El Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) acoge mañana el estreno absoluto del cortometraje ‘Lapas y viejas’, que refleja el universo creativo común de las artistas Celeste González (Las Palmas de Gran Canaria, 1962) y Daniasa Curbelo (Tenerife, 1995), bajo la dirección del cineasta tinerfeño Miguel G. Morales. La pieza audiovisual retrata el espacio de encuentro entre las dos creadoras, donde confluyen lo íntimo, lo identitario y lo performativo.

La idea de que la identidad también se construye en el reflejo del otro, como un baile de espejos donde confluyen las afinidades, disidencias y transformaciones, vertebra el universo común de las artistas canarias multidisciplinares Celeste González y Daniasa Curbelo. Desde que sus caminos se cruzaran en 2018, ambas han erigido un espacio compartido de revelaciones, diálogos y acciones performativas a partir de sus propias vivencias desde las realidades del arte, la insularidad y las identidades trans, y que cristaliza en el cortometraje Lapas y viejas, realizado por el cineasta tinerfeño Miguel G. Morales con el apoyo del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), que acoge mañana su puesta de largo con todas las entradas agotadas.

Esta pieza audiovisual acontece en el encuentro entre dos miradas que, desde dos generaciones, islas y disciplinas artísticas distintas, entretejen un diálogo interpersonal y creativo que, en palabras de Curbelo, “incorpora lo íntimo y lo afectivo en los procesos de creación y de producción”. “Nuestro trabajo está muy vinculado con la comunicación diaria y, sobre todo, con la necesidad de hablar y de construir espacios de intimidad con iguales”, apunta la artista. “Además, nos hemos dado cuenta de que este es un territorio realmente fértil, porque nos permite concebir el proceso creativo como algo que surge a partir de las afinidades y de los cuidados”.

Desde sus respectivas trayectorias artísticas, ligadas a la danza, la performance y las artes en vivo, en el caso de González; y al mundo audiovisual, editorial y activista, por parte de Curbelo, ambas han materializado este imaginario conjunto en distintos proyectos y formatos artísticos, desde una residencia de creación en La Poderosa - Espacio para la danza y sus contaminantes en Barcelona, hasta su performance en la playa de Las Canteras, donde recrean a dos sirenas varadas para desmontar los arquetipos de lo femenino, así como el fanzine Poderosas.

Y es que ambas mantienen una correspondencia virtual casi diaria, que intercala su esfera cotidiana, desde intercambios de recetas de cocina a consejos para hacerse las uñas, con reflexiones metafísicas sobre los estereotipos que encorsetan la mirada, y cuya diversidad de mensajes “ha creado un mapa o constelación de imágenes, recursos, experiencias, símbolos y arquetipos que están presentes en Lapas y viejas”, señala Curbelo.

“Nosotras hablamos mucho”, ríe la artista, “pero este vídeo representa para mí ese encuentro con alguien a quien reconoces como igual: esa posibilidad de poder mostrar tu fragilidad y de recibir ese apoyo y esa escucha atenta, empática y horizontal desde un lugar similar al tuyo, que no es de privilegio, y cuya realidad está atravesada por muchas cuestiones que me atraviesan a mí”.

Curbelo avanza que el vídeo trata sobre “construir espacios de intimidad con iguales”

El cortometraje se filmó sin apenas guion ni escaleta y su estructura narrativa se escinde en dos partes diferenciadas: un diálogo entre ambas en una azotea y una coreografía poético-onírica bajo el agua. “Lapas y viejas es una continuidad de ese proceso de encuentros entre ambas, de compartir y de hablar mucho”, afirma Celeste González. “Creo que una característica fundamental de nuestro trabajo es que siempre hablamos desde lo próximo y lo doméstico, en el sentido de que no formulamos un discurso activista reivindicativo como tal aunque, de algún modo, lo sea, sino que es un proceso muy intuitivo y natural a la hora de hablar, con mucho humor, que creo que es otra forma de acercarnos a distintas cuestiones que nos atañen a las dos, y a la sociedad, en general”. Aun así, González señala que “quizás esa idea de la cercanía y del cuidado se refleje incluso mejor en las imágenes que en la palabra misma”.

Con todo, ambas celebran el proceso creativo junto con la otra mirada, la de Miguel G. Morales, quien, según Curbelo, “ha sabido aportar su mirada sin imponerla, ha sabido escuchar y acompañar, y, a su vez, ha puesto todos sus conocimientos, recursos y maneras tan exquisitas de trabajar”.

Lapas y viejas, que debe su título a que “las dos especies forman parte de la fauna autóctona canaria y las dos son transexuales, porque transitan de hembras a machos y viceversa”, revela González, se estrena mañana con dos únicos pases para aforos limitados por la situación sanitaria, aunque ojalá su discurso cojunto vuele tan alto como ellas. No obstante, las dos coinciden también en que el recorrido de una obra de arte solo se completa con la mirada del otro, pues solo así es posible el diálogo, el encuentro necesario con otras realidades.

Relacionarse con otros cuerpos


La artista y activista Daniasa Curbelo destaca que Lapas y viejas, en este contexto marcado por la situación sanitaria de la pandemia y la crisis migratoria en Gran Canaria, “propone encontrarnos y vernos desde otros lugares que no estén condicionados ni por el prejuicio de la mirada ni por la violencia que tenemos tan normalizada hacia otros cuerpos”. “Tenemos que empezar a reconocer aquellos aspectos que nos unen y nos vinculan, lo cual es totalmente relacionable con la oleada de racismo en Gran Canaria, porque también tiene que ver con relacionarnos con otros cuerpos”, añade. A su juicio, en este marco de relaciones atravesado por el distanciamiento interpersonal, es momento de que “más allá del abrazo, reflexionemos sobre hasta qué punto teníamos y seguimos reproduciendo esas lógicas de violencia”. | N. N.