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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Canarismos

El respetito es muy bonito

El respetito es muy bonito

Se viene enseñando desde antiguo que el respeto es algo bueno. Así se insinúa con este dicho isleño que expresa: “El respetito es muy bonito”, y que actúa como correctivo a las malas maneras en el trato con los demás. Funciona a modo de máxima pedagógica que se usa para llamar la atención de que no debemos excedernos en confianzas y mucho menos tratar con desconsideración a nadie, sobre todo a las personas mayores. En definitiva, nos recuerda el deber de observar y respetar ciertas normas elementales de educación. Con ello se pone veto a quien no sabe comportarse y se muestra faltón, recurriendo a los malos modos o a la falta de tacto y mesura quedando como una persona malcriada o confianzuda. El “respeto” al que se apela con el diminutivo “respetito” trata de buscar la rima con “bonito” a la manera propia de los refranes, como recurso nemotécnico, en aras de facilitar la labor pedagógica que persigue. Y esta finalidad es –como hemos dicho– recordar las normas que exigen un correcto tratamiento, sobre todo de respeto a los mayores; al tiempo que llama la atención a quien, por exceso de confianza (“le dan la mano y se coge el codo”), olvida los buenos modales y normas de comportamiento social elemental.

El dicho que simplemente recuerda las bondades y aciertos del respeto a los demás se construye sobre dos vocablos, un sustantivo y un adjetivo: “respeto” y “bonito”. El primero tiene el valor de decoro, educación, buenos modales, compostura, caballerosidad, urbanidad y civismo; mientras que el segundo se refiere a que es bueno, correcto, admirable, digno, elegante… Esto es, que se aprecia y se agradece el mostrar respeto en el trato. El mensaje es simple, pero de una considerable carga persuasiva, pues basta decir que el respeto es algo bonito para que el oyente y destinatario se percate de que ha cometido un desliz o un exceso en su actitud, y que está recibiendo un reproche por su comportamiento o por lo que ha dicho y debería, por tanto, enmendar su conducta. Este es en definitiva el mensaje que subliminalmente traslada el dicho. En ocasiones se emplea como reprimenda en la forma: “Un respetito (que) es muy bonito”, con el que se sanciona una conducta inadecuada, como se observa cuando un joven trata de “tú” a un anciano a quien se debe respecto, aunque solo sea por su vejez, experiencia y la sabiduría que da la vida, que no es poco. A veces es intercambiable por expresiones que, con forma interrogativa, reprochan igualmente la misma actitud, así pueden escucharse preguntas retóricas como esta: “¿Aquí no se respetan las canas, amigo?”. En muchas culturas se venera a los ancianos por el mero hecho de serlo. Sin importar de quien se trate. Esta costumbre ha formado parte de nuestra cultura tradicional, pero está en franco retroceso en la sociedad isleña contemporánea. Esto es evidente en la ausencia del trato de cortesía, como lo es el uso del “usted” para dirigirse a cualquier persona mayor fuera del ámbito familiar, incluso a un coetáneo al que no conocemos. Y con ello se advierte una progresiva sustitución del “usted” por el tuteo que se implanta entre los más jóvenes como regla general de trato para dirigirse a cualquier otra persona a la que por edad, profesión, cargo, condición u oficio –conforme a la propia consuetud– debe ser tratada de “usted” o bien a través de una de las formas vocativas de tratamiento de respeto, tales como: “maestro”, “don” o “doña” o “seño” y “seña”. “Maestro” es un tratamiento de respeto que se antepone al nombre propio de la persona versada en un oficio o actividad artesanal, como la de albañil, carpintero, herrero, etcétera. Pero con carácter más general se extiende como tratamiento que se da a desconocidos y que implica cierta consideración. El “don” o “doña”: empleados como vocativo tan usual en algunas islas es también una peculiaridad propia del español de América; a diferencia del uso general en España, este no va acompañado del nombre propio de la persona a la que se refiere, normalmente porque se desconoce. El “seño” o “seña” es una forma de tratamiento que se antepone al nombre, empleada popularmente para referirse a personas mayores. [Hay que diferenciarlo del “seño” que como diminutivo de señorita usan los niños en la escuela para referirse a la maestra]. Otra forma de tratamiento que en señal de respeto se da a las personas mayores son los nombres en diminutivo, tales como: Panchito o Miguelito. Todas estas formas, cuando van acompañadas de un verbo, se conjugan en tercera persona del singular, lo que le da el valor de trato de cortesía: usted. “Porque un respetito es siempre muy bonito, oiga”.

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