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Entrevista

Yeray Barroso: “Hay mucha gente escribiendo diferente, arriesgando”

“El primer paso para la literatura de las Islas debe ser abandonar la idea de ir hasta un lugar central”, asegura el poeta

“Hay mucha gente escribiendo diferente, arriesgando”

“Hay mucha gente escribiendo diferente, arriesgando”

Yeray Barroso (Tenerife, 1992) es una joven promesa de la poesía canaria. Está a punto de lanzar ‘Nunca seré mi madre y no pariré a mi hermana’. En este libro reúne el trabajo que ha realizado durante los últimos años y aborda su preocupación “por el cuerpo y la comprensión del mismo”. El ejemplar se suma a ‘Huida al centro del agua’ (2015) y ‘Ceremonia’ (2018), con el que el escritor obtuvo el premio Nuevas Escrituras Canarias. 

Lo primero es lo primero, háblenos de su próximo libro: el poemario ‘Nunca seré mi madre y no pariré a mi hermana’.

Nunca seré mi madre y no pariré a mi hermana reúne de algún modo el trabajo que he realizado en los últimos años, mi preocupación por el cuerpo y por la comprensión del mismo. El libro surgió de una pregunta, ¿es posible pensar en alguien sin tener presente su cuerpo? Todo el tiempo se pretende dar respuesta de algún modo a esta pregunta, a la vez que se materializa una conclusión. Es posible empatizar con los otros cuerpos, pero jamás se llega a vivir en el cuerpo de otros, por lo que la comprensión total se vuelve una imposibilidad. Por otro lado está el cuerpo de la turistificación. ¿Qué es el habitante local en un lugar turístico? Una postal, una fotografía, alguien que está de paso en su propio territorio, alguien exotizado por la propia realidad turística. ¿A nadie le extraña que uno de los animales simbólicos de Tenerife sea hoy un loro?

¿Cuándo y dónde podremos hacernos con el libro?

El libro estará disponible a mediados de febrero y se podrá adquirir en gran parte de las librerías de las Islas. Desde la propia web de Libero Editorial hasta cualquier librería, como la Librería de mujeres, Agapea, Lemus, Canaima o El Paso.

¿Cuáles considera que son las características que marcan hoy en día a la poesía?

La heterogeneidad. Eso es lo interesante de este momento. Mucha gente escribiendo diferente, arriesgando. Aunque normalmente fuera del foco, donde todo el rato se hace lo mismo.

¿Han superado los autores canarios los problemas de la periferia?

Habría que empezar a realizarnos algunas preguntas, como qué es realmente la periferia y con respecto a qué Canarias es una. ¿Madrid o Barcelona son el centro de dónde? ¿Es Madrid el centro real o es un centro que nos hemos marcado desde una mentalidad dependiente? El primer paso para la literatura que se hace en las Islas debe ser, entiendo, abandonar la idea de ir hasta un lugar central para luego regresar al lugar lateral. Si Canarias se piensa como periferia ya se está pensando como algo que está fuera, que tiene la posibilidad de existencia de forma lejana, que depende de una realidad que está por encima. Si vamos más allá y se piensa como ultraperiferia, se vuelve un lugar prácticamente inexistente.

¿Qué opina de la influencia de las redes sociales en la creación poética?

En mi caso la ventaja que ha tenido es la del acceso más rápido a otras literaturas, así como un mayor acercamiento a poéticas de actuales de escritoras y escritores de otros lugares como Ismael Ramos, Matilde Campilho, Marilia García, Ocean Vuong o Natalia Litvinova. En cuanto a la creación poética, no influyen demasiado las redes en mi obra.

¿Ha leído ya ‘Panza de Burro’, de Andrea Abreu? ¿Qué le parece?

Panza de burro es una obra interesante porque está escrita fuera de todo complejo, donde las protagonistas son dos niñas, donde se tratan temas conflictivos: la crueldad de la niñez, la suciedad de la niñez, la bulimia o la realidad de la población que trabaja para que los turistas disfruten. ¿Su éxito? Más allá de que es una gran novela, todo se debe a que al menos en este caso, los centros, que tienden a ser miopes, han fijado su mirada en la literatura que se hace en Canarias. O, al menos, en uno de los libros que se han hecho aquí. Andrea es una escritora que pertenece a una generación de autoras y autores (si es que el término generación fuera pertinente) que lleva trabajando y publicando varios años. Incluso la propia Andrea ya había publicado varios libros de interés antes de su primera novela. Esta generación está repleta de individualidades que miran a lo local sin ningún tipo de complejos ni folclorismo, que no es nueva porque ya lo han hecho autores como Víctor Ramírez o Ángel Sánchez. Esto, por supuesto, no pretende ser definitorio de un movimiento ni mucho menos.

¿Cómo ha marcado su trayectoria sus investigaciones sobre Josefina Zamora?

Como investigador sentir la sorpresa de encontrarse con un autor o una autora que consideras que tiene valor y no se ha valorado hasta ahora es un regalo inmenso. Me tomo a Josefina Zamora como tal. Haber trabajado con tantos inéditos, haber escrito sobre ella, tener la posibilidad de reeditar su obra. No puedo pedir nada más. La misma sorpresa que sentí con Félix Francisco Casanova cuando estudiaba el grado de Hispánicas en la facultad, con la diferencia de que él ya era reconocido (aunque con ciertas lecturas a mi juicio demasiado sensacionalistas) y Josefina Zamora se encontraba en el limbo. Creo que las posibles lecturas que se puedan hacer de su obra siempre serán pocas, porque como narradora especializada en el relato breve es un caso único en la literatura insular.

¿Qué lecturas recomendaría?

Este año hay varios libros que han estado conmigo todo el tiempo, como La belleza del marido, de Anne Carson; En la tierra somos fugazmente grandiosos, de Ocean Vuong o Las malas, de Camila Sosa Villada. También Pueblo yo, de Aida González Rossi, y Panza de burro, de Andrea Abreu.

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