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La Provincia - Diario de Las Palmas

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'Cano 33. Una historia de la casa de Galdós'

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Con una innata y rara habilidad, ya demostrada en uno de sus anteriores libros, Felo Monzón. Escritos de Arte, el crítico e historiador Franck González, de nuevo hace hablar a la historia a través de la documentación. En esta ocasión, el gran caudal dialógico está al servicio del galdosismo grancanario y de la historia fundacional de su Casa Museo, un proyecto que se inició tras la muerte del gran escritor y que culminaría con la inauguración de la actual Casa de Galdós en 1964.

Si empleo el adjetivo “dialógico” es porque los textos citados –artículos de prensa, inventarios, informes y cartas del Cabildo de Gran Canaria, misivas entre galdosianos y herederos de efectos personales de don Benito, pastorales episcopales- van trenzándose en un diálogo casi sonoro a lo largo de las casi cuatrocientas páginas del volumen. Y, la fluidez, condición fundamental de cualquier diálogo, es lo que logra Franck González al asumir el rol de autor- comentarista, enlazando el hilo narrativo de la historia documental con la construcción de su relato crítico.

Contiene este libro estudio sociológico y estudio literario, historia de la administración local, historia museística y crónica histórica formal. El autor empieza situándonos en la década de 1920 durante el primer auge fervoroso del galdosismo español. Trazará este fenómeno en todas sus vertientes (académicas, institucionales y populares) desde esta fecha inicial hasta la etapa madura y definida a finales de la década de 1950. A la vez, contará la historia familiar, legal, económica y política de la conversión de Cano 33 en la Casa Museo que actualmente conocemos. Intrahistoria que revela la paciente consulta de los Archivos del Cabildo y de las hemerotecas, bridando datos y detalles realmente sorprendentes.

Nos recordará, o nos contará, según el grado de conocimiento al respecto, cómo fue ese galdosismo fundacional que durante la década de 1930 surcó toda la sociedad grancanaria concitando el apoyo de ideologías opuestas, las de las élites culturales y las de las clases obreras, cada una aquilatando a su Galdós. Proyectará la figura del prócer que fue Matías Vega; su Plan Trienal asentó las bases contemporáneas de una estructura museística aún vigente y exitosa, que apoyó y dotó entre 1945 y 1960. Hará hincapié en otra historia cultural de la posguerra en Gran Canaria, una historia de inusual tolerancia y apertura que permitió a falangistas y represaliados unirse en la dinámica pro-galdosiana. Subrayo este punto ya que es una de las líneas investigadoras más clarividentes de Franck González.

Abrirnos los ojos a lo que realmente ocurrió en las lejanas Canarias (quizás por serlo) al contrario de lo sucedido en territorio peninsular. Tal sinergia en torno a la cultura y sus dinámicas intelectuales y sociales fue impensable en otras ciudades y regiones españolas, donde el peso del fratricidio civil no permitió que existieran estos “respiraderos” (sin olvidarnos, por supuesto, del marco dictatorial del Franquismo).

Estas etapas, con temas y subtemas constantes que se desgranan a lo largo de los 15 capítulos del libro, concluirán en los hechos y eventos de la década de 1960 cuando la Casa Museo y el galdosismo emprenden su andadura reciente, con nombres e hitos que nos son más familiares. Conviene evocar el arranque de nuestro galdosismo, cuya energía e ilusión distan mucho del panorama actual. Conmueve la crónica que el autor hace de la visita de Galdós a su isla en 1894; sus paisanos se vuelcan, popular e institucionalmente, en el retorno del hijo preclaro. A raíz de esa visita, la colocación de la primera lápida en el frontis de su casa natal. En 1923 la instalación de su último dormitorio de la madrileña calle de Hilarión Eslava y la primera exposición de objetos galdosianos que organizó Hermenegildo Hurtado de Mendoza (los Hurtado desempeñaran un papel clave en la creación de la casa museo al acceder a una permuta que posibilitará su compra por parte del Cabildo); en 1925 la apertura de la librería La Tierra de Galdós, que dirigirá José Hurtado de Mendoza hasta 1931. Ese mismo año, la primera semana galdosiana, con la presencia de la hija del escritor, María Pérez Galdós Cobián y su marido Juan Verde; dos familias clave para el futuro del galdosismo y la viabilidad del proyecto museístico. De esta semana llena de eventos destacamos el siguiente acto teatral:

Tercera parte:

“Presentación de los principales personajes de algunas obras de Galdós. En esta parte desfilarán por el escenario los principales personajes de algunas de las obras de Galdós, y durante el desfile la orquesta de la Sociedad Filarmónica tocará el andante del quinteto óp.4 para instrumentos de cuerda de Beethoven”

El periódico La Voz Obrera, realizando un tremendo esfuerzo, le dedica un monográfico de setenta y dos páginas ilustrado con fotografías, nutrido por escritores, críticos y amigos. Las voces se elevan ya a favor de una “Cátedra de Galdós”, cuyo fin y forma todavía no están bien definidos. En un emotivo artículo Ramírez Suárez aboga por un perfil de beca y ayuda a los niños pobres. Galdós está también presente en la mente colectiva como republicano y reformista liberal, y no solo como escritor. El patriotismo de Galdós es un punto de convergencia para todos sus entusiastas, sea cuál sea su cariz político, pues el Galdós de los Episodios Nacionales es el creador de una visión evolutiva-positiva de la historia española en bloque (algo que apenas valoramos en la España de las Comunidades y Autonomías). El sentido de la identidad nacional y su consiguiente orgullo se han diluido fatalmente.

Le sigue a esta parte de los orígenes, con su impactante inspiración, la lucha administrativa y política que liderará Matías Vega como Presidente del Cabildo y las personas que trabajarán para que la casa museo y el galdosismo sean realidades palpables y sólidas: Néstor Álamo, Miguel Santiago, Santiago Santana, la familia Hurtado de Mendoza, María Pérez Galdós. Matías Vega sabe que su iniciativa trasciende las fronteras nacionales y buscará el apoyo de especialistas, como el de Shoemaker en Estados Unidos de América. La historia de la compraventa, desalojo bonificado de inquilinos, reforma interior, instalación del abasto y suministro eléctrico forman otro libro dentro del libro. Contra la apertura de la Casa Museo se alzó la contundente voz y la hábil oposición del Obispo de Canarias, Antonio Pildáin, que jamás cejaría en este empeño. Galdós era un enemigo del clero y de la iglesia católica, además de un mal grancanario que no le dedicó una sola novela a su tierra natal. La pastoral que a tal efecto redactó merece una atenta lectura. Pero, aún más tenaz fue la voluntad del Régimen de seguir adelante con el proyecto hasta su culminación por parte del Cabildo de Gran Canaria, que presidía Fedérico Díaz-Bertrana.

Entramos en la etapa final de esta exhaustiva historia documental, la que abarca la década de los 60 y de los 70. La época en que Alfonso Armas Ayala diseña el futuro de la Casa Museo que todavía vivimos, así como los ejes internacionales de los estudios galdosianos, el Primer Ciclo Galdosiano de 1964, germen de los Congresos Galdosianos, la Cátedra Galdós y la apertura regular al público y a los especialistas (estos tuvieron acceso desde los principios) a las colecciones y biblioteca del museo. Es la época que conducirá a la dirección de Rosa María Quintana como sucesora de Alfonso Armas y la Cátedra que ostenta Yolanda Arencibia. Aparecerán investigadores como Joseph Schraibman de Princeton (visita Las Palmas de Gran Canaria en 1960, 1962 y 1963).

Tras la labor de Shoemaker y el histórico Chomon Berkowitz, impulsarán los estudios galdosianos en el universo anglo-sajón (recuerdo a Agnes Moncy, estudiosa y traductor de Fortunta y Jacinta al inglés hablando de ellos en una conferencia). Muchos otros temas emergen en esta caudalosa historia de Cano 33, entre ellos los de la monumental escultura de Victorio Macho que merece otro estudio aparte. No dudo que este generoso ensayo de Franck González se convertirá en libro de referencia para todos los galdasianos y los amantes de su legado.

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