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La mirada neutral del ‘true crime’

Fotograma del documental con Pablo Ibar a la derecha

Fotograma del documental con Pablo Ibar a la derecha

Lo más destacable de este documental sobre el caso de Pablo Ibar, condenado a muerte en el año 2000 por un triple asesinato en una casa de Mirarmar, en el Estado de Florida, es su neutralidad. Como todo buen true crime, aunque algunos se saltan estas reglas, el trabajo de los guionistas, montadores y realizador de El Estado contra Pablo Ibar muestra sin juzgar. Acumula, en una buena labor de documentación, todas las pruebas y evidencias posibles, las que fueron tratadas durante dos juicios y algunas que serían desestimadas, para que sea el telespectador quien, después de seis episodios, pueda tomar partido, dudar de la veracidad de los hechos que lo condenaron o creer que, ciertamente, Pablo Ibar cometió aquellos tres crímenes a sangre fría.

Las imágenes servidas por cámaras situadas en un control de velocidad, un parking, un supermercado y en un helicóptero, se han convertido en utensilios imprescindibles para mostrar en toda su crudeza los hechos delictivos que han engordado la crónica criminal de la era moderna. En este caso, una cámara de vigilancia situada en el apartamento de un tal Casimir Sucharski, un tío no precisamente encantador, dejó registrado el atroz asesinato del propio Sucharski y dos mujeres perpetrado por un par de individuos con la cara tapada. El parecido de los dos con Ibar, hijo de vascos emigrados a los Estados Unidos, y Seth Peñalver –años después exculpado del caso–, los convirtió en los principales sospechosos. Aunque las pruebas no les incriminaban de forma absoluta, serían condenados a la pena máxima tras la celebración de dos juicios.

Dieciséis años en el corredor de la muerte, y un atisbo de esperanza: un tercer juicio, tan irregular como los otros, hizo que a Ibar se le conmutará la pena por la de cadena perpetua. Aquí es donde arranca precisamente la miniserie, en la reapertura del caso en 2016, y tiene como objetivo esclarecer algunos aspectos tanto como mostrar la labor de los abogados, personajes colaterales que acaban convirtiéndose en protagonistas de excepción.

‘En el corredor de la muerte’

Quizá porque ha sido un caso muy noticiable, quizá porque el año pasado se realizó una serie de ficción sobre Ibar dirigida por Carles Marques-Marcet y protagonizada por Miguel Ángel Silvestre (En el corredor de la muerte), el trabajo de Olmo Figueredo González-Quevedo –hasta ahora productor con abundante filmografía, incluidas La trinchera infinita y, precisamente, el trabajo de Marques-Marcet sobre el mismo asunto–, la opción inicial de El Estado contra Pablo Ibar es documentar extensamente aspectos que van más allá del juicio.

El primer episodio, por ejemplo, se extiende en la figura perversa y criminal del hombre asesinado, Sucharski, deteniéndose en su forma de vida, su casa, las relaciones con las mujeres y sus múltiples chanchullos: no es casual que hubiese una cámara oculta en su casa. Figueredo va lento, y con tiento, muestra la evolución de la historia desde todos los ángulos, de modo que tengamos la máxima información para nuestro propio juicio de valor. La neutralidad es básica en un true crime, a no ser que esté totalmente verificada y demostrada la culpabilidad del personaje o personajes retratados. El Estado contra Pablo Ibar se ciñe a ella sin dejar al azar ninguno de los detalles que pueden inclinar la balanza a un lado u otro de la verdad.

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