de este Nuevo Documentalismo estaban Diane Arbus, Garry Winogrand, Tod Papageorge, Joel Meyerowitz y los británicos Roger Mayne y Tony Ray-Jones. Por encima de todos ellos brillaba la obra fotográfica de Lee Friedlander (Aberdeen, Washington, 1934), uno de los artistas fundamentales en la fotografía de los siglos XX y XXI, que ahora llega a Madrid en una gran exposición que permanecerá abierta en la Sala Mapfre hasta el próximo 10 de enero.

Friedlander recibió en su juventud clases del pintor y fotógrafo Alexander Kaminski, con el que mantuvo amistad durante toda su vida. En los inicios de su carrera en Nueva York publicó en revistas como Esquire, Holiday y Sports Illustrated. En 1964 el MoMA ya había acogido parte de su obra en la exposición colectiva The Photographer’s Eye.

La exposición es un recorrido por la práctica totalidad de la obra de Friedlander, que a sus 86 años aún continúa activo, ampliando su formidable aportación a la historia de la fotografía. El recorrido por esta instalación se ordena cronológicamente, iniciándose con sus grandes series de los años sesenta, cuando comenzó a hacer fotografías a los músicos de jazz por encargo de Atlantic Records, muchas de las cuales sirvieron de portadas para sus discos. Curiosamente estas son las únicas fotografías de Friedlander en color. Más adelante publicaría tres libros con esta temática: The Jazz People of New Orleans” (1992), American Musicians (1998) y Playing for the Benefit of the Band (2013). A esta época pertenecen también las fotos de The Little Screens la serie en la que reúne objetos dispares para generar un sentido de escepticismo e ironía en el espectador. De sus viajes por Europa en esos años se pueden ver aquí algunas fotografías tomadas en España durante una estancia en 1964.

En los setenta la obra de Friedlander registra una cierta evolución en relación con la ordenación de los espacios y con la nitidez de los objetos, como en las imágenes de la serie Albuquerque, Nuevo México. En The American Monument (1976), su libro más importante, fijó los fastos de la celebración del bicentenario de la fundación de los Estados Unidos en más de doscientas fotografías realizadas entre 1971 y 1975 a partir de monumentos más o menos desconocidos de distintas ciudades americanas. A estos años pertenecen también sus fotos de desnudos, en los que evita la idealización de la tradición pictórica. En sus originales autorretratos (Canyon de Chelly, Arizona, 1983 es uno creado con su propia sombra) huye tanto del narcisismo como del retrato sicológico, y en las fotografías familiares, como la de su esposa (María, Las Vegas, Nevada, 1970), muestra el cariño y el afecto por las personas retratadas. En los ochenta realizó Flowers & Trees y Cherry Blossom Time in Japan, en los que recoge imágenes de sus viajes a este país con los cerezos florecidos en primavera.

‘Maryland’, Baltimore 1968, Lee Friedlander.

En la década de los noventa se interesó por el paisaje de Norteamérica en formatos amplios que le permiten abarcar grandes espacios como los del desierto de Sonora. En esos años realiza encargos como Factory Valleys, sobre la industrialización del valle del río Ohio y Omaha, Nebraska, 1995, centrada en el mundo de los teleoperadores, ambos con los trabajadores como objeto central de sus fotografías.

Con el nuevo milenio Friedlander acerca más los contenidos de sus imágenes al espectador. Como hicieran Walker Evans y Robert Frank, recorre América durante dos años para tener una visión genérica del país. En America by car, que se editó como fotolibro en 2010, recoge los paisajes y las calles de ciudades de cincuenta estados de Norteamérica, incluyendo monumentos, iglesias, moteles, bares… enmarcados en los espejos, los parabrisas y las ventanillas de los coches de alquiler que utilizaba en sus desplazamientos. Maneqquin reúne una de las mejores selecciones de street fotographies, tomadas en Nueva York y Los Ángeles, con espectadores de escaparates, maniquíes de tiendas y máquinas expendedoras… emulando a Eugene Atget en una clara crítica al consumismo urbano y al caos de la sociedad americana.

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